Empecemos por denunciar un intento de manipulación de las palabras tan grosero que no tiene el menor recorrido. No estamos hablando de soberanía fiscal, ni como paso previo a la soberanía plena que aduce ERC, ni como el primer paso hacia el idílico federalismo que proclama Herr Doctor. No puede haber federalismo cuando hay asimetría. El partido socialista está como las tres monas, tratando de hacer que dice, pero sin hacer lo que dice.
La verdad es que es un simple ventajismo, algo que la ASALE define como “conjunto de acciones poco claras o limpias para estar en ventaja sobre alguna persona, equipo o partido político.” Un movimiento de ERC para evitar una repetición de elecciones que les pilla divididos y sin ideas, y una cesión sanchista para comprar un nuevo gobierno, en este caso regional. Por ventajas a corto plazo de uno y otro, disfrazadas de primeros pasos estratégicos, se juega con estructuras que deben ser estables a largo plazo. Típico comportamiento populista de dirigentes que consideran que el patrimonio nacional es suyo y está bien gastárselo para conseguir beneficios particulares, de búsqueda de ventajas para unos a corto plazo en vez de ventajas para todos en el largo plazo.
No cabe en el ordenamiento jurídico este ventajismo, ni en la Constitución ni en el desarrollo legal que ha tenido hasta ahora. Aunque estamos viendo que, como se puede retorcer tanto, véase un TC encaramándose en las posaderas del TS para corregir las sentencias de los ERE socialistas, a lo mejor algún día cabe. ERC presiona para tener garantías de que ese ventajismo se conservará más allá de una legislatura, pero eso es un autoengañarse. Durará mientras las circunstancias electorales lo permitan.
Aunque siempre es complicado revertir los cambios porque enseguida surgen los que insisten en el coste de cambiar. Por cierto, un coste que se trata de ocultar ahora en este primer cambio. Franco también pensó que lo dejaba todo bien atado. El ir contra el sentido común es posible, pero solo durante un tiempo. Aunque se aprobara finalmente esta ventaja para Cataluña no podrá durar mucho.
No cabe en la historia porque los privilegios siempre han tenido un propósito de desarrollo de una zona o de premio por una acción positiva para el Rey o para la Nación y favorecer a una región que está por encima de la media o votar a un determinado candidato de un partido no cabe en esa descripción. Sí es cierto que la Constitución reconoce un concierto para el País Vasco y un convenio para Navarra que puede servir de apoyo, pero recordemos brevemente que se origina en 1878 y se suprime por Franco en 1937.
Simultáneamente Franco crea una situación privilegiada para Álava y Navarra como premio por su comportamiento en la guerra civil; vamos, porque los requetés le apoyaron. El que se extienda en la Constitución a Vizcaya y Guipúzcoa, en vez de igualar a todas las provincias españolas y suprimir este privilegio franquista, tiene su explicación en el pasteleo de la aprobación de la Constitución.
Además, el que tenga que estar en la Constitución para que unos territorios tengan esa ventaja, debería ser un buen argumento para que si otros territorios lo quieren tener también se deba incluir como disposición adicional con mayoría reforzada del 60%. El que esté en la Constitución el ventajismo del País Vasco y Navarra, más que un argumento a favor del catalán, es un ejemplo de los inconvenientes que los pasteleos provocan a largo plazo y nos debería servir para no porfiar en el error. Además de para fijar las condiciones para que pudiera ser legal un nuevo ventajismo.
No cabe en la economía y ahí, en los números y la realidad, la palabrería se estrella. El País Vasco y Navarra suponen el 7,6% del PIB y el 6% de la población española y Cataluña el 19% y el 16,4%. En los tres casos están por encima de la renta media per cápita. Podríamos argüir que sostener los privilegios de un 7,6% de la economía por el restante 92,4% es posible, de hecho, se ha estado haciendo. Tocaríamos, por así decirlo, a “favorecer” a un norteño por cada doce de los restantes españoles.
Pero si añadimos Cataluña, que es muy grande y por eso no cabe, pues no funcionan los números. Dado que los norteños harían como las monas socialistas, como mucho silbarían bajo el sirimiri, tocaríamos a ayudar, ¡pobrecitos ellos que son unos desfavorecidos! a un 26,6% de la economía desde el restante 73,4%, es decir a uno por cada tres. Y encima desde los que sí están más desfavorecidos. Además de que la presión para favorecerles sea cuatro veces mayor, es que al evadirse los más ricos, toda la presión de concentraría en una sola región, Madrid. ¡Que no cabe!
Lo de que no cabe en una mínima idea de justicia, de derechos humanos, o de simple equidad, lo doy por conocido, por lo menos a los que tienen sentido común. Aunque eso no les importa a los nacionalistas ni a los que trapichean a corto plazo.
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