El bochorno que llevamos acumulado tras la invasión sufrida en Ceuta no tiene visos de corrección ni mejora. La sumisión del Gobierno de España, silenciosamente cumplidor de las apetencias y los deseos del hermano Mohamed, está empezando a ver la luz de un modo más que evidente.
Salvo que tengas una dependencia que pueda condicionar tu postura objetiva, o que haya un vínculo directo con los mamarrachos que hacen el papel de gobernantes de España sin tener la mínima capacidad exigible para sostener un cutre circo de feria, el diagnóstico es más que claro y señala sin dudas a los culpables de toda esta desgracia. Parece activado el plan de futuro para Ceuta, viendo las intenciones sumisas del sanchismo y su sometimiento encubierto al mando único de Rabat.
Conforme el tiempo pasa queda más patente la preferencia de este Gobierno traidor por las condiciones de los invasores, en lugar de primar la preocupación por el bienestar de los compatriotas nativos residentes en la ciudad española que ha sido invadida. Muy a nuestro pesar, al creer que nunca veríamos una traición de este calibre, se diluyen las dudas al buscar la complicidad y connivencia del régimen sanchista con las pretensiones del reino alauita.
Es increíble la postura negacionista y manipuladora de Sánchez y sus palmeros, a la hora de eludir la responsabilidad primaria de Marruecos en la invasión, y la pregunta que todos nos hacemos es: ¿qué conocen los servicios secretos marroquíes para llegar a condicionar hasta este punto a los impresentables de la mafia corrupta del gobierno? ¿es tanto cómo para poner en jaque nuestra soberanía nacional?
Tras seis semanas de penuria y de sufrimiento en las calles de Ceuta, estando preocupado por las condiciones y bienestar de los residentes españoles y de sus familias, parece que no pinta nada bien. Duele pensar que la vida cotidiana y normal de los ceutíes ha cambiado radicalmente tras la llegada masiva de las tropas híbridas del otro hermanísimo de Sánchez. Un contexto que, comprensiblemente, genera mucha angustia entre la población. Ven que no se ha actuado a la altura de las circunstancias y que las soluciones chapuceras que se van arbitrando van para largo.
No zanjar el tema en caliente, cumpliendo con lo exigible ante una injerencia a la soberanía nacional española como sentenció el propio Sánchez antes de ser llamado a capítulo, nos ha llevado a un callejón oscuro que hace previsible una larga travesía que puede dinamitar el futuro y la sostenibilidad de los que nos deberían preocupar y ser nuestra gran prioridad.
El uso desesperado de numerosos espacios que eran para el uso y disfrute de los ceutíes, reclasificados para dar cobijo a los que desde hace ya seis semanas deberían haber vuelto por donde vinieron cumpliendo la orden de vuelta como hicieron con la de ida, está afectando a la vida de los residentes. Unos vecinos que no quieren lo que ven a escasos metros de sus casas.
Entre la población española residente empieza a cundir el descontento y la incertidumbre, viendo un futuro muy poco alentador si la cosa no se arregla y no se logra con rapidez que cada mochuelo vuelva a su olivo. La paciencia da síntomas de agotamiento y empieza a oírse cierta intencionalidad a la hora de abandonar una tierra que es suya. Algo que también es nuestro y que no podemos permitir al ser, justamente, el objetivo que pretenden los expansionistas y los que ningunean desde dentro a la nación española.
Debe cambiarse el destino tomando iniciativas que cumplan con las indicaciones de nuestros socios europeos, devolviendo a Marruecos a todos los invasores con el claro mensaje de que ese será el camino que le espera a cualquiera que entre ilegalmente en España en adelante. Y debe hacerse cuanto antes, dado el riesgo que supone el abandono de este tema como noticia como cabecera, pasando a ser un asunto enquistado que ya no esté, interesadamente, en el candelero.
Si a los invasores les damos cobijo con colchones para dormir mejores que los proporcionados a nuestros propios policías, les proveemos de comida, bebida y aseo sin una dieta ridícula como tienen los que han ido a protegernos, les facilitamos wifi sin coste y seguimos mirando a otro lado con el chabolismo, el exhibicionismo, las agresiones sexuales o el incremento en la delincuencia, parece claro que la pesadilla se dilatará en el tiempo.
Los españoles hemos de estar a la altura y dar a nuestros compatriotas el apoyo y ánimo que merecen. En la medida de nuestras posibilidades hemos de hacer lo que corresponda para que haya garantías de futuro, haciendo que este arreón haya sido el último. Algo que pasa, por ejemplo, abandonando cualquier apoyo electoral que sea susceptible de dar continuidad a impresentables como los que hoy nos gobiernan.
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