Este viernes, 28 de octubre, raspando el Halloween, Jaume Roures vino al Parlament de Cataluña. Vino a comparecer ante la comisión de control de la CCMA, lo cual de por sí ya era un tremendísimo acontecimiento. Hablamos de un hombre que lleva muchos, muchos años, colocando en TV3 una cantidad ingente de productos, documentales, concursos, encargos, corresponsalías en Washington, el FAQS, la gestión del canal de Youtube de la CCMA, etc, etc (yo una vez le dije, sólo medio en broma, a Vicent Sanchis, antiguo director de TV3: a ustedes cuando se les agota el papel higiénico, se lo alquilan a Mediapro…).
Quiso la casualidad que Roures y yo llegáramos al Parlament casi a la vez. De repente me di cuenta de que caminaba como unos diez pasos por delante de mí: si yo no remoloneaba, ¿nos cruzaríamos en la entrada? Un poco más y sucede, porque él intentó entrar por la puerta reservada a diputados y personal autorizado, y amablemente los Mossos le tuvieron que redirigir al acceso de visitantes.
Premonitorio detalle de una comparecencia marcada de principio a fin por la soberbia. Pero no una soberbia de esas magníficas que exhiben a veces ciertos grandes hombres, no. La soberbia de Roures es cutre. De matón de patio de colegio, no de esquina de Pedro Navaja.
La comparecencia en sí parecía una buena noticia porque a Roures había y hay muchísimo que preguntarle. Pero fíjense a qué extremos hemos llegado (y llegaremos, me temo…), que para empezar casi todo el mundo fue víctima de una colosal confusión. Todo el mundo daba por hecho que el magnate de Mediapro estaba allí requerido por Ciutadans y el PSC, que es verdad que siempre lo hemos pedido. Pues no. La petición de comparecencia que se aprobó, la que obtuvo los votos para hacerse realidad, la había presentado ERC.
Pronto quedó claro con qué objeto la pedían: hacerle a Roures un enjuague/masaje que si lo piensas no presagia nada bueno. ¿Por qué un hombre como este, que se cree que la calle y la tele (más el hub audiovisual de les Tres Xemeneies, ay…) son suyas, se digna a “rebajarse” a dar explicaciones a una panda de matados, perdón, de diputados? ¿Acaso estamos en un proceso de lavado de imagen y blanqueamiento, previo a una nueva oleada de contratos con Roures a una escala nunca vista hasta ahora?
No se lo pierdan, incluso viniendo teóricamente a “fer bondat”, eso es, a someterse a control parlamentario, soltó perlas difíciles de olvidar:
- Yo en realidad contrato poquísimo con TV3. Con lo que me pagant ellos, ni pa pipas tengo.
- En Mediapro no estamos inmersos en ningún proceso judicial ni nos investiga nadie por nada. ¿Triacom? ¿Qué es eso? ¿Qué tengo que ver yo con las preguntas del juez Pedraz sobre una productora absorbida por la mía, cuyo director ha estado a sueldo mío, se supone que sobrefacturando sus servicios para desviar dinero al 3 per cent? ¿Me han visto cara de comisionista o qué?
- Es verdad que mi socio Tatxo Benet llamaba a David Madí, recientemente condenado a 14 meses de prisión, pero no era para exigirle que colocara nuestros productos en TV3, era para preguntarle si sabe dónde hacen injertos de pelo a buen precio
- Nunca nos han condenado por soborno. Aceptamos un acuerdo con la fiscalía de Brooklyn que incluía el pago de una multa millonaria porque lo nuestro es la beneficencia
- Los portales de transparencia son para gilipollas
- Los periodistas que me acusan de estafar, de dejar trabajadores en la calle por docenas o de ser un trotskista de salón son unos “xitxarel.los” a los que voy a freír a querellas, da igual que me las archiven todas: los pobres siempre sufren cuando ven llegar un papel del juzgado
- No me da la gana decir hoy lo que cobraba Pilar Rahola en el FAQS porque si lo digo ese será el titular de mañana, y eso no me interesa. Pero si se ponen tan pesados, la semana que viene se lo diré por carta al presidente de esta comisión, que es del PSC
Etc.
Huelga decir que Roures no había venido a dar explicaciones del caso Triacom ni de nada. Justo antes de que compareciera él, la comisión tumbó una propuesta mía, de Ciutadans, para mejorar la transparencia y las auditorías de TV3, dotarla de un contrato programa, evitar que vuelvan a pagarse Polònies con fondos europeos y sí, también contratar con productoras poco ejemplares, con procesos judiciales abiertos, aquí, en Brooklyn o en Madagascar. Sólo votaron a favor el PP y Vox (bueno, Vox no votó lo del contrato programa, porque ellos quieren cerrar TV3, así, sin más).
Los Comuns se abstuvieron, más que nada porque ellos no están en la coalición Frankenstein que se ha repartido los puestos del consejo de la CCMA: Junts, ERC y PSC. Pero se abstuvieron bajito porque es pública y notoria la proximidad de los morados a Roures. Detalle no menor, la CUP no se atrevió ni a dar la cara. Ni aparecieron. Es que esto de ser antisistema pero de aquella manera a veces aboca a contradicciones superlativas…
Tan superlativas como las de Salvador Illa, que dijo que venía a “regenerar” la Corpo pero a la hora de la verdad, ni pluralidad, ni transparencia, ni contrato programa. Ya ni siquiera es capaz el PSC de impedir que Roures vuelva a campar a sus anchas en Moncloa, de la mano de un redivivo Miguel Barroso, paladín de los intereses del grupo Prisa como en su día lo fue de los de la Sexta. Los socialistas le han cogido el gusto a la estrategia de debilitar los medios públicos cuando gobiernan, en favor de medios privados donde esperan seguir mandando antes, durante y después de gobernar. Exactamente igual que Pablo Iglesias, que vuelve a desplegar en la penumbra sus superpoderes arácnidos, muy a partir un piñón precisamente con nuestro Citizen Kane trotsko, con Jaume Roures…
Como atinadamente dijo alguien ayer, la coalición de Frankenstein que se ha hecho con el control de la CCMA vive ahora mismo turbulencias interesantes: fue el pacto de dos partidos de gobierno con uno de la “oposición” (aunque se hace difícil asociar ese concepto con la gestión que del mismo hace Salvador Illa), ahora lo es de sólo uno de gobierno, ERC, con dos técnicamente de oposición, Junts y PSC.
En la audaz geometría variable, también comunicativa y televisiva, a la que Pere Aragonès se ha lanzado, ERC tiene que ver cómo conjura los viejos demonios sociovergentes, a plena máquina en la Diputación de Barcelona (donde madame Puigdemont sigue cobrando un potosí por un programa de tele que no ve nadie), y parece que una de las estrategias que se le han ocurrido es tender puentes con todo ese inframundo que pasa de morado oscuro, donde Roures e Iglesias hacen listas de periodistas afines y no afines, cortan cabelleras y gaznates. Y, encima y sobre todo, se lo llevan muerto.
Mira que si el PSC no sirve, no diré ya para reformar la Corpo, sino ni siquiera para controlar que no degenere todavía más… apaga y vámonos, Salvador.
Anna Grau es diputada de Cs en el Parlament
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