
Referente intelectual para el constitucionalismo y uno de los fundadores del partido Ciudadanos, el jurista Francesc de Carreras (Barcelona, 1943) alterna la docencia en la Universidad con su labor como articulista en El País. Según cuenta De Carreras a El Catalán, lo ocurrido en Cataluña no podría explicarse sin el papel desempeñado por la televisión y la Educación catalanas, que han pretendido que los “ciudadanos piensen de manera uniforme en torno a la identidad nacional”.
En una columna reciente en El País, sostenía que los llamados equidistantes en realidad forman parte del bloque independentista. ¿Por qué razón?
Los equidistantes sostienen que si bien no están de acuerdo con que Cataluña se separe de España, la responsabilidad de la actual situación debe repartirse entre los independentistas y los sucesivos gobiernos del Estado. Por tanto, si bien estrictamente no forman parte del bloque independentista, sirven a éste porque reparten las culpas: igualan las actuaciones en defensa del Estado de derecho con los intentos en desacreditarlo y derribarlo. En definitiva, justifican a los independentistas y así los legitiman, son colaboradores necesarios para que estos últimos acaben consiguiendo sus fines por la fuerza.
Félix Ovejero critica en La deriva reaccionaria de la izquierda la fascinación que parte de la izquierda siente ante el nacionalismo. En su opinión, ¿son los valores de la izquierda compatibles con el proyecto separatista catalán?
A mi parecer, los principales valores de la izquierda son la libertad, la igualdad y la solidaridad entre ciudadanos que se expresan en la Constitución y las leyes democráticas. El separatismo catalán va contra la Constitución y estas leyes, pretende derogarlas por la fuerza, por la nuda fuerza que da el poder político. Niega, por tanto, estos tres valores y quiere imponer otros, siempre por la fuerza, por el miedo.
Ada Colau dijo antes de tomar posesión de la alcaldía de Barcelona que respetaría las leyes que ella considerara justas, es decir, se erigió en soberana, por encima de la leyes que ha aprobado el pueblo. Las leyes aprobadas el 6 y 7 de septiembre de 2017 hicieron lo mismo. Si la izquierda es democrática, las fuerzas políticas que se comportan así no lo son porque su actuación no es compatible con la democracia.
Los defensores de la inmersión lingüística catalana —que excluye al castellano como lengua vehicular de las escuelas— sostienen que los alumnos catalanes acaban dominando el castellano igual que los estudiantes del resto de España. ¿Cree que es así?
En el juicio de los responsables del procés que se celebra en el Tribunal Supremo se ha podido escuchar lo mal que se expresan en castellano muchos catalanes. Pensar que utilizar sólo el catalán en la escuela tiene iguales resultados que utilizar también el castellano, es creer que la educación no sirve para nada. La inmersión —sobre todo para los que tienen como lengua materna y habitual el catalán— es perjudicial para aprender castellano, es un símbolo identitario de que en Cataluña sólo debe haber una lengua y que el castellano es una lengua impuesta a los catalanes y, finalmente, como objetivo principal, es un elemento para diferenciar cada vez más a los catalanes del resto de España y justificar, así, la independencia.
La Fiscalía ha pedido procesar a la cúpula de TV3 y Catalunya Ràdio por organización criminal por impulsar el referéndum ilegal del 1 de octubre. En su opinión, ¿qué responsabilidad cabe otorgarle al canal autonómico catalán en lo que sucede hoy en día en Cataluña?
Desde sus inicios en 1983, tanto TV3 como Catalunya Radio han sido un instrumento de la “construcción nacional” en toda su programación, un instrumento de “nacionalización”, de querer que los ciudadanos piensen de manera uniforme en cuestiones que afectan a la “identidad nacional”.
Esto se ha dado no sólo en los informativos sino, sobre todo, en las telenovelas, los programas infantiles, los de humor, los históricos, el tiempo, la gastronomía, los viajes, concursos, musicales, etcétera, etcétera. En todos. La finalidad ha sido mostrar como debe ser un “buen catalán” y como el enemigo histórico de Cataluña es España. Falta un buen estudio sobre esto, no creo que lo financie la Generalitat, tampoco los poderes económicos privados. Tampoco, por supuesto, el Gobierno de España, desgraciadamente.
Según el filósofo Francisco Caja, “hasta el último club de ajedrez está intervenido políticamente en Cataluña”. ¿Exagera?
Naturalmente, Paco Caja ha utilizado esta expresión de forma coloquial para decir una gran verdad: que desde la Generalitat se ha intervenido en la vida social de los catalanes en forma contraria al principio de libertad. Dicho llanamente: quien no obedece, no cobra. No recibe ni subvenciones, ni permisos, ni ayudas, ni aparece en los periódicos. El miedo se ejerce como forma de control de la sociedad civil. También en esto faltan estudios sociológicos o politológicos. Cuando ahora se dice que la Hungría de Orban o la Polonia de Kazinsky son sistemas políticos iliberales, se olvida que les precedió Cataluña. E iliberales es una manera de decir antiliberales. Esta es la sociedad que construyeron gobiernos presididos por Pujol, Maragall, Montilla, Mas, Puigdemont y Torra.
En un artículo reciente, Joaquim Coll alerta de que los electores catalanes más jóvenes podrían inclinarse cada vez más por el secesionismo. ¿Qué debería hacer el constitucionalismo para frenar esta situación?
Hacia el secesionismo se han orientado tanto jóvenes, como mayores, como de mediana edad. El constitucionalismo debe expresarse sin complejos y con argumentos sobre el daño que el separatismo está haciendo a Cataluña. Pero hay miedo en la sociedad catalana, pocos dicen lo que piensan y expresan en privado. Enfrentarse al poder tiene costes y muchos no quieren exponerse a ellos. Pero el voto es secreto y eso sólo cambiará cuando haya mayorías claras en las urnas. En la transición, de repente, desaparecieron los franquistas. Los antifranquistas, hasta entonces, con las excepciones sabidas, eran miedosos y cobardes. Hasta sentirse seguros —ya tras la muerte de Franco— no salieron del armario. En Cataluña sucederá algo así: muchos dirán que nunca habían sido nacionalistas porque no eran nacionalistas activos sino pasivos. Simplemente callaban. Ahora también hay muchos callados.
Usted fue uno de los padres intelectuales de Ciudadanos. ¿Cómo valora que el partido insista en su negativa de pactar con el PSOE en el Gobierno de España?
Creo que se equivocan y no me lo explico. Pero en Cataluña aún me explico menos que el PSC no quiera pactar con Ciudadanos y sí con los comunes o Esquerra Republicana. En España, creo que Cs debería actuar como partido bisagra, no querer liderar la derecha, sino como partido liberal progresista con poder para completar mayorías, cuando haga falta, con el PSOE o con el PP, impidiendo así que las completen los partidos populistas como Podemos y Vox, o nacionalistas como ERC, Bildu o el PDECat.
Se ha cumplido un año de la investidura del actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, dirigente que considera “bestias taradas” y “víboras” a los catalanes que se expresan en castellano. ¿Cómo se explica que un líder abiertamente xenófobo alcanzase la presidencia de la Generalitat?
Siempre el nacionalismo es, de una manera u otra, xenófobo, está en su esencia. A Torra se le nota mucho por sus escritos anteriores al cargo, cuando no tenía que disimular porque nunca pensaba que podía ser presidente. Pero los demás también lo son, piensan así, en privado así se expresan.
En 2018 publicó un artículo en el que se preguntaba: “¿Estamos mejor que el año pasado?”. Y bien, ¿cuál sería la respuesta en la actualidad?
Que estamos peor, peor que nunca. En Cataluña, la sentimentalidad respecto a los procesados juega a favor del separatismo y, en todo caso, contra el constitucionalismo, que defiende naturalmente el imperio de la ley y la independencia judicial. La ambigua política del PSC —y de sus periodistas e intelectuales orgánicos— contribuye a ello. En España, a pesar de que PSOE y Cs tiene una clara mayoría en el Congreso, por la obstinación de Cs, parece que el PSOE deberá pactar con Podemos, el cual ejercerá de submarino del independentismo para acabar con lo que ellos llaman “régimen del 78”. Vienen turbulencias económicas para las que no estaremos preparados con un gobierno PSOE-Podemos. Vamos mal, lamento decirlo, ojalá me equivoque.
Por Óscar Benítez
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