El RCD Espanyol tiene un grave problema desde hace decenios. El estar continuamente fijándonos en el Barça, en disfrutar más de sus derrotas que en nuestras victorias y, sobre todo, el intentar salvar la temporada – cuando estamos en Primera – buscando ganar o empatarles en el derbi en el RCDE Stadium, es la máxima muestra de nuestra decadencia. Y esto no tiene nada que ver ni con nuestro presupuesto, ni con el número de socios.
El Villarreal ni nos triplica en presupuesto, ni en socios, y podemos comparar las trayectorias de ambos equipos en los últimos años, y podríamos concluir que ya nos gustaría haber conseguido sus resultados. Sobre todo, si consideramos los dos últimos descensos, producidos en una época de estabilidad económica, por lo que no tenemos la excusa de una deuda galopante.
Hace ya años que la gran mayoría de futbolistas que despuntan en nuestro club lo ven como un trampolín. Técnicos y jugadores ya no nos dejan para irse al Atlético, Valencia, Barça o Real Madrid. El abanico de destinos más deseables se ha ampliado. Incluso una entidad como el Betis, que no hace demasiado era un equipo ascensor, es una posibilidad más atractiva que el Espanyol. Los deportistas de calidad saben que aquí se respira conformismo y que, si tienen un mínimo de aspiraciones, han de irse.
Urge apostar por un modelo ambicioso. Ser el Pepito Grillo del fútbol catalán o el club que intenta llevarse bien con los poderes que demuestran que solo les interesa el Barça nos ha situado en la mediocridad más absoluta. Algún día deberemos de invertir nuestras fuerzas no en quejarnos de algún periodista hiperventilado de TV3 que nos ha vuelto a faltar al respeto, sino en tener un proyecto de club para tener más socios.
Y no hace falta ninguna solución mágica, solo tener valor y ganas, porque los aficionados pericos en potencia están ahí, solo hay que tener la voluntad de dirigirse a ellos y decirles lo que quieren escuchar y darles lo que quieren ver. Este año ya superamos los 35.000 socios, porque hay muchas ganas de Espanyol en la sociedad catalana.
Este año tiene buena pinta: la afición está ilusionada con Manolo González, un técnico sencillo que se ha forjado a sí mismo y que ha sabido mejorar a los jugadores. Y las incorporaciones y reincorporaciones transmiten buenas vibraciones. Ojala sea el inicio de una nueva etapa, y fructífera, para el Espanyol. Y que los jugadores vean en el Espanyol un punto de llegada, y no de partida hacia otros destinos.
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