Pedro Sánchez no arroja la toalla. El actual presidente del Gobierno insiste en que su continuidad en el cargo está justificada. Para él, «vale la pena gobernar», incluso en un contexto que califica de «tiempos tan convulsos y complejos».
Sin embargo, esta visión de la complejidad se enfoca selectivamente. Sánchez solo mencionó la pandemia, la guerra de Ucrania o el conflicto en Gaza. Curiosamente, dejó a un lado los problemas que azotan directamente a su partido y a su entorno más cercano.
Ni rastro de la creciente lista de escándalos de corrupción. Tampoco hubo menciones a las polémicas de acoso que salpican a diferentes cargos socialistas. Para el líder del PSOE, las verdaderas dificultades parecen venir siempre de fuera de España.
Sánchez se considera casi víctima de una «mala suerte» histórica por tener que gestionar tales crisis globales. Pese a estas adversidades externas, el presidente afirmó que la experiencia de gobernar le resulta altamente satisfactoria a nivel personal.
Pero su argumentario no se detiene en lo personal. El presidente está convencido de que su gestión de izquierdas es un gran negocio para el conjunto de la sociedad. En un mitin en Extremadura, con motivo de las elecciones autonómicas, desplegó su mensaje.
Aseguró que a los españoles «les sale a cuenta» tener al PSOE en el poder. Utilizó ejemplos muy concretos y ya recurrentes en su discurso. Citó la revalorización de las pensiones y el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI).
También mencionó las becas para jóvenes y, en un tono combativo, defendió las políticas de su Gobierno para las mujeres frente a la violencia de género. El mensaje era directo: «Suerte que gobernamos nosotros», insistió ante los asistentes.
Desde Cáceres, donde apoyaba al candidato local a la Junta de Extremadura Miguel Ángel Gallardo, la táctica habitual era el contraste. Cargó contra el Partido Popular (PP), acusándolos de «mirar hacia otro lado» ante los problemas reales de los ciudadanos. Para Sánchez, la esencia de gobernar es «dar la cara, afrontar los problemas y dar soluciones». Una definición encomiable, pero que choca con su silencio sobre la corrupción o las polémicas internas.
El mitin de campaña para las elecciones extremeñas del 21-D concluyó con una máxima sobre la resiliencia socialista. «El socialista no es quien nunca cae, sino quien siempre se levanta», sentenció Sánchez. Un mensaje que, en el contexto actual de investigaciones, suena a urgente necesidad de autodefensa más que a simple filosofía política.
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