Si más pronto cuestiono la línea política de apaciguamiento continuista de Feijóo en Cataluña, más pronto habré de rectificar. Un placer hacerlo. El pasado jueves publicaba en Libertad Digital: “Feijóo volverá a equivocarse con Cataluña”. Su fría acogida del libro guía “A calzón quitao” de su líder, Alejandro Fernández a pesar de la lucidez y sentido común que destila en su análisis político para reactivar al partido en Cataluña, nada hacía presagiar que, en su presencia ayer en Casteldefels, le fuera a dar un espaldarazo. Y Feijóo se lo dio, nada menos, que en los derechos lingüísticos.
Lo dijo claro y conciso: “No vamos a permitir que quienes prohíben la libertad lingüística en Cataluña pidan la libertad lingüística en Europa”, dijo rotundo Feijóo, arropado por Dolors Montserrat y su líder en Cataluña, Alejandro Fernández. Yo hubiera preferido que hubiera dicho: No vamos a permitir que quienes prohíben la libertad lingüística en Cataluña, vengan a darnos lecciones de derechos lingüísticos en Europa… pero tampoco me quiero poner estupendo.
Llovía sobre mojado. Días antes, el PSOE y los nacionalistas se lanzaron como buitres sobre el PP por el revés de la inclusión del catalán entre los idiomas oficiales de la Unión Europea. Acusaron a Feijóo y al PP de maniobrar con sus socios europeos para vetarlo en Europa. La canción de siempre, buscar chivos expiatorios entre sus adversarios electorales. Pero la verdad era bien distinta, Pedro Sánchez estaba ofreciendo a Puigdemont y al nacionalismo en general la ficción de hacer al catalán oficial en Europa cuando los propios estatus europeos lo impiden. Pero ya se sabe, hacerse las victimas con el idioma, es el cuento de la lechera que siempre da réditos electorales en Cataluña.
Pero esta vez, en lugar de refugiarse en el complejo, en la culpa, en el qué dirán, en la equidistancia, en el “bilingüismo cordial” como coartada, en el apaciguamiento como método, Feijóo se enfrentó al problema: “Quien no defiende la igualdad entre el catalán y el español en Cataluña no puede hacerlo en Europa”. Y dio en el clavo, ¿quién son estos catalibanes que pisotean los derechos civiles lingüísticos de los castellanohablantes en Cataluña para acusarnos a nosotros de permitir o no la inclusión del catalán entre los idiomas oficiales de la Unión Europea? ¿Qué lección moral pretende dar Pedro Sánchez y sus comisarios lingüísticos al PP, si su defensa del catalán en Europa sólo es un pago imposible para que Junts les siga manteniendo en el poder?
Ese paso al frente de Feijóo inauguró en el PP catalán una rebelión que ya hiciera con éxito C´s. Los castellanohablantes llevamos más de cuarenta años soportando la exclusión de nuestros derechos civiles por cuestiones lingüísticas sin rechistar. El nacional/catalanismo ya ha ordeñado esa vaca victimista de la persecución franquista del catalán demasiado. Este tocomocho sólo ha podido sostenerse tanto tiempo porque la población castellanohablante, mayoritariamente, era sociológicamente la más humilde laboralmente, y la menos escolarizada culturalmente. La alienación ha sido total, pero demográficamente somos mayoría. Aunque seamos los que menos votemos en las elecciones autonómicas y los partidos que nos deberían haber representado, PSC, y las izquierdas en general, nos hayan traicionado y utilizado.
Lo que ha hecho Feijóo es revolucionario. Aunque aún no se haya dado cuenta. ¿Con cuántos votos del total de la población catalana gobierna el nacionalismo en Cataluña? Los 23 años de gobierno de Jordi Pujol con mayorías absolutas oscilaron entre el 24% y el 29 % de todos los votantes. Eso fue posible porque la población castellanohablante se desentendía de unas elecciones en que no se sentían implicados. Porque los ignoraban en sus derechos. Sólo hay que lograr sacudir de ese letargo, de esa humillación, de esa alienación a una población que es mayoritariamente castellanohablante y emocionalmente española. Con un par. Sin complejos, con personalidad. Como ha hecho ayer Feijóo arropado por Alejandro Fernández.
“Ni Pedro Sánchez ni los políticos madrileños del Partido Socialista me van a dar lecciones de defensa del gallego, el catalán o el euskera”, retó Feijóo. “Primero, libertad lingüística en Cataluña y después ya hablaremos de cómo podemos defender los dos idiomas donde sea” “Mi primera obligación es garantizar la convivencia lingüística dentro de España”.
Esa es la actitud, en lugar de amilanarse, retar a los maltratadores lingüísticos a enfrentarse a sus miserables métodos de racismo cultural. Esa es la actitud, en eso consiste la batalla cultural, en ganar espacios mentales para la causa de la libertad en los graneros de votos castellanohablantes tantos años ninguneados y excluidos. El tiempo está maduro, sólo hay que dignificarlo, y a continuación envalentonarlo. Y acabarán saliendo a la superficie buena parte de ese 55% de la población catalana persistentemente castellanohablante y española.
Con esa población, para qué necesita el PP a los votantes de Junts que jamás le votarán ni respetarán. ¿Y para qué necesitan a la dirección de Junts, si solo servirá para tenerlos callados y sumisos?
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