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El Tomás Guasch de «la baraja del mal» y el inspector Iván de la Piedra

Uno de los momentos gloriosos de Guasch fue cuando, un 28 de diciembre, publicó una entrevista con James Sánchez Llibre

Por Sergio Fidalgo
martes, 31 de agosto de 2021
en Deportes
5 mins read
Foto: COPE

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La mejor forma de describir a Tomás Guasch es una anécdota que viví en el tanatorio de Sancho de Ávila. Acababa de fallecer su madre y fui a dar mis condolencias a la familia. En estas situaciones nunca sé muy bien que decir, como supongo os pasa a muchos de vosotros. Al llegar a la sala de vela me encontré a Guasch hablando con N’Kono. Tommy estaba muy serio, y Tomás parecía que también. Me acerqué a darle el pésame, y tras agradecerlo, y cambiando de repente el registro, se puso a contar chistes. Yo no me lo creía, pero Tomás es así, siempre dispuesto a sacar hierro a cualquier situación trágica o tensa. N’Kono sonrió y dijo algo parecido a “eres la leche”, porque también se sorprendió.

Mi primer recuerdo de Guasch fue en un debate que los socios de la Penya Universitària Blanc i Blava organizamos en 1991 en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona, junto a otros ponentes, como el entonces directivo Germán de la Cruz. Tomás se hizo en un momento con el auditorio, y recuerdo como aseguró que un diario deportivo que apostara por la información del Espanyol, y diera caña al Barça, tenía un hueco en el mercado periodístico catalán. En aquella época sonaba a cosa marciana, pero pudo llevar a cabo su sueño, al convertir años más tarde la delegación catalana de AS en un medio que tenía como referente informativo en las páginas locales al Espanyol, y que trataba al Barça como se merece, como una farsa que intenta embaucar a la buena gente.

‘Tamudista’ de primera hora, fue el autor de la única biografía oficial de Raúl Tamudo, ‘Ànima de carrer’, un buen libro que triunfó en las listas de ventas y que relanzó la edición en clave blanquiazul. Seguro que hay muchos más, pero yo solo conozco seis jugadores del Espanyol con biografía publicada en formato libro, no folletín: Juncosa, Zamora, Tamudo, Canito, Jarque y el que Marc Raymundo dedicó a Ferran Corominas y tuve la fortuna de editar. El de Guasch era un canto al fútbol nacido en la calle, a los jugadores que han sabido llegar lejos con su talento y una reinvidicación del fútbol catalán no azulgrana. Ocupa un lugar de honor en mi biblioteca particular.

Tras dejar Blanc i Blau comencé a colaborar en AS gracias a él, que me confió la información dedicada al entorno social blanquiazul y a las peñas pericas. Y también me permitió explayarme en columnas de opinión. Disfruté mucho esa época, incluso aquella en la que éramos los ‘malos’ oficiales del oficialismo blanquiazul, cuando nos señalaban con el dedo por pedir una mejor gestión del club y denunciábamos los errores del entonces presidente del club, Daniel Sánchez Llibre.

En aquella época nació ‘la baraja del mal’, una adaptación en clave perica de aquel juego de cartas que los militares estadounidenses repartieron a los soldados yanquis durante la guerra de Irak con los principales cabecillas a detener. Con unos textos humorísticos en los que colaboraba media redacción, Guasch se cachondeó de los voceros del ‘danismo’ yendo más allá. ¿Qué dicen que somos el demonio porque osamos criticar al presidente? Pues nos autodefinimos como el ‘mal’ y ponemos las caras de todos los discrepantes en la baraja. Piera, Ferran Martorell, Alberich, servidor de ustedes… muchos aparecieron retratados en un divertimento que dio mucho que hablar. Continuamente preguntaba a los redactores y colaboradores del diario a quien podíamos meter en la baraja, haciéndonos cómplices de esta genial gamberrada.

Otra genialidad de Guasch fue el ‘contador’. Cuando Dani anunció solemnemente la fecha de finalización de las obras del estadio, rápidamente apareció en la parte superior de la página que abría la sección el número de días que faltaba para tal día de gloria. ¿Un contador? Parece poco original. La gracia era que, conociendo la realidad de las promesas de Dani, había una convicción plena que no se cumpliría. Cada día menguaba la cifra, y el coliseo perico no avanzaba mucho. Y cuando el ‘0’ estaba cerca la duda era si comenzaba el contador en negativo o no. Porque esa era la gracia. Llegar al día ‘H’ y comenzar la cuenta atrás al revés, para que quedara en evidencia el enésimo incumplimiento.

Como ya las obras estaban en marcha, y la situación con el consejo estaba calmada y se había llegado a cierta entente cordial, al llegar al ‘0’ se hicieron reportajes sobre como iba la cosa, y se acabó el contador. O eso recuerdo, si mis neuronas no petaron. En esta clave de reírse de los voceros de la etapa más chunga del ‘danismo’, los que te acusaban de mal perico, culé y lo que hiciera falta para defender a su Mesías particular, Guasch se marcó unas aventuras del Inspector Iván de la Piedra que eran descacharrantes, unos relatos en los que hacía referencia a la actualidad blanquiazul, pero con mucho cachondeo con los ‘repartidores’ de carnets de buen espanyolista.

Recuerdo como un grupo de pericos, críticos con la directiva, nos invitaron a comer en un restaurante de Pedralbes a Tomás y a mí para contarnos sus puntos de vista. Fue simplemente un intercambio de pareceres, pero el oficialismo se enteró y durante semanas nos dieron más palos que a una estera. Lo consideraron una conspiración malvada que quería desestabilizar el club. Guasch y servidor flipamos ante tanta sobreactuación.

Uno de los momentos gloriosos de Guasch fue cuando, un 28 de diciembre, publicó una entrevista con James Sánchez Llibre, el hermano cirujano de Dani y Josep, residente en los Estados Unidos. Les juro que, años después, vi en el despacho particular de Daniel Sánchez Llibre esas páginas enmarcadas. Por supuesto, ni hermano, ni cirujano, ni residente en los USA, fue una coña de las suyas y se inventó al ‘cirujano’. Durante muchos años la mejor pieza de opinión de AS era ‘El Orsay’, la contraportada de los lunes en los que analizaba, con su estilo, la jornada liguera. Ni las sesudas columnas de Relaño, ni los análisis sesudos de sus columnistas podían competir con aquel derroche de creatividad e ingenio.

Gracias a él trabé amistad con compañeros de tapeos diversos, gente como Iván Molero, Alberto Martínez o Quique Iglesias, con los que he disfrutado de unas buenas bravas o una ración de pulpo de esas que quitan el sentío. Fue una bonita etapa de mi andar por este oficio de juntar letras y manipular al pueblo trabajador y soberano.

Fue una pena la manera que Guasch dejó AS. Pagó los platos rotos de una de esas guerras de grupos mediáticos, y le midieron con diferente rasero con respecto a otros compañeros de la casa. No ha sido el primero, ni el último, periodista de un grupo que ha colaborado en medios de otras empresas pero a él le pilló en un momento especialmente tenso, y le despidieron de mala manera. Lo sentí por él y por su familia, Montserrat, Susana y Tomás no se merecían que le trataran así después de haberse dejado tantas horas de su tiempo, que les podía haber dedicado a ellos, por un trabajo que idolatra.

Por suerte, Guasch es de esos periodistas que todos quieren tener en su equipo, y nunca le han faltado ofertas para seguir alegrando la vida a los demás. En el carrusel de la Cope, o en la media docena de televisiones y radios en los que colabora, sigue dando guerra. Y que dure, porque el inventor del ‘cagómetro’ culé merece seguir en activo por los siglos de los siglos. El día que se canse y se dedique a cuidar de sus nietos en su casa solariega de la Cataluña profunda, en esa en la que la España que él tanto ama es vista como una rareza que estorba, la información deportiva en este país será mucho más aburrida.

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Etiquetas: FútbolprensaRCD EspanyolTomás Guasch
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