
Vista la última ristra de manipulaciones secesionistas a cuenta de la «comisión» de la ONU, que ha servido, según sus voceros, para anunciar poco menos que a España la iban a expulsar a las tinieblas exteriores si no «liberaban» a los políticos en prisión preventiva, queda claro que los separatistas no tienen remedio.
Eso sí, siempre tienen media docena de balas de tinta de calamar en la recámara para enturbiar cualquier tema que no les interese, y el revolcón que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dio al secesionismo merecía que se emplearan a fondo. Y lo hicieron con su tradicional eficacia, porque de gobernar no tienen ni idea, pero de manipular y engañar saben un rato.
El problema es que si el secesionismo no tiene remedio, el constitucionalismo catalán tampoco. La desunión entre partidos, la falta de cohesión en el movimiento asociativo, la endémica falta de recursos y una clase empresarial que se queja mucho de la agitación independentista, pero que luego apenas da apoyo a los que la combaten, nos ha llevado a un callejón de difícil salida.
No importa lo débil que pueda estar el secesionismo, que el constitucionalismo catalán no aprovecha la ocasión. Así es muy difícil, por no decir imposible, comenzar la remontada en Cataluña para que vuelva a ser una comunidad autónoma leal con el resto de España. Y no lo que es ahora, que es un problema continuo que está arrastrando a todo el país a la inestabilidad constante.
Se busca el control, no la cooperación. La lealtad, y no la eficacia. De las multitudinarias manifestaciones constitucionalistas del 8 y el 29 de octubre de 2017, que visualizaron el fin de la «mayoría silenciosa» hemos pasado a una peligrosa situación de desmovilización.
El bajo nivel del constitucionalismo catalán no contribuirá a desalojar al secesionismo de los espacios que ha ocupado en los últimos años, que son prácticamente todos los de la vida pública.
El ejemplo de la Cámara de Comercio de Barcelona es el más llamativo pero, además de las principales instituciones públicas, controlan universidades, colegios profesionales, federaciones deportivas, entidades culturales, asociaciones festivas y todo lo que se puedan imaginar.
Por no hablar de los medios de comunicación. Si tienen la edición de El Periódico de Catalunya de este lunes en papel no se pierdan las dos primeras páginas que abren el diario. Si no, aquí tienen el enlace, impacta menos, pero el texto es el mismo.
Bajo una apariencia de reportaje documentado de un catedrático de Derecho Procesal sobre la posible sentencia del juicio del proceso secesionista se oculta una presión inmisericorde para que los tipos delictivos más lesivos, rebelión y sedición, sean abandonados. Para esto, mejor que el diario de Zeta se lo hubiera quedado Jaume Roures en vez del Grupo Moll, no se habría notado en absoluto la diferencia.
Y estamos hablando de un medio teóricamente «constitucionalista». Porque ya saben lo que se pueden encontrar en medios como TV3, 3/24, Catalunya Ràdio, Catalunya Informació, RAC-1, Nació Digital, El Mon, Vilaweb, El Punt Avui, Ara, Punt Avui TV…
La Vanguardia ya saben que da una de cal y tres de arena, y entre los medios que van a lo «suyo» y los nacionales que sí que intentan sinceramente apoyar al constitucionalismo, pero con las limitaciones de espacio y medios materiales y humanos que tienen al tener el foco en toda España, el margen de apoyo que tiene el constitucionalismo catalán está a años luz del que recibe el secesionismo.
¿Está todo perdido? No, en absoluto. Son miles y miles los catalanes que no se rinden en su defensa de una Cataluña leal con el resto de España. Pero hará falta algo más que su buena voluntad para salir adelante. De momento, urge una reflexión del por qué el secesionismo, a pesar de sus evidentes mentiras, su mala gestión al frente de las instituciones y de tener a buena parte de sus líderes encausados o huidos de la justicia, está más fuerte que nunca.
Comentario Editorial de elCatalán.es
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