
El Gobierno de Quim Torra ha decidido, directamente, que los catalanes que no somos secesionistas no tenemos derechos civiles. Y, por lo tanto, pueden restringir a su entero antojo el derecho de manifestación de los constitucionalistas. Siempre según les apetezca a los radicales secesionistas.
Tal y como se vio este sábado en la manifestación de Jusapol los supremacistas catalanes pueden dedicarse, a golpe de estelada, a insultar, empujar y agredir según les convenga. Ya vendrán luego los medios de comunicación “amigos” para “vender” que los “agredidos” fueron ellos. Busquen en la red los vídeos que corren sobre lo que hicieron los “no violentos” en Plaza Cataluña y alrededores. Porque en los medios “afines” al separatismo no los verán o los verán ‘blanqueados’.
Es muy interesante la argumentación del supremacismo catalán. Como los manifestantes constitucionalistas les “provocan”, pueden ocupar el recorrido pactado por los constitucionalistas con las autoridades para boicotear estos actos. A continuación, pegan e insultan a los manifestantes constitucionalistas y acaban vendiendo que han sido ellos “las víctimas” debido a la “provocación” inicial constitucionalista.
A la entidad ‘Hablamos español’ le impidieron acabar su manifestación, que tenía los permisos gubernativos pertinentes, en Plaça de Sant Jaume. La Generalitat no le dejó y prefirió tolerar una manifestación ilegal de radicales. Radicales que tras intentar reventar la marcha constitucionalista se jactó de no permitir a los “fascistas” realizar su manifestación con tranquilidad.
A Jusapol, una entidad formada por agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, la Generalitat le han hecho lo mismo. Y encima una horda de radicales ha insultado y agredido a personas que solo querían ejercer su derecho constitucional a manifestarse. Los radicales separatistas decidieron que les “provocaban” y se tomaron la justicia por su mano.
Recordemos la decisión de la Generalitat de mandar a los Mossos a «identificar» para amedrentar a los catalanes constitucionalistas que quitaban lazos amarillos. Pero a los que los ponían la policía autonómica no les molestaba. Para Torra había «catalanes» de primera, los «suyos», y seres que merecían ser perseguidos, los «otros», los «colonos», los «españolazos».
Quim Torra escribió tuits y artículos periodísticos supremacistas hace unos años. Ahora sus seguidores, los supremacistas más radicales, están tomando las calles para que los constitucionalistas catalanes tengan claro que no tienen derechos civiles y que deben callar y aceptar el estado ‘natural’ de las cosas, según su parecer.
Así empezó el Ku Klux Klan, y aunque aún no hemos llegado al extremo que se vivió en el Sur de Estados Unidos durante décadas, hemos de trabajar para impedir que el supremacismo nacionalista consiga sus objetivos en Cataluña. Torra y lo suyo lo van a intentar, pero son cobardes, y si se les planta cara, se acaban achantando. Pero si no encuentran obstáculos, llegarán hasta el final.
Es labor de todos impedir que la Cataluña actual degenere hasta convertirse en una tierra en la que millones de ciudadanos sean despojados, poco a poco, de sus derechos más elementales. No no podemos permitir que se pisotee nuestra condición de ciudadanos de un país democrático, España.
Sergio Fidalgo es director de elCatalán.es

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