Salvador Illa ha activado la maquinaria del miedo para intentar salvar sus cuentas en la Generalidad. En un tono que pretende ser institucional pero que esconde una debilidad parlamentaria evidente, el dirigente del PSC ha exigido «responsabilidad» y «sentido de país» a sus socios preferentes para aprobar los presupuestos.
Con la excusa de la «inestabilidad global» provocada por el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Illa intenta disfrazar de necesidad de Estado lo que no es más que una falta de apoyos políticos. La realidad es que el Gobierno socialista se encuentra contra las cuerdas ante las exigencias de sus aliados habituales.
ERC mantiene un rechazo frontal a las cuentas mientras Pedro Sánchez no ceda el control total de la recaudación del IRPF en Cataluña. Ante este escenario, Illa no ha dudado en lanzar una amenaza velada de convocatoria electoral si Esquerra tumba las cuentas en el ‘Parlament’.
Resulta paradójico que quienes han alimentado la inestabilidad en Cataluña durante años apelen ahora a la generación de «certezas». El presidente de la Generalidad afirma que los presupuestos son el «mejor escudo social» ante la crisis económica que se avecina por la guerra en Oriente Medio.
Es el viejo truco del PSOE: utilizar una crisis externa para tapar la incapacidad de gestionar los problemas internos y la división de su bloque de investidura. En una reunión extraordinaria del ‘Consell’ del Diálogo Social, Illa ha escenificado un frente común con sindicatos y patronales como ‘Foment del Treball’ o ‘Pimec’.
Con la presencia de los consejeros Miquel Sàmper y Alícia Romero, el PSC busca proyectar una imagen de unidad que no existe en la cámara legislativa. La consigna es clara: «la estabilidad tiene un nombre: presupuestos», una frase que suena más a ultimátum que a una propuesta de consenso.
El tono del PSC es directo y casi desesperado al afirmar que ante la situación internacional «Cataluña no puede poner en riesgo ni un euro». Sin embargo, la verdadera inestabilidad la provoca un Gobierno que depende de las concesiones constantes a quienes quieren romper España.
Mientras Illa pide no bloquear Cataluña, sus socios de ERC siguen subiendo la subasta del chantaje ante la pasividad de la Moncloa. El PSC pretende que la oposición y sus propios socios olviden sus diferencias ideológicas en nombre de un momento «extraordinario» calificado por el propio Illa.
Pero la única realidad extraordinaria es la sumisión de los socialistas a las agendas más radicales para mantenerse en el poder. Esta confesión de impotencia es el resultado de haber fiado toda la gobernabilidad a formaciones que priorizan la ruptura antes que el bienestar de los ciudadanos.
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