Entrevista a Gonzalo Gragera: “Podemos dice que hay presos políticos por conveniencia electoral”

El escritor y periodista sevillano, Gonzalo Gragera.

Ganador del Premio Poesía Joven de Radio Nacional de España 2017, Gonzalo Gragera (Sevilla, 1991) es también colaborador en la Cope, Zenda, The Objective y El Mundo. A petición de nuestro diario, el escritor sevillano ha reflexionado sobre el conflicto catalán, cuya solución solo llegará cuando el separatismo “asuma el respeto a la legalidad vigente y a los procedimientos formales del Estado democrático”.

En un artículo reciente, ponía en tela de juicio el mantra según el cual “el conflicto catalán necesita una solución política”. ¿Por qué?

No se puede hacer política con quien se encuentra fuera de la política; es decir, fuera del conjunto de normas que delimitan su ejercicio. No se puede hacer política con el político que incumple las leyes que entre todos hacemos: ellos como legisladores; nosotros, la sociedad, participando como electores de quien nos legisla. La solución sólo podía ser jurídica, claro, otra respuesta no era posible, al menos desde la noción del estado de derecho.

Por otra parte, antes de los altercados en Barcelona, usted ya cuestionaba que el separatismo catalán fuera un movimiento pacífico. ¿En qué se basaba?

Me baso en los hechos: los artículos de Torra, el control partidista de los medios de comunicación públicos, la caricatura del adversario como enemigo, el desprecio del discurso nacionalista hacia “el de fuera”, la etiqueta de “charnego”, los CDR —que no es un movimiento reciente, ya actuaban en 2017—, el sentimiento de supremacía etnolingüística. Son actitudes que no denotan civismo, tolerancia o pacifismo.

Según los defensores de la inmersión lingüística obligatoria en catalán, este modelo es el único que garantiza la “cohesión social” en Cataluña. ¿Le parece válido el argumento?

Supongo que la cohesión social la garantiza la igualdad de oportunidades. Y hay estudios recientes, elaborados en la propia Universidad de Barcelona, que apuntan a que la inmersión lingüística provoca una evidente desigualdad respecto de los alumnos que estudian en castellano.

¿Y por qué cree que la izquierda española sigue defendiendo este sistema?

Creo que por una antigua complicidad entre los nacionalismos periféricos y distintas sensibilidades de izquierdas. Una relación que se acentúa con el intento de hegemonía cultural centralista del franquismo. Parece ser que hay gente de izquierdas que no supera ese vínculo, ese interés común, que mantuvieron hace 40 o 50 años con el nacionalismo catalán. Que tuvo su sentido. Pero que hoy no tiene razón de ser. Es uno de los temas que la izquierda tiene pendiente: reflexionar sobre esa sensibilidad política. Alejarse de esa empatía respecto del nacionalismo, porque ya no es la cultura marginada del sistema político.

Un programa de TV3 llamó “putos perros de mierda” a los Mossos d’Esquadra. ¿Habríamos llegado a donde estamos sin la participación del canal autonómico?

Pues sospecho que no, claro. La televisión, aún, tiene un poder notable de influencia en la sociedad.

Los indicadores señalaban a España como un país muy poco nacionalista. ¿Cambia esta situación los 3,6 millones de votos obtenidos por Vox?

Este crecimiento de Vox lo cambia todo. Aunque habrá que ver si se trata de una situación coyuntural, una respuesta de un momento concreto, o hablamos de un contexto que se mantendrá. Me preocupa, en cualquier caso, el apoyo social a un partido de ultraderecha. Parecía que España, por experiencias históricas relativamente recientes, ignoraba a estos partidos. Parece ser que no.

Numerosas instituciones en Cataluña exhiben lazos amarillos o pancartas a favor de los políticos presos por el ‘procés’. ¿Debería el Govern retirar estos símbolos?

Si hablamos de ayuntamientos, diputaciones, parlamentos… sin duda. Se ha reiterado en artículos, publicaciones, charlas, manifiestos: esas instituciones son públicas. Del conjunto de la sociedad. Del interés general. No son instrumentos de propaganda política partidista. No son recursos con los que publicitar un criterio político que no comparte toda la sociedad catalana.

¿Cómo explica que partidos no nacionalistas como Unidas Podemos y los comunes aseguren que en España hay presos políticos?

Por esa sintonía cultural de la que antes hablamos. Y porque buena parte de su electorado es independentista. Aunque ellos sepan de sobra que no son presos políticos, no interesa decir lo contrario: Barcelona es un escaparate político importante en el conjunto de España. Lo dicen no por ideales o por convicciones sino por conveniencia electoral. Que no sé qué es peor.

PSOE y Unidas Podemos han acordado formar gobierno con Iglesias como vicepresidente. Por lo que respecta a Cataluña, ¿es un buen o mal acuerdo?

Quiero entender que Iglesias renuncia al derecho a la autodeterminación. De no ser así, Pedro Sánchez ha vuelto a cometer un error, y de paso nos ha vuelto a demostrar su innegable capacidad para contradecirse —en eso sí es único—. Si ese es el contexto que nos espera, el del rechazo a la autodeterminación, que no lo sé, será un buen acuerdo para Cataluña. Y un pésimo acuerdo para Iglesias, que seguirá perdiendo apoyos entre cierta izquierda. Aunque visto de otro modo, su único interés siempre ha sido llegar al poder. Al precio que sea.

Una pregunta que suele escucharse en relación al conflicto catalán es qué hacer con los dos millones de ciudadanos que abogan por la secesión. ¿Cuál sería su respuesta?

Nada que no se haya dicho: que su idea, la independencia, es una idea legítima. Pero que si la quieren alcanzar, tendrán que asumir el respeto a la legalidad vigente y a los procedimientos formales de las instituciones públicas y de nuestro —que es suyo— Estado democrático. Lo contrario es imponer el criterio de unos pocos sobre la ley de todos; es decir, una forma de tiranía.

Por Óscar Benítez


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