Desde que el partido socialista obrero español decidió abrazar el populismo totalitario de Pablo Iglesias y su camarilla, nuestro país se ve envuelto en una senda peligrosa e inquietante para las garantías democráticas. Lo que en principio parecía un acuerdo de conveniencia transitorio ahora ya se ha convertido en todo un proceso de demolición constitucional para alumbrar un nuevo régimen de tinte republicano y confederal. La crisis sanitaria que nos asola facilita el tránsito y a la vez nos muestra con toda su crudeza la agenda revolucionaria.
El mejor instrumento está siendo la utilización torticera del estado de alarma permanente avalado por la amalgama de fuerzas políticas a las que le une un único fin, la desmembración de la nación española. Y el mejor ejemplo de lo reaccionario y antidemocrático es la orden ministerial para abolir el derecho a la información y a la libertad de expresión. Cualquier avezado jurista sabe y conoce que lo que caracteriza el recto ejercicio de esos derechos fundamentales son el carácter de veraz en el primero y el respeto a la integridad moral en el segundo. Pero a nadie se le escapa que esa difícil misión solo corresponde a los jueces.
Cuando el poder se arroga esa tarea la mordaza y la censura están servidas. Le recomiendo humildemente a PP y a VOX que no lo dejen pasar. El PP se equivoca de nuevo si cree que las instituciones europeas lo impedirán, es una cuestión de orden interno que nuestra democracia debe resolver. Yo no quiero para mi país una democracia tutelada. VOX acertará de pleno si acude al Tribunal Constitucional para expulsar de nuestro ordenamiento una simple orden gubernativa que quiere cargarse nada más y nada menos que esos derechos fundamentales.
Cuando el poder ejecutivo quiere controlar a la prensa y silenciar a los disidentes lo siguiente es convertirse en una dictadura. Esa es la agenda de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez la ejecuta sin rubor. Las medias tintas, el conformismo y la corrección política nos hace súbditos en lugar de ciudadanos libres y críticos. Espero que el centro derecha español sea capaz de verlo venir sin necesidad de mayores sacrificios y con la mirada puesta en su unidad en lugar de la división. Que los voceros del regate corto y el oportunismo político no ahoguen la voz de quienes hace tiempo que venimos viendo cómo España, la libertad y su democracia reclaman más altura de miras y no estrategias divisivas. Nos la jugamos.
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