El desastre de Rodalies – los trenes de cercanías en Cataluña – ha tenido esta última semana su pico más grave, pero desde que Pedro Sánchez ha llegado al Gobierno ha sido incapaz de enmendar la situación. Tampoco la Generalitat ha aportado mucho dado, que el traspaso de la gestión de este servicio no se ha traducido en mejoras, más bien al contrario.
Con Pere Aragonès el servicio no iba bien y con Salvador Illa ha empeorado hasta extremos increíbles. Que en la última semana en Cataluña en dos ocasiones los viajeros hayan tenido que desalojar los convoyes yendo por las vías demuestra que la tan cacareada capacidad de buena gestión de los socialistas es pura filfa.
Silvia Paneque – la que intentó enchufar a su pareja como su jefe de gabinete – es la consejera autonómica del ramo. En vez de exigir la dimisión de Óscar Puente por el desastre se dedica a marear la perdiz. Si el ministro fuera del PP su lenguaje sería mucho más duro, pero entre colegas ‘progresistas’ hay que darse cariño.
Los socialistas gobiernan en Cataluña en todas partes: tres de las cuatro diputaciones, la Generalitat y en el Ayuntamiento de Barcelona y la mayoría de las grandes ciudades. Y, por supuesto, participan del Gobierno de Sánchez. La tan cacareada ‘fachosfera’ no tiene la culpa de que los socialistas hayan sido incapaces de paliar en lo más mínimo un servicio que se está cayendo a trozos.
Que Pedro Sánchez repartiera abonos gratuitos de cercanías le habrá muchos votos pero ha repercutido en un deterioro continuo del servicio. Los convoyes cada vez están más desvencijados y más abarrotados. Los retrasos y las anulaciones son continuas. Las incidencias ya no son la excepción sino la norma.
Mucho populismo y poca inversión han llevado a que un servicio imprescindible para centenares de miles de ciudadanos se haya convertido en una auténtica pesadilla. Pedro Sánchez hace siete años que gobierna y la llegada de Salvador Illa a la Generalitat no ha supuesto ningún cambio, más bien ha profundizado en el deterioro del servicio.
Los socialistas están más preocupados en complacer a sus socios separatistas con sus traspasos y sus cesiones que en intentar mejorar los servicios públicos. Se piensan que montando fastos propagandísticos como el del aniversario de la muerte de Franco, creando un nuevo canal de televisión en abierto que loe a Sánchez e insultando a la media España que no les vota tildándolos de fascistas y de extrema derecha ya lo tienen todo hecho.
Mientras, y como consecuencia de una financiación que solo beneficia a los separatismos vascos y catalanes, los servicios públicos se van deteriorando ante la desesperación de los ciudadanos. El ‘sanchismo’ no solo es un ataque a nuestras instituciones democráticas, es el deterioro de la gestión de los asuntos de todos.
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