Una de las claves de los atracos que sufrió el RCD Espanyol hace un par de temporadas, cuando el VAR nos mandó directamente a Segunda División sin que el club plantara cara de verdad, es que no pintamos nada en ningún organismo.
No es que no se nos respete, es que no existimos. De ahí que los pericos hayamos vivido situaciones de difícil explicación. El error existe, pero cuando se repite, y el perjudicado es siempre el mismo club, es que su capacidad de influencia en los despachos es insuficiente.
El fútbol también se juega en los despachos, y hay que saber cómo hacerlo. Y el Espanyol, que hubo una época en que se hacía respetar en las instituciones, ha perdido esa capacidad de influir. Nos hemos de hacer respetar, por historia, tradición y por nuestro peso social.
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