⬛️⬜️El president @vila_boix té un missatge per a vosaltres.
Aquest 11 de setembre tenim l’oportunitat de fer visible que hi som.
Que el país està fent el tomb i que hem tornat.
Per deixar clar que no ens resignem.
O independència o decadència. pic.twitter.com/Erh3v1M9PP
— Assemblea Nacional Catalana (@assemblea) September 10, 2026
Las principales organizaciones independentistas, la ANC y Òmnium Cultural, intentan este año recuperar el músculo social perdido en las calles catalanas tras un largo ciclo de frustración y desmovilización. Ambas entidades han intensificado sus llamamientos para la manifestación de esta tarde, confiando en que el descontento acumulado devuelva la masiva afluencia a las manifestaciones soberanistas.
El presidente de la ANC, Josep Vila, ha admitido abiertamente los años difíciles marcados por las divisiones internas y la apatía ciudadana, aunque asegura que ahora percibe un cambio de tendencia en la sociedad catalana. Desde las filas soberanistas se recurre al habitual argumentario de culpar a la falta de autogobierno de problemas estructurales tan graves como la crisis de la vivienda, el colapso de Rodalies o las deficiencias en sanidad y educación.
Sin embargo, el discurso de la ANC ha experimentado una escalada verbal considerable, dirigiendo ataques directos tanto al presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, como al Ejecutivo autonómico de Salvador Illa. Vila no ha dudado en tildar al Govern de los socialistas catalanes de ejecutivo sumiso a intereses ajenos y torpe en su gestión, exigiendo a los ciudadanos que no permanezcan con los brazos cruzados.
Esta estrategia confrontativa busca erosionar la apuesta institucional del PSC por la pretendida normalización política, intentando resucitar el fantasma de un supuesto expolio fiscal y del maltrato sistemático del Estado. Para el socialismo gobernante, esta presión separatista supone un recordatorio incómodo de la fragilidad de sus alianzas, obligando a Illa a gestionar un delicado equilibrio entre las exigencias de sus socios y la estabilidad autonómica.
Mientras las entidades radicales apelan a un sentimiento de hartazgo para justificar su hoja de ruta, la realidad institucional de Cataluña reclama soluciones pragmáticas y alejadas de la agitación permanente en el espacio público. La manifestación de este Onze de Setembre se perfila así como un test de resistencia para medir si el independentismo aún conserva capacidad de influencia.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.
















