En L’Hospitalet convierten los lazos amarillos de exclusión en sonrisas y “olés”

En un barrio de la localidad barcelonesa de L’Hospitalet de Llobregat, en Bellvitge, hace unos días un grupo de activistas separatistas decidió afear las calles con sus símbolos de exclusión y de ofensa: los lazos amarillos.

Llenaron los accesos a colegios, puentes y una iglesia con pintadas que, días después, seguían en el suelo ante la pasividad de los servicios de limpieza que no las borró y dejó que siguieran a la vista de todos los ciudadanos de bien de esta ciudad, que de forma abrumadora vota en clave constitucionalista elección tras elección.

Por suerte, la Resistencia está siempre ojo avizor para que los catalanes de bien puedan disfrutar de su visión sin interferencias causadas por la propaganda secesionista, que ya no respeta ni las entradas de colegios, ni los puentes, ni las iglesias, lugares de paso y de convivencia, no espacios para poner mensajes excluyentes.

Seguramente los propagandistas secesionistas volverán con sus lazos amarillos pintados, y la Resistencia volverá, con tenacidad, a actuar, para limpiar la vía pública de símbolos de exclusión. Porque los lazos amarillos ofenden a los millones de catalanes que piensan que España es un Estado de Derecho en el que no hay presos políticos, sino políticos en prisión preventiva dictada por un juez democrático.

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