El independentismo y las normas democráticas no acaban de compaginar excesivamente bien, tenemos un sinfín de ejemplos sobre ello, basta ver fijarse en el proceso independentista.
Pero este fin de semana tenemos un nuevo ejemplo en el que fijarnos y que deja bien a las claras lo que entienden los secesionistas por democracia. Resulta que el gobierno de Sant Carles de la Ràpita montó un referéndum para cambiar el nombre de la ciudad.
En esta ciudad tarraconense gobierna Esquerra con Josep Caparrós al frente de la alcaldía. Pues bien coincidiendo con el Día de la Hispanidad organizaron un referéndum para que los ciudadanos decidieran si se procedía al cambio de nombre de la ciudad, y dejarlo en La Ràpita.
Para que tuviera validez el consistorio marcó una participación mínima del 20%. Pues bien la inmensa mayoría de los ciudadanos de Sant Carles de la Rapita pasaron de acudir a votar. Tan sólo lo hicieron el 18,03%, por lo que la votación, según las normas establecidas por el Ayuntamiento, ya no es válida.
Pero para el alcalde separatista, eso no esta tan claro y una vez visto el soberano fracaso de su ridícula consulta afirmó que siete de cada diez votantes prefieren La Ràpita a Sant Carles de la Ràpita y que la participación de poco más de una sexta parte del electorado es suficiente.
Ahora será el pleno municipal quien aborde la cuestión y traslade el cambio de nombre a la Generalitat, que es quien tiene la última palabra para autorizar el cambio de nombre. Estos son los referéndums de Esquerra. ¿Qué los pierdo? Digo que haré lo que me dé la gana y punto. Su democracia a la vista de todo el mundo.
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