El crédito de Manolo González empieza a agotarse en un banquillo que se ha convertido en un auténtico laberinto. La derrota ante el Getafe en el RCDE Stadium no fue un accidente, sino la confirmación de una crisis estructural que el técnico gallego no logra atajar. Dos errores infantiles de la zaga en el tiempo de descuento de la primera parte regalaron el partido al conjunto madrileño y evidenciaron que el equipo sufre una desconexión competitiva alarmante en los momentos críticos.
La realidad numérica es demoledora y no admite matices. El Espanyol firma un inicio de 2026 nefasto, habiendo sumado únicamente cuatro puntos de los últimos 36 posibles. Esta racha de doce jornadas sin conocer la victoria ha desplomado al equipo hasta la undécima posición de la tabla. Aunque el descenso aún se mantiene a una distancia prudencial de nueve puntos, la inercia negativa y la falta de solidez defensiva generan un pesimismo creciente en el entorno perico. Los malos arbitrajes no ayudan y un criterio sospechoso en el VAR mosquea, pero los regalos defensivos son los que condenan al Espanyol.
Manolo González sigue sin encontrar la tecla para frenar la sangría de goles en contra. A pesar de los intentos de reacción, como el tanto de Roberto que maquilló el resultado, la fragilidad en las áreas castiga cualquier atisbo de buen juego. Sin un muro fiable atrás, el proyecto se tambalea y la temporada corre el riesgo de convertirse en un calvario si no se produce un cambio radical tras el parón de selecciones.
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