Toni Comín formalizó este jueves sus trámites en el Congreso de los Diputados para acceder al acta de eurodiputado. El dirigente de Junts per Catalunya acudió a la capital de España ante la Junta Electoral Central. Allí utilizó la fórmula habitual del separatismo para acatar la Carta Magna. El uso del catalán y la alusión explícita al referéndum ilegal del 1 de octubre volvieron a marcar su discurso.
El trayecto madrileño no impidió que el exconseller mantuviera la escenografía del desafío permanente al Estado de derecho. Comín insistió en que su presencia en la Cámara Baja respondía exclusivamente a un mero trámite administrativo. El político se esforzó en desvincular esta gestión de su prometido retorno definitivo a Cataluña. Su objetivo sigue siendo escenificar una victoria política a través de la propaganda.
Antes de acudir al Congreso, el eurodiputado electo aprovechó la infraestructura estatal para renovar su documento nacional de identidad. Realizó el trámite en las dependencias policiales ubicadas en el propio edificio de las Cortes Generales. Sin embargo, no dudó en restar trascendencia al hecho de pisar la capital española. Equiparó su viaje a Madrid con cualquier otra visita técnica realizada a capitales europeas.
El relato del exconseller se radicalizó en sus declaraciones ante los medios de comunicación desplazados a la capital. Afirmó con rotundidad que el Estado español ha acabado capitulando frente a la estrategia separatista. La rebaja de las exigencias judiciales a los líderes del proceso soberanista alimenta la soberbia del discurso rupturista. Esta impunidad percibida por los líderes independentistas erosiona el prestigio de las garantías constitucionales.
El regreso a Cataluña está programado para el próximo domingo mediante un cruce peatonal de la frontera gala. Comín pretende convertir la travesía de la divisoria pirenaica en un acontecimiento político de primer orden. La puesta en escena busca reanimar el desanimado electorado nacionalista tras los sucesivos reveses en las urnas. La política espectáculo continúa guiando los pasos de la formación de Carles Puigdemont.
La comparecencia ante la Junta Electoral Central evidencia el coste de la política de apaciguamiento del Ejecutivo central. El Gobierno socialista concede espacio a la épica separatista a cambio de la estabilidad parlamentaria en Madrid. Los líderes del proceso independentista regresan a la vida pública sin haber mostrado ni un solo atisbo de rectificación.
La visita de Comín al Congreso confirma la absoluta normalización de las fórmulas de acatamiento a la carta magna al límite de la legalidad. Las instituciones ceden paso a consignas partidistas en lugar de exigir el estricto respeto al orden constitucional. La degradación de la solemnidad parlamentaria continúa avanzando sin encontrar resistencia en la mayoría parlamentaria.
El secesionismo encara el tramo final de su estrategia con la complicidad de las concesiones normativas del sanchismo. Los antiguos implicados en el desafío de 2017 rentabilizan la debilidad política de la Moncloa para legitimar sus actos. Mientras tanto, la oposición contempla cómo la legislación se adapta a las exigencias de quienes pretendieron romper la unidad del país.
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