Los separatistas odian a Albert Boadella, a Joan Manel Serrat o a Javier Cercas porque como no son independentistas, y son tres ejemplos brillantes de la cultura que se crea en Cataluña, les han de negar la condición de catalanes, les han de reducir a la condición de enemigos del “pueblo”, de agentes colaboradores con una dictadura siniestra, la encarnada en el “Estado español”.
Los separatistas mandan así un mensaje muy claro: nos atrevemos con cualquiera que nos lleve la contraria por muy prestigioso que sea, así que mejor que os quedéis calladitos. Los viejos métodos del crimen organizado aplicados a la política catalana.
A los separatistas lo que les gustaría es que no hubiera elecciones, sino plebiscitos, pero mientras sus golpes de Estado no triunfen y sigan formando parte de nuestro país, y por lo tanto tengan que aceptar las normas democráticas que establece nuestro sistema constitucional, seguirán haciendo la vida imposible a los discrepantes para crear artificialmente una mayoría electoral.
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