El secesionismo más radical ya no se esconde y ha elegido Pamplona como escenario para escenificar su ambición territorial sobre la Comunidad Foral. Durante la celebración del ‘Aberri Eguna’, o día de la patria vasca, Arnaldo Otegi ha dejado claro que Navarra es una pieza indispensable en su delirante hoja de ruta hacia la independencia.
Para el líder de Bildu, la capital navarra no es más que otra etapa en su ascenso hacia la «cumbre» de una república soberana, despreciando la realidad institucional y la voluntad de los navarros que se sienten españoles. La complicidad de Pedro Sánchez en este atropello es absoluta y vergonzosa. El presidente del Gobierno ha entregado las llaves de la gobernabilidad a quienes consideran a Navarra como una provincia más de su imaginaria nación vasca.
Al normalizar a Bildu como socio preferente, el PSOE ha blanqueado un proyecto que busca engullir la identidad foral para diluirla en el proyecto independentista de las Vascongadas. Es el precio que el sanchismo está dispuesto a pagar con tal de prorrogar su estancia en la Moncloa.
Otegi ha sido meridianamente claro al afirmar que su formación no solo aspira a influir, sino a «gobernar» directamente para ejecutar su plan de «liberación nacional». Utilizando el símil del Everest, el ex terrorista ha trazado un camino de ruptura por etapas donde Navarra es, lamentablemente, un «campamento base» estratégico. Mientras tanto, el socialismo navarro y español guarda un silencio sepulcral, permitiendo que sus aliados marquen el ritmo de la política territorial con total impunidad.
El líder de Bildu presume de una «sociedad civil organizada» para avanzar hacia una república socialista y euskaldún, ignorando que su proyecto solo genera fractura y confrontación. El PSOE se ha convertido en el cómplice de esta estrategia que busca, paso a paso, la desarticulación de la unidad de España desde las instituciones.
La pasividad del Gobierno ante este desafío es una traición a los principios constitucionales más elementales. Sánchez prefiere mirar hacia otro lado mientras Otegi diseña el desmantelamiento de Navarra. No se trata de gestión ni de política social, sino de una cesión ideológica estructural que debilita al Estado para favorecer a quienes ayer ejercieron la violencia y hoy imponen su ley gracias a la debilidad parlamentaria del socialismo.
Es urgente denunciar este zarpazo de Bildu que, con el beneplácito de Sánchez, pretende engullir siglos de historia navarra bajo el manto de un nacionalismo excluyente. El futuro de la nación no puede depender de quienes tienen como objetivo final su propia destrucción.
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