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El Catalán Cultura

«Los maestros son los peones imprescindibles del proyecto nacionalista»

Entrevista de Antonio Robles a Iván Teruel, autor de '¿Somos el fracaso de Cataluña?'

Por Antonio Robles
jueves, 22 de abril de 2021
en Cultura
20 mins read
 

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Abordo con Iván Teruel “la voz de los desarraigados” recogidos en su último libro, ¿Somos el fracaso de Cataluña? recién publicado. Lo leí de un tirón en un mismo día. Hacía mucho tiempo que no me cruzaba con un texto tan fresco, desinhibido, honesto y lleno de vida. Rezuma credibilidad. Tanto lo que dice, cómo lo dice. El autor es el último eslabón de tres generaciones de una misma familia llegadas de Jaén a Gerona en plena posguerra.

Su historia, es la voluntad de recuperar la memoria y la dignidad de esa experiencia vivida, aislados de la sociedad de acogida, acomplejados ante el proceso de extranjerización a que fueron sutilmente sometidos, y el largo proceso de autoconciencia del autor, después de haber pasado por todos los procesos de humillación impuestos por el supremacismo catalanista.

El relato evidencia los recelos y los miedos, la precaución ante el acoso moral del nacionalismo, la necesidad de agradar para hacerse perdonar el origen… Precisamente, su vulnerabilidad y la manera sincera y abierta de contarla, gana al lector hasta hacerle sentir ternura por sus circunstancias. Es el libro de un náufrago forcejeando con su conciencia por salir a flote y respirar libre. Y lo mejor, sin ocultar sus debilidades, sino mostrándolas. La forma más pura y valiente de denunciar el fraude nacionalistas y su carga viral supremacista. De lectura obligada.

Iván Teruel nació en 1980 en Gerona, es escritor y profesor de Lengua y Literatura Española en enseñanza secundaria. Ha publicado El Perú escindido (2012) y El obscuro relieve del tiempo (2015).

PREGUNTA: El libro entero es el relato de una víctima del nacionalismo que ha necesitado de tres generaciones familiares para tomar conciencia de ello. Por fin has salido del armario. ¿Te sientes aliviado?

 IVÁN TERUEL: Yo no me considero víctima, sólo he tratado de constatar en el libro una realidad sociopolítica que  ha condicionado mi comportamiento. Los charnegos que no han abrazado la causa nacionalista, que no se han callado, o que no se han mimetizado en el paisaje, tienen muchas menos posibilidades de promoción social. Yo mismo paso por diferentes fases de catalanización. Mientras me muevo en la burbuja castellanohablante, hablo mi lengua materna con naturalidad, pero cuando voy al instituto, y sobre todo, cuando entro en el mundo de la enseñanza como docente, es cuando me encuentro con aquel mundo homogéneo, de absoluta unanimidad, y yo mismo acabo mimetizándome con el paisaje, empiezo a hablar catalán con cualquier catalanohablante, incluso con aquellos que sé que son castellanohablantes de origen con los que me niego a hablar en castellano para que no piensen mal de mi, incluso adopto algunos argumentos del relato nacionalista. De pronto me encuentro en un hábitat en el que no estaba acostumbrado a moverme; mi sustento depende de ese entorno, y me callo e intento pasar desapercibido. Eso fue unos cuantos años, no muchos, pero cuando llegó el procés y quedan al descubierto todas las costuras del discurso nacionalista me doy cuenta que el procés es la culminación de algo que ha arrancado mucho antes y de una realidad que yo me había empeñado en negar durante algún tiempo.

PREGUNTA: Facebook te ha permitido exteriorizar el infierno interior que has sufrido de forma anónima, y a la vez, te ha servido para conectar con cientos de almas que han sufrido o están sufriendo el mismo allanamiento de derechos. ¿Cómo es posible que haya sido la editorial la que te ha buscado para publicar tus reflexiones cuando en Cataluña es tan difícil publicar cualquier cosa que cuestione al nacionalismo?

IVÁN TERUEL: En Facebook logré expresar una ecuación del desahogo. Sin las redes sociales no me habría atrevido a publicar este libro. Me empecé a dar cuenta de que había otra Cataluña que se oponía al catalanismo a través de las redes sociales,  en mi entorno esa posición era inexistente. Entrar en contacto a través de Facebook con personas como Félix Ovejero y otros muchos fue como una especie de liberación y desde entonces tuve un feed-back que me permitió tener eco entre muchas personas de ese mundo desconocido por mi. Y fruto de esa interrelación, un editor que prefiere quedar en el anonimato, del entorno de Ovejero, Arcadi, Iñaki Ellacuría, contacta conmigo interesado en publicarlo cuando aún ni siquiera lo tenía terminado.

PREGUNTA: En un momento te dices: “Todas mis justificaciones no eran sino la asunción de que familias como la mía vivíamos en una tierra prestada de la que ellos, los nacionalistas, eran los arrendadores”. Te pasas todo el relato justificándote, ¿te has liberado al fin o aún tienes necesidad de justificarte ante tus compañeros, ante el entorno de tu trabajo, ante el acoso nacionalista?

IVÁN TERUEL: Yo soy muy consciente de nuestra tendencia al sesgo. Por eso me gusta sopesarlo mucho todo, porque veo en mi entorno gente que ha perdido por completo el trato honesto con la realidad. Ejemplos: llegan a sostener que los documentos legales en Cataluña se publican en castellano exclusivamente, o que el catalán está perseguido en Cataluña, o que en la época de Franco metían a la gente en la cárcel por hablar en catalán.  Cosas que me han dicho a mi mismo en mi trabajo. Yo no tengo duda alguna en estos momentos de que el nacionalismo es el mal, que su naturaleza es perniciosa. Porque sigue generando cierto estupor, que gente con la que convivo y me llevo bien y comparto afinidades más allá de la política, incluso cierta intimidad, tenga una idea de la ciudadanía que para mi es tóxica, porque se fundamenta en un privilegio de la diferencia. ¡Caramba! Nos estamos tratando como iguales pero en realidad tu abrazas una causa en la que yo quedo excluido de tu idea de ciudadanía, porque no abrazo ni tus principios ni tengo tu origen, con lo cual los criterios nacionalistas para delimitar el concepto de nación, a mi me excluyen, de todas, todas, porque ni tengo historia compartida, ni lengua materna, ni la condición ontológica que imponía Jordi Pujol: «és català qui viu i treballa a Catalunya, i en vol ser-ho«.

PREGUNTA: Cambiaste tu lengua materna y asumiste parte del argumentario nacionalista para mimetizarte en el paisaje. ¿Aún tienes necesidad de hacerlo?

IVÁN TERUEL: He seguido un proceso gradual. Yo sigo hablando en catalán con mis  compañeros, pero lo que sí he cambiado es que ahora hablo en castellano con aquellos compañeros que antes hablaba catalán y ahora sé que son castellanohablantes de origen. Aunque siempre  hay alguien que te recuerda que en los claustros hay que hablar en catalán, o como aquella compañera que me soltó medio en broma medio en serio: te has puesto tan nervioso, que has hablado en castellano. Esa lluvia fina que va calando. Para comprobarlo, suelo hacer pequeños experimentos para ver el grado de interiorización del discurso oficial. Todos los años, a principio de curso cuando nos presentamos uno a uno en el claustro, yo lo hago en castellano, pero nadie, nadie, ni siquiera los castellanohablantes lo hacen. Nunca. ¡No hay tu tia! Es más, cuando en un claustro me dirijo a otro compañero en castellano porque sé que es castellanohablante, me responde en catalán.

PREGUNTA: Bueno, la típica presión de grupo. El camino de descubrimiento de la propia alienación la jalonas con esas y otras pequeñas anécdotas supremacistas que te sirven para tomar conciencia de tu condición de charnego despreciado. Y te preguntas en un momento determinado ¿Cómo pasar de la anécdota a la categoría? ¿Cómo descubrir al fin, que esas pequeñas anécdotas constituyen en realidad el magma subterráneo de un racismo cultural persistente en el catalanismo desde hace décadas? ¿Cómo?

IVÁN TERUEL: Por dos vías. Al comprobar a través de lecturas, que esas pequeñas anécdotas forman parte de un entramado de declaraciones y comportamientos supremacistas objetivables de los líderes del nacionalismo, como Jordi Pujol,  Heribert Barrera, Qim Tora, que yo desconocía y que me hacen ver una continuidad. Cuando uno conecta hechos que ha vivido en primera persona con declaraciones  como las de Pujol, Torra, Junqueras, Artur Más burlándose del acento de los niños andaluces y gallegos, uno ve que hay continuidad y un entramado absolutamente asentado en aquella parte de la sociedad que controla todos los engranajes del poder. Y la otra vía por la que veo que no son hechos aislado es cuando comienzo a compartir en redes mis pequeñas experiencias, y veo que me contestan con otras muy similares. Esos desprecios tan sutiles  que compruevo a través de los demás, y que son generales. De hecho, el éxito del adoctrinamiento escolar es que ha sido gradual, pautado poco a poco, de forma muy sutil.

PREGUNTA Y REFLEXIÓN: A medida que vas hablando, me resulta desconcertante, que habiendo estado inmerso en lugares tan integristas como Gerona, no empezaras a ser consciente de la gravedad y generalización del acoso nacionalista hasta 2015, y sólo después de interaccionar en Facebook. ¿Es posible que la unanimidad del entorno y la falta de fricción por temor a ser considerado anticalán, evitara la evidencia del mal? Solo allí donde se entra en fricción se tiene conciencia del abuso, de la exclusión, de la imposición; y sólo cuando chocan pareceres, se manifiesta el mal en su plenitud. El pez es incapaz de percibir su propia humedad porque precisamente el agua es su medio. Sólo esto me ayuda a explicarme, que a una persona tan lúcida como tú, le pasara por completo desapercibida la Resistencia al nacionalismo de Tolerancia, las madres contra la inmersión de CADECA, la asociación CCC o Foro Babel donde se trataban casos mucho más graves que los que tú relatas en el libro. ¿Cómo explicas esa paradoja?

IVÁN TERUEL: En realidad yo no empecé a ser consciente hasta que llegué al instituto; mientras tanto estaba en una burbuja social castellanohablante que, efectivamente, me impidió sentir el desprecio que empecé a sentir a partir de BUP cuando salí de mi burbuja y accedí al mundo nacionalista.

PREGUNTA: Relatas cómo compañeros de estudios y del entorno de tus amigos catalanistas, solían ser hijos de papá, independentistas, incluso partidarios de Terra Lliure que hicieron magisterio o filología catalana y castellana y que llevaban ya en sus convicciones ser soldados de la nacionalización de los niños castellanohablantes desde la escuela. ¿No era suficiente esa experiencia para oponerse sin más a la asimilación?

IVÁN TERUEL: Sí. Yo tengo la sensación de que hemos estado bajo el efecto de un narcótico. No hemos sabido calibrar, ante la evidencia de esas experiencias, la magnitud del supremacismo y la xenofobia del proyecto nacionalista. Se me ocurre que si eres de familia humilde y castellanohablante tienes muchas más posibilidades de quedarte por el camino. En mi propia familia, sólo un primo mío y yo tenemos carreras universitarias. ¿Qué quiero decir con esto? A pesar de las evidencias, nosotros hemos vivido en un mundo liminar, hemos estado al margen de la Cataluña nacionalista. Yo empiezo a observar esto porque entro en el mundo de la enseñanza como docente. Cuando le pregunto a mi padre, que ha sido albañil toda su vida, y su mundo era de casa al trabajo y del trabajo a casa, claro dice mi padre, yo no he tenido conflictos porque yo me he relacionado con los de mi clase, con castellanohablantes obreros como yo. Cuando entro en contacto con el universo nacionalista, la primera sensación es de perplejidad, es un mundo nuevo y aparecen los complejos, incluso llega un momento en que asumo mi condición de extranjero, y claro, me digo, hay que hablar catalán, es la lengua de aquí. A pesar que yo he nacido aquí, yo asumo mi condición de extranjero, mi lengua no es de aquí, y lo asumo con naturalidad, y me tengo que justificar cada vez que hablo en castellano. Lo explico en el libro. Mi entorno familiar no ha sufrido esa realidad porque no han entrado en esas franjas de conflicto. En Barcelona podría ser diferente porque habría bastiones de resistencia, pero aquí (Gerona) todas esas situaciones y símbolos que me comentabas que veías en los institutos de Barcelona, aquí no hacían falta, aquí el mundo de la enseñanza era una reproducción fiel del modelo de sociedad que ha intentado imponer el nacionalismo.

PREGUNTA Y REFLEXIÓN: Se me ocurre Iván, que cuando tu entras como docente en 2009 en el mundo educativo, la limpieza lingüística y la unanimidad ideológica en el campo educativo se han completado. La fricción se produjo en los años ochenta y primeros de los noventa. Los profesores disidentes, o se han ido o se han adaptado. La espiral del silencio a la que haces mención en el libro cuando tú entras en el sistema educativo forma parte del paisaje, se ha naturalizado. Todo cuadra.

En varias ocasiones te reafirmas en que tu madre cometió el error imperdonable de no preocuparse por aprender catalán? ¿Estás seguro que una persona humilde cuyo trabajo es atender a su familia y trabajar de señora de la limpieza en casas ajenas, ha de tener como prioridad aprender catalán?

IVÁN TERUEL: No, solo enunciaba la recriminación que su jefa hace a mi madre, su  visión nacionalista, para preparar la réplica. Hoy mismo, mi tío, que vino de Cádiz a los ocho años, me decía que lo que le habían recriminado a mi madre, se lo han recriminado un millón de veces a él. Yo a mi madre no la recuerdo prácticamente sentada. Que esta señora para la que trabajaba, que tenía un posición económica burguesa y vivía en una urbanización de lujo, que ha tenido todas las facilidades del mundo, le recrimine a mi madre que no se haya preocupado por aprender el catalán, cuando mi madre suficiente tenía con sacar su casa, sus hijos y que trabajaba fuera de casa, ¿cuándo iba a aprender catalán, si además estaba en un entorno castellanohablante como ella? Mi madre llegaba a las 7 o las 8 de la noche, había de darnos la cena, acostarnos y ¿después tenía que ponerse a estudiar catalán para complacer el delirio narcisista de esta gente? No hombre, no ,claro que no. Mi madre tenía otras cosas mejor que hacer. Viven en una burbuja narcisista, de narcisismo victimista, porque no han conocido otro mundo que su mundo desahogado burgués que les impide ponerse en el lugar del otro, en nuestro lugar. Esa mujer, cuando le recrimina eso a mi madre es incapaz de empatizar con ella, de empatizar con su sacrificio, con su sufrimiento. Tienen el catalán como una especie de objeto religioso al que hay que venerar sobre todas las cosas, el resto de aspectos de la realidad, ni los huelen, no existen para ellos; ¡el catalán!, ¡el catalán!, ¡el catalán!, como una religión.

PREGUNTA Y REFLEXIÓN. Lo peor, es que cuando la pobre mujer se esfuerza en chapurrear en catalán al hijo de la “señora”, como relatas en el libro, por la presión de ésta para que le hable en catalán, acaba prohibiéndole que lo siga haciendo después de comprobar que no es un catalán suficientemente bueno para ella: “Para que le hables así, mejor que no le hables”.

IVÁN TERUEL: Todo esto habla un poco de la brújula moral de esta gente. Messi ha hecho exactamente lo mismo que mi madre. Mi madre llegó a la edad de Messi, pero a Messi nadie le ha recriminado nunca que no haya pronunciado en su vida que una palabra en catalán. El catalanismo tiene un componente clasista muy poderoso.

PREGUNTA: Es recurrente tu sentimiento de culpa por no dominar suficientemente bien el catalán, y el alivio que te producía cada vez que alguno de los aranceles lingüísticos, o de cualquier otro tipo, los superabas.  ¿No es una forma de sumisión propia del charnego agradecido buscar la aceptación de algo a sabiendas que va en contra de sus propias convicciones?

IVÁN TERUEL: Hay un momento que yo siento la necesidad de exhibir la calidad de mi asimilación. Tengo la necesidad de demostrar que tengo un catalán autóctono. Eso es así. Ahora, desde mi perspectiva actual me da hasta cierto pudor reconocerlo, pero era así.

PREGUNTA Y APOSTILLA: La calidad humana de Iván es tan hermosa a lo largo de las páginas del libro, que no duda en exponer su alma desnuda a la intemperie para mejor explicar el calvario de los excluidos y las miserias por las que ha tenido que pasar para ganarse la autoestima. Ese camino de autoconciencia del abuso, sus etapas jalonadas de humillaciones dan si cabe más lucidez a la dignidad conquistada. Como contraste, ahí tienen esos especímenes de charnegos agradecidos, que han pasado de ser furibundos enemigos del catalán, o sumisos súbditos callados cuando carecían del dominio del catalán, a convertirse en los más integristas de la lengua propia cuando, aliviados por adquirir un conocimiento aceptable, suponen que se han ganado la aceptación del grupo.

Sin darnos cuenta nos han encarcelado en su propiedad lingüística y cultural, robándonos el derecho a nuestra propia lengua, a convertirla en extraña, en extranjera. Lo afirmas en algún momento, cuando dices: “a la tierra que llegaron mis abuelos los trataron como extranjeros porque su lengua era diferente”. ¿Diferente? Diferente del catalán sí, pero en Cataluña se hablaba el español como lengua mayoritaria. ¿No crees que te traiciona, hasta cuando cuestionas al nacionalismo, la asunción del relato nacionalista de la lengua propia?

IVÁN TERUEL: No, me refiero a la perspectiva de aquellos autóctonos que rechazan a los recién llegados porque consideran que su lengua es diferente, que la lengua de los recién llegados no es la de aquí.. Pero efectivamente, el castellano hace siglos que está en Cataluña. Juan Boscán ya escribía en castellano en el S XVI, el primer periódico de Barcelona (Diario de Barcelona, 1792) está escrito en castellano etc. Esto es otra cantinela de que el castellano es una lengua impropia. El castellano no es una lengua ajena a Cataluña en ningún caso. Pero es que además me da igual, como si el castellano hubiera sido introducido aquí en los años cincuenta. Al final estamos hablando de los derechos de los hablantes, no de los años que lleva una lengua en un territorio.

PREGUNTA: Enlazo con tu respuesta anterior. Se ve también en muchos pasajes en que afirmas que “yo nunca tuve problemas significativos por el hecho de recibir la enseñanza en catalán”. El fracaso escolar entre los castellanohablantes y los catalanohablantes ha llegado a ser el doble, así como el abandono escolar. ¿El que tú no tuvieras demasiadas dificultades justifica el silencio ante las dificultades de los demás?

IVÁN TERUEL: No, en absoluto. Es que estaríamos cayendo en un caso de generalización apresurada, que es lo que hace siempre Joan Mena, que dice que él estudió filología hispánica y que nunca tuvo ningún problema, y que le ha abierto muchas puertas. Claro, yo también. Una flor no hace primavera. Pero hay estudios suficientes que demuestran por qué fracasan más los alumnos castellanohablantes.

En mi realidad como docente veo que los alumnos castellanohablantes fracasan más, incluso detraídas las variables socioeconómicas. Un dato, Cataluña es el lugar donde los alumnos tienen menor sentimiento de pertenencia a la escuela. Esto lo comento en el libro, cuando refiero el episodio aquel de mi tío en el campamento con los alumnos gitanos del barrio de Font de la Pólvora ignorados por sus maestros nacionalistas, donde conectó con ellos mientras sus maestros eran incapaces de hacerlo. Entonces te das cuenta que el depositario del conocimiento, que  es un ejemplo a seguir, desprecia tu lengua y tu cultura y pertenece a otro universo, y no hace esfuerzo alguno por entenderte, ni por hablar en tu lengua, aunque sea de vez en cuando. Ante estas actitudes los alumnos castellanohablantes se sienten huérfanos. Yo a veces hago la broma a mis alumnos de lengua castellana a principio de clase, diciéndoles: “avui farem la classe en català”. Bueno, claro, empiezan a decir todos allí, ¡no, no, no!, catalán todo el rato, no, no, que ya lo hacemos todo en catalán.

PREGUNTA: Ese detalle del desinterés por empatizar con la lengua o el universo cultural de los alumnos por parte del sistema tiene su máxima expresión en las aulas de acogida. Diseñadas para introducir a los alumnos extranjeros en el catalán, meten a cualquier niño aunque llegue de hispanoamericana o del resto de España. Eso implica interrumpir su educación del resto de las materias, perder un año o más, y minar su autoestima. Los alumnos castellanohablantes no pueden disponer siquiera de libros en castellano. El resultado es la pérdida del nivel que le corresponde y el abandono escolar masivo. Tú las mencionas en el libro.

IVÁN TERUEL: Las aulas de acogida dan la medida de la absoluta perversidad del sistema educativo catalán. A mi me han contado alumnos sudamericano de aulas de acogida auténticas barbaridades, porque además, en esas aulas de acogida ponen a los maestros más fundamentalistas, que son los profesores de lengua catalana, los guardianes de la pureza. Los tratan de tontos, les amenazan que si no aprenden catalán como ellos creen oportuno, les hacen repetir. Me contaba hace poco una alumna de origen mejicano que había estado escolarizada en varios países sin dificultad, que en el aula de acogida le habían minado la autoestima, hasta llegar a llamar a sus padres para decirles que tenía problemas de aprendizaje, cuando había estado escolarizada en Marruecos y era una alumna brillante. Me minaron la autoestima, me trataban de incapaz, me decía.

Creo que los hispanoamericanos son los nuevos charnego, la inquina con la que tratan a los hispanoamericanos es la misma con la que trataban a los charnegos, porque vienen con el castellano de fábrica. La inquina con que tratan a los alumnos latinoamericanos no es la misma con la que tratan a los magrebíes o subsaharianos.

PREGUNTA: El mayor triunfo del nacionalismo no sólo ha sido el haber manipulado el pasado histórico que no hemos vivido, sino y sobre todo, la manipulación o la ocultación de nuestro propio presente. Resulta sorprendente que cuando la Resistencia a la inmersión lingüística alcanzó su máxima virulencia en los años noventa con las madres de CADECA, Tolerancia, Convivencia Cívica Catalana o el Foro Babel, tú cursabas BUP y COU, pero todo eso te pasó desapercibido. Ni mentarlo. Ya eras un adolescente y tenía dudas.

IVÁN TERUEL: La realidad a la que aludes yo no tenía ni idea. Yo asumo que el paradigma ha cambiado y que en el instituto todos los profesores, excepto dos a lo largo de cuatro años, dan las clases en catalán y que eso es lo que hay. Es verdad que en la adolescencia yo estoy a otras cosas, y a pesar de algunas dudas, pequeños desprecios, o alguna información chocante, como que la responsabilidad del atentado de Hipercor era de la policía, no problematizo. Yo quiero ser honesto en el libro, yo no percibí demasiada hostilidad en ese medio; es verdad que en el instituto de Salt (Gerona) había muchos alumnos castellanohablantes, pero ya digo, yo por entonces estaba a otras cosas. Yo, la verdad, no me sentía en un hábitat demasiado hostil…

INTERRUMPO: Lo que me estás describiendo es muy significativo, es un entorno que ya estaba conquistado. No tenías por qué enterarte, fueras adolescente, joven, te interesara esto o lo otro, porque el entorno estaba formatizado y completamente nacionalizado. No olvidemos que es la Cataluña profunda, en Gerona, la más integrista…

IVÁN TERUEL: Completamente. Fíjate que cuando los profesores nacionalistas se cachondean del supuesto adoctrinamiento, yo estoy convencido que la mayoría de ellos no se dan cuentan. Es el paisaje que hay, y como no hay ningún cuestionamiento sobre ningún principio nuclear del nacionalismo, eso es lo correcto. Cuando a mi hijo le hacen cantar en clase “El meu país és tan petit” de

Lluís Llach (País petit) con clara intención adoctrinadora, la maestra se sorprende de que le cuestione esas prácticas”.

INTERRUMPO: Ese escenario que me relatas deja al descubierto algo evidente, el pez es incapaz de percibir su propia humedad porque el agua es su medio. Claro, ahora entiendo por qué a una persona lúcida como tú le hayan pasado desapercibidos acontecimientos muy graves de la Resistencia contra la inmersión lingüística en los años noventa en espacios completamente conquistados por la cosmovisión nacionalista. En esos espacios los profesores disidentes, o se han ido, o se han confundido con el paisaje, o se han sumado al integrismo nacionalista.

IVAN TERUEL: Efectivamente, esa es la imagen, al menos en la provincia de Gerona. Los profesores son peces que no perciben el medio. Se ha interiorizado un determinado esquema tanto que les impide percibir cual es la cosmovisión imperante, porque lo impregna todo. Cada esquina del instituto forma parte de nosotros. La propia Gerona es un parque temático de la simbología nacionalista. Entontes, claro, cuesta distanciarse de todo eso.

PREGUNTA: Cuándo cursaste filología castellana, constatas que en los tres primeros años de carrera de las 18 asignaturas, doce te las dieron en catalán y seis en castellano. Y no pasaba nada. ¿Qué es lo más grave, que se diera sí, o que el conjunto de los alumnos tuviera naturalizado tamaño disparate?

IVÁN TERUEL: Lo más grave es que todo estaba tan perfectamente naturalizado que los estudiantes de Filología Hispánica lo asumíamos como algo relativamente normal. Y, como cuento en el libro, cuando, con la boca pequeña, alguna vez decías algo, te replicaban que si había una lengua discriminada era el catalán.

PREGUNTA: En 2009 entras a trabajar como profesor en enseñanza secundaria y decides aceptar el proceso definitivo de asimilación a la realidad lingüística, una forma de ganarte la aceptación de la hegemonía moral del catalanismo. ¿Sigues en esas?

IVÁN TERUEL: No, afortunadamente no (rie divertido). A raíz del inicio del procés yo ya no puedo más, y decido rebelarme. Ahora estoy orgulloso de que no me consideren uno de los suyos. Yo sé que para mis compañeros soy un tipo absolutamente reaccionario. Algún alumno me ha comentado, que entre ellos soy el profesor facha. Ese es el precio de la disidencia.

INTERRUMPO: Su estigma favorito para satanizar a todo quien no le baila el agua. El neofascismo que se disfraza de antifascismo. Al final, el mundo entero será facha menos ellos. Antes era hilarante, ahora dan pena, resultan patéticos. Ya sabes, en Cataluña hoy no eres nadie si no te han llamado nunca facha, ¡¡jajaja!!

PREGUNTA:  En el contexto de la batalla cultural que se está dando en la actualidad. ¿el ejército de Cataluña son sus maestros?

IVÁN TERUEL: Sí, se podría utilizar esa metáfora. No son los únicos vectores en el despliegue del pensamiento y el imaginario nacionalistas, pero sin duda actúan como correas de transmisión. En ocasiones creo que ni siquiera operan de un modo consciente, porque tienen tan interiorizada una determinada cosmovisión, sus convicciones están tan apegadas a su trato con el mundo, que por esa razón se escandalizan tanto cuando escuchan la palabra “adoctrinamiento”. Esa situación, lejos de ser esperanzadora, resulta todavía más inquietante que si todos tuvieran conciencia de su cometido: implica la naturalización del medio.  Aún recuerdo el fervoroso respingo que dieron algunos cuando en mi centro pidieron voluntarios para el 9-N. O cómo el 2-O la mayoría de mis compañeros salió al patio, junto con los alumnos, en pleno horario lectivo, para protestar por la represión policial del día anterior. No recuerdo ninguna protesta de esas características cuando la Generalitat nos quitó una de las pagas dobles durante tres años consecutivos. Ninguna protesta similar ante la deriva de la enseñanza, de la que, sin embargo, muchos se quejan en privado. Sí, no creo que haya en la sociedad catalana un colectivo más convencido de los principios del nacionalismo que el de los docentes. Son, de algún modo, los peones imprescindibles del proyecto nacionalista.

PREGUNTA:  Hay un pasaje terrible donde explicas la entrevista del Diari de Girona donde muestras la sumisión a la que estamos sometidos. Dices literalmente: “Y llegó un momento en que el periodista me formuló la pregunta más incómoda: qué opinaba yo de los padres que pedían la enseñanza en castellano? ¿Sigues empeñado en afirmar que en Cataluña no hay problema lingüístico? ¿Qué los padres no tienen derecho a exigir la enseñanza en lengua materna? ¿Sigues temiendo la desaprobación pública por sostener lo contrario? ¿O lo vas a desvelar en el siguiente libro?

IVÁN TERUEL: Claro que hay un problema lingüístico, es un problema nuclear, la lengua opera como marcador distintivo para reconocer a los propios y al enemigo. La escuela, los institutos castran la naturalidad con que los castellanohablantes deberían expresarse en castellano, y además la escuela catalana no refleja la realidad lingüística plural de la sociedad catalana ¿Cómo no va a existir un problema lingüístico?. Yo estaba repitiendo un mantra independentista. Yo estaba tomando prestado un argumento contrario para evitarme problemas. La lengua española es peor tratada que una lengua extranjera. El problema no es que se dejen dar clases de catalán, sino que se den en castellano. Mi padre ya veía todo esto cuando le contábamos cosas del instituto. Se cagaba en todo, y quería escribir cartas al instituto, pero mi madre le contenía porque -le decía- los niños no tienen ningún problema y sacan buenas notas. Todo eso estaba ya ahí. Mi padre me decía, pero vamos a ver Iván, que el castellano recibe el mismo tratamiento del inglés que es una lengua extranjera. Yo me escandalizaba, y le decía, pero papa ¿cómo puedes decir eso? Y le soltaba el argumentario nacionalista: pero si el castellano ya se aprende en los medios y en la calle y me quedaba tan ancho, pero claro, cuando en algún momento de reflexión más reposada me paraba a pensarlo, me decía, pero si es verdad, son tres horas, y en infantil cero horas y en primaria dos. Efectivamente, era una anomalía.

Me preguntabas al principio, cómo empiezo a ser consciente. Empiezo a documentarme, comparar sistemas bilingües de Finlandia, Suecia, Quebec, y me doy cuenta de que es una absoluta anomalía el que la lengua mayoritaria de la mayoría de los catalanes sea tratada peor que una lengua extranjera. Cuando me preguntas si sigo estando condicionado, pues hombre, en determinadas circunstancias, sí. Por ejemplo, el otro día asistí a una reunión en el instituto de mi hijo mayor porque van a implantar un sistema plurilingüe donde se darán clases en inglés, francés… pues me quedé con ganas de preguntarles: ¿y de castellano también?, pero me lo callé. Yo fui sensible al estigma de la presión social.

Antonio Robles. Barcelona. Abril de 2021

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