El sábado dada la gran incertidumbre que se había generado por ver quien sería finalmente el nuevo alcalde de Barcelona, estuve siguiendo en directo toda la retransmisión que se hizo por TV3 (hacía años que no sintonizaba este canal) de la sesión plenaria, que como todos ustedes saben eligió al socialista Collboni, con los votos de su propio partido, Ada Colau (los comunes) y PP, impidiendo así que el nacional-separatismo se haga con la alcaldía y el poder en el Ayuntamiento, al menos de forma oficial.
Habrá que ver ahora, en la practica, por donde van los pactos y que políticas concretas aplica el nuevo equipo de gobierno encabezado por Collboni (PSC) pues, sólo tiene 10 concejales de un total de 41 y estará en una extrema debilidad. Sinceramente no creo que cambié absolutamente nada en lo sustancial. Lo podremos ir viendo.
De lo sucedido ayer en la sesión plenaria, más allá del considerable enfado de Trias y de los reproches que se lanzaron unos y otros (de lo que se han hecho ampliamente eco los medios de comunicación), hay algo, para mí de una gran relevancia, que ha pasado totalmente desapercibido, tal vez porque se ha normalizado tanto el asunto especialmente en Cataluña que parece obligado que así sea, y es el cordón sanitario que piensan aplicar también en el Ayuntamiento de Barcelona a VOX.
Decir que el primero en intervenir fue el candidato de VOX (Gonzalo de Oro) con un discurso impecablemente democrático, donde entre otras cosas vino a reivindicar la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Ada Colau nada más iniciar su discurso hizo un duro alegato contra la presencia, por primera vez, de VOX en el Ayuntamiento, decretando por su parte una especie de “alerta antifascista”. Dijo que no piensa de ninguna manera normalizar la presencia de la extrema derecha en el consistorio, lanzando contra VOX toda la retahíla de ya míticas acusaciones de: racistas, machistas, LGTBIfobicos, …
Por su parte en su discurso Collboni, al igual que han hecho el nuevo alcalde también socialista (antes portavoz de CS) Rubén Viñuales de Tarragona y Sandra Guaita de Reus, han dejado claro que hablarían con todos menos con VOX. Se trata a partir de un gran consenso del que participan todos los grandes medios de comunicación, y a base de repetirlo, una y otra vez, ir impregnando a una parte importante de la sociedad de un discurso de buenos y malos ( donde los malos son los de VOX) que es asumido o tragado en gran medida acríticamente. Y así cualquier cosa es aceptable si es contra VOX. En el fondo se pretende resucitar el discurso y el fantasma de la ultraderecha y el fascismo que, ante su sectarismo y su total inepcia política, tan rentable les ha resultado. Para todos ellos, resulta que la extrema derecha y el fascismo no es ERC o Junts, ni Bildu o el PNV, no, es VOX.
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