EL PROCESO (Carta a otro amigo señalado)

En la Cataluña de la vaporosa ratafía, de los ilusorios pasados míticos, de las bestias con forma humana cargadas de taras genéticas, de las Repúblicas de Narnia y especialmente de los amos supremacistas que se creen los únicos propietarios del terruño, sorprendentemente en el año 2018 ─a pesar de estar amparados por la Constitución y otras leyes─ se produce señalamiento y acoso, y tanto la policía autonómica, los Mossos d’Esquadra, como las policías municipales de los ayuntamientos amarillos han sido usadas para perseguir políticamente a honrados ciudadanos como tú, amigo Juan, cuyo único crimen es la desafección o rechazo del pensamiento único del régimen nacionalseparatista catalán que llevan 40 años tratando de imponernos su ideología y su modelo de sociedad supremacistas.

Hoy, amigo Juan, tú y 3 brigadistas de las admirables Groc&Lloc, Brigada 155 y Resistencia Vallès Oriental compareceréis a las 10:45 de la mañana en los juzgados de Martorell en el primer juicio rápido por retirar la basura nacionalseparatista que contamina nuestro espacio público y que contraviene el requisito indispensable de neutralidad institucional que exige la democracia más básica. Fuisteis denunciados el pasado 3 de octubre cuando retirabáis uno de esos trapos estelados que colonizan cual plaga bíblica los mástiles de las rotondas de diversos pueblos catalanes.

Os denunciaron agentes de la Policía Local de Sant Celoni afectos al régimen que además os advertían que la policía en Cataluña está “para proteger esta estelada y todas las que haiga (sic)”. Y este kafkiano proceso que injustamente hoy afrontáis no puede resultar en nada más que no sea el ámbito de lo grotesco en que vive cualquier nacionalismo o movimiento totalitario, y estoy convencido que así lo entenderá el juez.

Pero como bien sabes, Juan, el pogromo contra las brigadas de limpieza no es de ahora, tiene tantos meses como la prisión preventiva de los políticos golpistas y la consiguiente aparición de lazos amarillos y carteles de apoyo. La primera semana de mayo del año corriente, en un municipio limítrofe entre las provincias de Barcelona y Gerona, acompañé en una de sus muchas salidas nocturnas a la brigada de limpieza de Aixeca´t, a fin y efecto de retirar el agente tóxico amarillo que contamina tanto ecológica como ideológicamente el espacio público de nuestros municipios. Y algunos de los miembros fueron denunciados por dos agentes la policía local por el mismo hecho que se os imputan a ti, Juan, y a los otros tres compañeros denunciados: retirar un trapo estelado de tamaño considerable de un mástil municipal en una rotonda.

En palabras de uno de los dos agentes: “Esto lo ha puesto el ayuntamiento y ustedes no pueden quitarlo”. El mismo agente que a nuestra pregunta de si encontraba normal esa actitud del consistorio nos espetó: “Yo estoy muy cansado, tanto de los unos como de los otros, yo hago mi trabajo, denme la estelada y váyanse”. A la pregunta de si ellos, que en su condición de agentes de la autoridad, no deberían proteger la neutralidad institucional que exige la Constitución y el Estatuto, el otro agente nos respondió: “Yo lo único que protejo es mi sueldo”. La triste sumisión alimenticia a la ideología y no al Estado de derecho, claro ejemplo extrapolable a muchos ámbitos de la Cataluña actual.

La persecución oficial ─ya no desde los municipios sino desde la Generalitat─ de las brigadas de limpieza y de los ciudadanos preocupados por ver un espacio público ocupado de manera totalitaria por la grey nacionalista empezó con la fatwa o mandato de represión institucional emitido por el Poc Honorable Quim Torra (el mismo que posteriormente ha hecho un llamamiento a los CDR y a los suyos a apretar) a mediados de agosto. Los primeros identificados por los Mossos fueron 14 loables personas que, en el uso de su tiempo personal que podían estar dedicando a sus familias y amigos, retiraban lazos amarillos, carteles de presos políticos y esteladas de las calles de diversos municipios del sur de Tarragona (Móra la Nova, Tivissa y Vandellòs).

Fueron denunciados esgrimiendo para ello una infracción grave de la Ley 4/2015 de seguridad ciudadana, ¡una ley de ámbito nacional!, ya que al tener ERC ─los socios de Gobierno del Poc Honorable─ cerrado el Parlamento catalán en ese momento, Torra no había podido redactar y hacer aprobar una ley autonómica para tal atropello como se anunció por parte de su (des)Gobierno. La denuncia, como no podía ser de otra manera, afortunadamente no fue admitida a trámite.

Alvise Pérez (@Alvisepf) sintetizó en un tuit al respecto la triste realidad imperante en Cataluña y que dos meses después aún no ha cambiado ni un ápice: “14 identificados en un día por quitar una docena de lazos ilegales en zonas recónditas de Tarragona. NI UN SOLO identificado en más de SEIS AÑOS por colocar miles de lazos y esteladas ilegales en edificios públicos, instituciones, comisarías y plazas más transitadas de Cataluña”. Afortunadamente la justicia no admitió a trámite este vil atropello, propio de un régimen chavista o norcoreano, que es lo que realmente sería la republiqueta de Catadisney si algún aciago y tenebroso día viera la luz.

Pero no se piensen que un representante de la raza inferior como este discreto columnista no es capaz de encontrar un solo punto de acuerdo con un destacado gerifalte nacionalista, custodio de la pureza de la raza superior, como Torra. Tiene toda la razón el Nada Honorable Torra cuando afirma en su último vómito supremacista, Como un solo pueblo contra el fascismo, que hay que actuar contra el fascismo. Y que hay que frenarlo y erradicarlo de nuestras calles.

Pero quizás el Nada Honorable no recuerde la definición de que es fascismo, lo que me resulta muy chocante porque tanto él como su Gobierno como su movimiento nacional(ista) la cumplen a la perfección. Vean sino. El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y a la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas o revanchistas que conducen a la violencia, ya sea de las masas adoctrinadas o de las corporaciones de seguridad del régimen, contra aquellos que el Estado define como enemigos por medio de un eficaz aparato de propaganda, todo ello unido a un componente social interclasista y mediante una negación de este corporativismo estatal totalitario a ubicarse en un espectro político concreto con el fin de captar el mayor número de adhesiones.

Hoy, más que nunca, conviene recordar ─por enésima vez─ a los políticos nacionalistas, a los intolerantes, a los CDR, a esa legión de abducidos amarillos, y a todos aquellos bufones amparados por las instituciones separatistas ─ya sean de la administración catalana o de la sociedad civil nacionalista─ que la ocupación del espacio público con signos partidistas es siempre la clara expresión de vivir bajo un régimen de corte totalitario como lo fue el fascismo. Esto sucedió en la Italia y la Alemania de los años 20 y 30 del siglo pasado con el auge y triunfo del fascismo y del nacionalsocialismo, y sus consecuencias fueron las más nefastas que ha vivido el mundo en toda su Historia.

José Ramón Bauzá afirmaba en un artículo reciente que el concepto acuñado por Friedrich Ratzel del Lebensraum ─el espacio vital necesario para el desarrollo y expansión de un Estado, idealizado por la Alemania nazi─ sobrevive en el Catalunsraum de Torra y sus secuaces. Cierto. Y por ello Que por mucho que supremacistas com Quim Torra, Miquel Manubens, los consellers Buch, Puigneró, Borràs y otros dirigentes del movimiento nacional catalán quieran amedrentar a la ciudadanía catalana libre de nacionalismo con multas, juicios o con el peso de la ley no lo van a conseguir (paradójicamente quienes deberían estar preocupados por la ley deberían ser ellos). Y sobre todo que el conjunto de los españoles, amparados por el Estado de derecho, no vamos a permitir jamás que tenga éxito su plan de balcanización de Cataluña y el advenimiento de la violencia que tanto anhelan como motor liberador de su opresión nacional.

Al fascismo se le combate, Poc Honorable, ¡claro que sí!, máxime si los fascistas paradójicamente se autodenominan antifas o antifascistas y encima están en el gobierno de las instituciones. En un artículo en este mismo periódico, Miquel Escudero nos recordaba que Federico Fellini sostenía que el fascismo sólo puede ser combatido, con eficacia y de verdad, cuando “reconocemos que no es más que el lado estúpido, patético y frustrado de nosotros mismos”. Las hordas de zombies amarillos y sus líderes algún día deberán reconocer ese lado patético y darse cuenta de su propia podredumbre, y del daño que le han hecho al conjunto de la sociedad catalana.

Yo, como tú, Juan, y tus compañeros de brigada y muchos otros probos ciudadanos obedientes de las leyes, quito lazos y esteladas del espacio público, para tratar de restaurar simbólicamente el Estado de derecho y el imperio de la ley que parecen haberse deslizado hacia una fosa séptica en la Cataluña actual gobernada por sediciosos, golpistas y supremacistas. Soy una víbora, un carroñero, una bestia con forma humana, tengo taras en el ADN, sí, y por eso #YoQuitoLazos y no tengo miedo del hombre del saco estelado ─o del monstruo de la ratafía─ y de la Brigada Político-Social en que se han convertido algunos agentes de la policía autonómica y de las policías locales y que son instrumentalizados por el lado amarillo de la fuerza para tratar de amedrentarnos, someternos y que cesemos de descontaminar el espacio público. Aviso para navegantes de procelosas aguas amarillas: en ese empeño jamás vamos a cejar.

No tenemos miedo. Por eso unos cuantos ciudadanos participamos de la autoinculpación masiva por retirar símbolos ideológicos organizada por la histórica Asociación por la Tolerancia el 6 de septiembre en la comisaría barcelonesa de los Mossos en Les Corts.Por todo ello, sirva este artículo como doble reconocimiento y homenaje tanto a todos aquellos catalanes que, como tú Juan, se han liberado del nacionalismo, han perdido el miedo y han decidido restaurar la neutralidad ideológica que jamás debería haberse perdido en el espacio público (y que habéis sido perseguidos por ello), y a todas aquellas asociaciones y sus integrantes como la propia Tolerancia y otras muchas ─antiguas y nuevas─ que tanto han luchado por la concordia, la convivencia, el respeto y el estado de Derecho en Cataluña, muchas de ellas escasas de recursos, pero que han permanecido inmóviles como los escollos contra el viento y la tempestad contra las adversidades nacionalistas.

Y es que Cataluña, con procesos como el vuestro, amigo Juan, y a pesar de la fractura social, los intentos de balcanización y la incitación a la violencia, más que a una película de Robert Aldrich o de Quentin Tarantino empieza a parecerse grotescamente a una de Fellini.

Pau Guix
09 de octubre de 2018


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