(Con mi agradecimiento a El Catalán, donde he publicado parte de los artículos que aparecen en este libro -La verdad sea dicha, Editorial Círculo Rojo- que recoge una selección de artículos que he ido publicando a lo largo de los diez últimos años en distintos medios: La Nueva Crónica, El País, Libertad Digital, Crónica Global, El Catalán y El Mundo, entre otros).
Te ofrezco en él, discreto, curioso y exigente lector, un ramillete de artículos escritos a vuela tecla, nacidos de las incitaciones del momento, pero compuestos a modo de tapiz, con todo el cuidado y la atención que requiere el trenzado del hilo discursivo, porque todo texto es eso, un entretejer de ideas y conceptos que acaben componiendo un cuadro que refleje la realidad de lo que vemos y vivimos. Respondo así al deseo de muchos lectores que con frecuencia me han sugerido reúna y publique estos artículos en forma de libro.
Presentarlos así, para poder ser leídos con la calma, la continuidad y la libertad que el libro ofrece, sustrayéndolos de la vorágine y volatilidad del momento en que fueron publicados, es también asumir mi responsabilidad como escritor no circunstancial, pues siempre ha concebido el escribir como el acto más consciente y responsable de cuantos hago en mi vida. Para mi satisfacción, al releerlos ahora he podido comprobar que, en efecto, su interés va más allá de las circunstancias que me incitaron a escribirlos y que pueden ser leídos y disfrutados, por tanto, sin necesidad de conocer en esas referencias concretas.
Hablo de disfrutarlos, o sea, de leerlos con provecho y placer para el cuerpo y el alma, que la palabra es inseparable de ambos. He procurado escribir dejándome llevar por el canto de sirena de los clásicos, a los que debemos la maravillosa lengua con que hablamos, pensamos y sentimos. De ellos viene el gusto por el concepto, la pasión por la idea que busca decir lo nunca dicho, y la seducción por la metáfora, que trata de decirlo del modo como nunca antes fue dicho. Hacer pensar y hacer sentir la belleza de la palabra y el concepto que expresa.
He reunido estas páginas respetando el orden cronológico y el medio periodístico en que fueron publicadas. Podrá seguir así el lector el ritmo de la vida, la variedad de estímulos y afanes que el tiempo, que es rueda que no cesa en su girar como la Tierra, va haciendo pasar ante nuestros ojos, o a nosotros haciéndonos pasar ante él. Al ser artículos cortos, invitan también a una lectura sin ataduras ni prisas, siguiendo cada uno el orden voluntario o azaroso que quiera. Encontrará así páginas en las que resuena el eco de otras, temas que, como variaciones musicales, van modulando e intensificando una melodía que espero acabe seduciendo al lector.
Pensé en un principio agruparlos de acuerdo con su contenido para facilitar una lectura temática más ordenada, pero pronto me di cuenta de que era imposible, porque cada artículo despliega su fulgor, diríamos, sobre el cielo infinito y en medio de la noche. Etiquetarlos y encerrarlos en un tema condicionaría su lectura; he preferido que el lector los relacione e integre dentro de su mundo con total libertad. Los matices son esenciales, las sugerencias, los destellos van en todas direcciones, porque lo que intentan es iluminar una realidad poliédrica, polimorfa e inabarcable, motivo también por el cual he renunciado a encasillarlos.
Son los temas políticos los que más espacio ocupan en esta selección, como comprobará el lector, pero también podrá observar que nunca la política va separada de otras preocupaciones vitales, que son las que dan sentido y relevancia a las inquietudes políticas. Forman un todo estos artículos, y unos temas se iluminan con otros aparentemente muy alejados. Ni la política está separada de la filosofía, ni la filosofía de la psicología, ni la psicología de la biología, ni todo ello de la economía. Como la realidad, somos un todo inseparable que busca el orden, la unidad y la armonía.
Escribió Quevedo en sus Sueños, que “el mundo está para dar un estallido” y dado que “la calle mayor del mundo llámase Hipocresía”, no puedo resistirme al impulso de desenmascarar a quienes mandan y nos mandan, acudiendo incluso al sarcasmo controlado como recurso para alertar a los pusilánimes y despertar a los acomodaticios. Porque vivimos un momento oscuro en el que sólo la luz de la verdad podrá darnos la fuerza para evitar el desguace de nuestra nación y el inevitable enfrentamiento civil al que esto nos conduciría.
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