Entrevista a Javier Barraycoa: “Resulta increíble que la tesis de Junqueras, medio autoplagiada, recibiera el premio extraordinario”

‘Eso no estaba en mi libro de Historia de Cataluña’ (Almuzara, 2018) es la última obra de Xavier Barraycoa, un profesor universitario y estudioso que se dedica a analizar, y a poner en su sitio, muchas de las construcciones teóricas del nacionalismo catalán. Los interesados pueden adquirirlo aquí.

En su último libro, como en los anteriores, desmonta muchos de los mitos historiográficos difundidos por el nacionalismo catalán. ¿La pujanza actual de la que goza el secesionismo viene, en buena parte, de la aceptación por buena parte de la población de las fábulas que se han inventado?

El nacionalismo hace más de cien años creó un relato impregnado de romanticismo que conmovía espíritus. Con el tiempo los relatos se convirtieron en imaginarios, más tarde los imaginarios en estereotipos y estos en consignas. Hoy son simplemente son actitudes de revanchismo y resentimiento hacia no se sabe qué, que objetivan como “España”. Pero ello no tiene ningún contenido ni justificación histórica. Si preguntas a la gente en qué siglo vivió Wifredo el Bellos, el 99,9% de los catalanes no te sabrá responder.

¿Se ha dado desde las grandes instituciones académicas españolas la batalla para desmontar estos mitos creados por el nacionalismo?

Rotundamente no. Se podían haber puesto ingentes recursos académicos para desmontar la mitología nacionalista y su deficiente historiografía. Han tenido que ser asociaciones civiles como SOMATEMPS o sindicatos como AMES son los que han tenido que realizar estudios sobre el adoctrinamiento y manipulación histórica en las aulas. El Ministerio de Educación y Cultura se ha desgastado el cuello mirando hacia otro lado. ¿Dónde están la alta inspección del Estado, la Academia de Historia, las asociaciones académicas de historiadores?

En ‘Eso no estaba en mi libro de Historia de Cataluña’ queda claro que ni la sardana es lo que parece, ni el pan con tomate, ni siquiera el cocido catalán, la popular ‘escudella i carn d’olla’. ¿Ha habido algo en lo que los nacionalistas no hayan mentido?

“La peor mentira es la mentira más pequeña”, decía un anciano campesino asturiano. El relato nacionalista está plagado de pequeñas mentiras, matices retorcidos a propósito, anacronismos, juicios de valor subjetivos y realizados desde perspectivas ideológicas del presente. Las pequeñas mentiras permiten que luego se asiente la Gran Mentira: la preconizada por los voceros de los políticos separatistas a modo de consigna política y en nombre de una historia falsa. Pero me preocupan más los silencios.

La historiografía catalanista es una experta en “eliminar” personajes fundamentales en nuestra historia y ensalzar otros que no tuvieron más valor que su utilización como símbolo. A modo de ejemplo, en los libros escolares se ensalza la figura de Aribau, que realmente no aportó nada a la cultura catalana y ha desaparecido Balmes, uno de nuestros catalanes más universales.

¿Por qué los nacionalistas han conseguido dominar la historiografía catalana, cuando ésta también tiene una tradición consolidada de académicos que han combatido sus trolas?

Muy sencillo. Esencialmente hay dos razones. Los departamentos de historia donde el nacionalismo consiguió arraigar, se transformaron en feudos endogámicos donde se entraba por militancia y no por méritos. Resulta increíble que la tesis de Oriol Junqueras, medio autoplagiada, recibiera el premio extraordinario.

Por otro lado, los presupuestos de las Universidades pasan por la Generalitat y en se han primado recursos para investigaciones, proyectos, congresos y publicaciones que prioricen el relato nacionalista sobre la objetividad histórica. Quizá la culpa también resida en ciertos historiadores que por “corrección política”, preferían dejar pasar las boutades nacionalistas. Ahora el mal ya está hecho.

De las múltiples invenciones que describe en su libro, ¿cuál es la que ha encontrado más grave?

En sentido general, el intento nacionalista de hacernos creer que Cataluña y el resto de España eran realidades separadas. A lo largo del libro se describe como los catalanes están presentes en la historia de España colaborando desde la reconquista de Extremadura, aportando virreyes, soldados y misioneros a América o creando redes comerciales ya en época de Fernando III entre Sevilla y Barcelona. A nivel más concretos hay muchas, evidentemente. Pero en el orden más concreto es la descarada interpretación del siglo XVIII (el borbónico) como una decadencia y represión, cuando en realidad Cataluña nunca fue tan feliz, rica y borbónica. Por el contrario, para que cuadre la historia de la Renaixença, tienen que eliminar del siglo XIX el 90% de los hechos de relevancia.

¿Y la más divertida, dentro de lo divertido que se pueda encontrar dentro de la manipulación histórica?

Paseemos desde Atocha, Recoletos, la Castellana o el parque del Retiro y no dejaremos de ver esculturas  de catalanes. Una parte del patrimonio artístico madrileño es obra de escultores catalanes. Incluso uno de los “amorcillos” de la Cibeles, que ocupan la parte trasera del monumento en el que los merengues celebran sus trofeos, fue esculpido por un catalán. O en el Parque del retiro uno se encuentra esculturas sorprendentes dedicadas por ejemplo a Verdaguer o la del Conde de Barcelona Ramon Berenguer IV, o la plaza de la Sardana. El barcelonés Josep Grases, fue quien diseñó la monumental del Retiro que se halla en el famoso lago. Nadie sabe estas cosas y, aunque parezcan tonterías, demuestran que en el siglo XIX los catalanes trabajaban y se enriquecían en Madrid con toda tranquilidad.

Una constante en su libro es la defensa de una conciencia unitaria hispana desde la etapa romana hasta la actualidad. ¿Es esta visión la que han querido destruir los historiadores secesionistas?

Sí, esta es una de las claves. La conciencia hispánica tiene una presencia bimilenaria, aunque se concreta hace 1500 años en el III Concilio toledano. Historiadores nacionalistas como Soldevila llamaron a los tres siglos de monarquía visigoda un “ensayo”. Y eso que duró mucho el triple que el imperio Carolingio. También se niega que los musulmanes invadieran España, sino que fueron invitados a entrar por los nobles visigodos arrianos. La concusión que sacan es sorprendente: si no hubo conquista, es que tampoco hubo reconquista.

Con otras palabras, España con los musulmanes era un paraíso de tolerancia y los cristianos intolerantes la invadieron desde el norte. Es curiosos que historiadores nacionalistas quieran negar lo evidente. Los condados de la marca hispánica se sintieron durante siglos -y lo eran- descendientes de los visigodos. Tenían plena conciencia de reconquista y proyecto común con otros reinos, y señoríos de la península. También es cierto que entre ellos se peleaban y traicionaban y pactaban con taifas. Pero nunca se perdió en anhelo de recuperar la unidad perdida tras la invasión musulmana.

¿Qué siente al escuchar expresiones de la historiografía nacionalista como corona catalano-aragonesa?

Arcadas. Es como si a alguien se le ocurriera hablar del Reino Vasco-navarro. La realidad jurídica es que Navarra era un Reino reconocido en toda la Cristiandad, y lo que llamamos país vasco una parte (la alavesa y vizcaína) era castellana y otra (la guipuzcoana) era una frontera casi tribal del reino de Navarra que utilizaban para defenderse de los ataques castellanos. Tras la boda de Petronila de Aragón con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, el título principal fue siempre el de Rey de Aragón.

Aunque acabaran residiendo los reyes de Aragón en Barcelona, las coronaciones siempre se debían celebrar en Zaragoza. Nadie dudaba que la primacía de título residía en la corona. El término de “corona catalano-aragonesa” aparece por primera vez en 1872, en un libro con ese título, obra de Antonio de Bofarrull y Brocá. Era el archivero de la Corona de Aragón, manipuló todo lo que pudo y más pues le podía su catalanismo. Es un personaje que hay que echar de comer aparte.

Una de las grandes virtudes de su libro es la claridad expositiva. ¿Cree imprescindible acercar el desmontar los mitos nacionalistas al gran público?

Sí. La verdad sea dicha, aún quedan muy buenos historiadores. Pero están encerrados en sus atalayas académicas y de ahí pasamos a libros contra el nacionalismo desde una perspectiva panfletaria e incluso banal. Pero estoy convencido que faltaba este término medio: hacer historia seria y rigurosa, pero divulgativa, con ejemplos ilustrativos y que pueda llevar la verdadera historia de Cataluña a la gente de a pie.

¿Por qué el nacionalismo catalán se vuelca tanto en su construcción de mitos en la Edad Media?

La causa está clara. No podría explicarse la aparición del catalanismo y el nacionalismo como actitud e ideología política, sin las influencias del romanticismo en Cataluña. Ciertamente el romanticismo llegó a la literatura castellana, pero sin esas cargas simbólicas ni una burguesía capaz de ensimismarse buscando recrear una historia idílica medieval al estilo de las novelas de Walter Scott (Los caballeros de la mesa redonda) o las óperas de Wagner. El cóctel Romanticismo más burguesía potente, hizo que Cataluña fuera el terreno ideal para que germinara el nacionalismo. Sólo basta recorrer Barcelona para ver cómo a finales del XIX Barcelona se llenaba de un modernismo arquitectónico combinado con un neogótico.

Esta “reconstrucción” idealizada y falsa de la Edad Media permitió crear una mitificación de la historia de Catauña que rompía con sus verdaderos lazos medievales encarnados en el pensamiento de Eiximenis, o personajes como Sant Raimundo de Penyafort, la Orden de los Mercedarios, la reconquista contra el islam o las famosas crónica medievales escritas en catalán ya hablan de la Corona de Aragón como España.

Dígame un historiador catalán al que admire por su rigor y uno que destaque por su manipulación.

Joan-Lluís Marfany, actualmente decente universitario en Inglaterra. A pesar de su tendencia catalanista moderada, sus obras son una fuente inagotable de datos que contradicen las tesis nacionalistas. Igualmente ocurre con Ucelay-Da Cal, la bestia negra de los historiadores nacionalistas. Respecto a los más estrambóticos, muchos de ellos sin título académico de historia, tenemos a los Cucurull y otros miembros del Institut de Nova Història. Una pléyade que trasluce perfectamente el esperpento de la historiografía nacionalista. Uno que da pensar es Jaume Sobrequés. Ahora, a la vejez, ha descubierto que Cataluña estuvo oprimida por el franquismo, cuando su padre era uno de los historiadores mimados del régimen.

¿Dónde firmará usted por Sant Jordi?

En la librería Alibri (Balmes 26, tocando Gran Vía) de 16 a 17 h; en la FNAC de l’Illa (en Diagonal) de 19 a 20 h. Entremedio estaré en algunas carpas. De 14:30 a 15:30 en Diagonal 195, frente a la cafetería La Farga. Y en alguna carpa tabarnense aún por determinar.

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