El debate de candidatos de TV3 no ha aclarado demasiadas cosas, aunque hay tres lecciones que sí podemos extraer. La primera, que Alejandro Fernández es un gran candidato, y que se le hubieran dejado hacer en campaña lo que ha hecho en los últimos tres años en el Parlament no tendría unas perspectivas electorales tan delicadas.
La segunda, que los nervios en Génova y en la sede catalana del PP le llevó a Fernández a dedicarse a fondo a atacar a VOX. Cuando un digital tal sectariamente separatista como Vilaweb te dedica elogios en su titular («El dia que el PP va guanyar el debat de TV3) y te da como ganador por «parar los pies a VOX», es que has metido la pata hasta el fondo cuando lo que se trataba era de «parar los pies» a los golpistas, que en ese plató eran Borràs, Aragonès y Sabater.
Alejandro Fernández hizo magníficos alegatos en defensa del constitucionalismo durante el debate, como el gran orador que es, y criticó a los candidatos secesionistas, pero lo que quedará en la retina de los espectadores es la cera que le repartió a Ignacio Garriga. En la jornada del martes se certificó el ‘sorpasso’ de VOX. Entre Fernández y la patética entrevista de Pablo Casado en RAC-1 le dieron un par más de escaños a los de Abascal. Hay cosas que no se entienden por mucho que se traten de explicar, y la autodestrucción por fuego amigo del mejor candidato en liza, Alejandro Fernández, en solo tres meses, pasará a ser objeto de estudio en los manuales de Ciencias Políticas. Ojalá salve los muebles, porque Alejandro es un activo que el constitucionalismo catalán necesita.
La tercera gran lección es que Dolors Sabater es de Marte. Decir que es una «fanática» en una coalición / espectro / ámbito / comuna como la CUP llena de fanáticos ya es decir mucho. Pero hablar de los «políticos» en tercera persona cuando se ha sido alcaldesa de una ciudad de más de 200.000 habitantes, ir dando lecciones de hablar sobre el «pueblo» mientras los cachorros de su formación amedrentan y señalan por las calles a los partidos no secesionistas, e ir insultando a los otros candidatos (le llamo «cínico» a Illa) cuando al mismo tiempo se exige a los demás apoyo a sus propuestas, demuestra que no solo no vive en este mundo, sino que tampoco tiene demasiado interés en hacerlo.
Illa recibió de todos, y repartió a todos, sin levantar demasiado la voz, salvo cuando Sabater le insultó. Salió a no perder, y lo consiguió sin demasiados problemas, lo que era una tarea difícil al representar al partido en el Gobierno de España y haber tenido la labor de ser ministro de Sanidad tras una pandemia. Garriga sabía a que electorado se dirigía y fue difundiendo sus mensajes, en muchos casos ignorados por el resto de candidatos. Carrizosa ha demostrado en los dos debates televisados (TVE y TV3) que es más duro de roer de lo que muchos esperaban, y se le vio cómodo en el papel de candidato de la, todavía, primera fuerza del Parlament. Y Borràs demostró el porqué Junts se va a comer con patatas a Aragonès en las urnas: tiene más sangre en las venas, dentro de la locura separatista su victimismo es más fácil de vender y porque cuando habla parece que se cree lo que dice. Cuando Aragonès abre la boca lo que consigue es una gran siesta colectiva a su alrededor. Chacón fue el fantasma de las navidades pasadas, y parece que será difícil que lo sea de las pesadillas futuras. Albiach, a ver si la aritmética electoral le convierte en consellera, y poco más. El tono en general fue agrio, más pendiente de piques entre unos y otros que en lanzar propuestas útiles.
Ahora solo queda votar el 14-F. No se quede en casa, el secesionismo puede ser vencido en las urnas, pero tenemos que movilizarnos todos.
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