El RCD Espanyol afronta este domingo a las 14:00 horas una cita determinante en el Martínez Valero. Tras una racha negativa de solo dos puntos de los últimos veinticuatro posibles, el equipo de Manolo González llega a tierras ilicitanas con la obligación de puntuar para no despedirse definitivamente de sus aspiraciones europeas.
El conjunto perico, que habitó en la zona noble durante gran parte del curso, se encuentra ahora en una encrucijada clasificatoria que marcará el objetivo real de lo que resta de temporada. La principal debilidad del grupo reside en una parcela defensiva que ha perdido la contundencia de meses atrás.
El equipo muestra una fragilidad alarmante y los nombres propios de la retaguardia están bajo el foco. Jugadores como Omar, Cabrera o Calero, que fueron fundamentales en el sólido arranque liguero, no atraviesan su mejor momento y están lejos del nivel competitivo necesario para sostener las aspiraciones del club.
Una derrota frente al Elche obligaría al Espanyol a cambiar radicalmente su discurso y centrarse exclusivamente en la permanencia. La sombra de la temporada pasada, en la que la salvación se certificó de forma agónica en la última jornada, planea sobre la plantilla.
Por ello, el partido de este domingo no es solo una cuestión de puntos, sino la última oportunidad para demostrar que este equipo puede mirar hacia arriba y evitar un final de liga marcado por el miedo al descenso dado que la distancia con los puestos calientes es cada semana menor.
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