El Parlament de Cataluña volvió a convertirse en el escenario de un espectáculo perfectamente orquestado para el consumo del separatismo. La recepción oficial dispensada al exconseller Lluís Puig supuso un nuevo episodio de degradación institucional en la Cámara catalana. Lejos de actuar con la neutralidad que exige el cargo, la presidencia de la Cámara volvió a situarse al servicio de la causa independentista.
El desarrollo de la jornada dejó en evidencia cómo el aparato institucional catalán asume con absoluta naturalidad la propaganda de parte. Josep Rull actuó más como un militante entregado que como la máxima autoridad de un órgano que representa a todos los catalanes. La intervención del presidente del Parlament certificó el uso partidista de una institución que debería velar por el respeto a la legalidad y al conjunto de la ciudadanía.
Las reacciones de la oposición no tardaron en llegar tras el homenaje inicial. El Partido Popular denunció sin paños calientes lo que calificó de «espectáculo vergonzoso», sumando este acto a la larga lista de abusos perpetrados por el nacionalismo. Cristian Escribano censuró la evidente doble vara de medir del presidente de la Cámara ante las manifestaciones del hemiciclo.
El reproche popular puso el foco en el sesgo persistente de la Mesa a la hora de aplicar el reglamento. Mientras se persigue con rigor cualquier protesta de la oposición, se aplauden y celebran los desmanes de las formaciones independentistas. Esta falta de imparcialidad mina de forma constante el prestigio y la dignidad de la representación parlamentaria.
Por su parte, VOX dirigió sus críticas tanto al acto institucional como al marco legal que lo ha hecho posible. El diputado Manuel Acosta subrayó el carácter arbitrario de una legislación diseñada a la medida de los intereses particulares del Ejecutivo central. La crítica apuntó directamente a la cesión permanente frente al separatismo a cambio de estabilidad política.
La presencia de los grupos parlamentarios de la izquierda en los aplausos evidenció su total alineación con el relato separatista El Partido de los Socialistas de Cataluña volvió a sumarse sin fisuras al coro de felicitaciones por el regreso de Puig. Esta actitud ratifica la renuncia del PSC a ejercer como alternativa firme frente a los desmanes del nacionalismo.
Desde ERC hasta los Comunes, pasando por la CUP y Aliança Catalana, la complicidad fue absoluta durante el arranque del pleno. La coincidencia en el festejo muestra la solidez del bloque procesista cuando se trata de blanquear el pasado.
La primera moción del día, teóricamente dedicada a la protección de los derechos humanos, sirvió de mera coartada para escenificar la unidad del bloque separatista Las intervenciones iniciales de los grupos parlamentarios ignoraron el fondo del debate para volcarse en la propaganda política. La instrumentalización de las causas nobles volvió a ser la tónica habitual en la sesión.
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