Hablemos de la violencia contra la mujer. De todas las violencias contra las mujeres, sin distinción. Porque existe la violencia contra las mujeres y no puede haber nadie que niegue esta realidad. La máxima violencia que se puede ejercer en una sociedad es la que parte de sus mismas instituciones. Las leyes que un estado promulga y que atentan, directamente, contra los derechos y libertades humanas, son su máxima expresión.
Hablemos de la conexión que tenemos las mujeres con la naturaleza y la vida. Hablemos de la maternidad y de la brecha maternal, que penaliza a las mujeres que desean ser madres en un país que padece una severa crisis demográfica. Hablemos de esas madres que lloran en silencio por sus hijos, condenados por la infame ley de violencia de género, que aniquila la presunción de inocencia, los derechos de igualdad y que castiga y condena a los hombres por el mero hecho de serlo. Hablemos de la familia, que es la columna vertebral de la sociedad y es uno de los aspectos más sensibles en los que se debe concentrar la acción de los poderes públicos para brindarles protección contra todo tipo de violencia que puedan sufrir sus miembros.
La violencia doméstica abarca todo aquel comportamiento, en el ámbito del hogar, de violencia física, sexual o psicológica, que pone en situación de peligro la seguridad de otras personas del grupo familiar. Nuestro propósito es proteger, de forma inequívoca, la integridad de sus miembros, de TODOS sus miembros: sean mujeres, hombres, hijas o abuelos. Pero el neofeminismo que nos imponen desde el Ministerio de Igualdad, sólo contempla la violencia de género, que es la perpetrada por el hombre cónyuge, pareja o ex pareja, sobre la mujer y que en ningún caso contempla la violencia entre parejas del mismo sexo o la intrafamiliar. Ninguna mujer agredida debe verse menos acompañada o asistida en función del sexo del agresor o la agresora.
Otra de las barbaridades de Igualdad, y del gobierno que sufrimos, es la Ley trans la que reconoce la libre y descontrolada autodeterminación de género y que supone el borrado de las mujeres. Esa que permite que un hombre, que se autopercibe mujer, pueda entrar en espacios de intimidad reservados para nosotras como por ejemplo en los baños o incluso en los vestuarios femeninos. ¿Se imaginan a sus niñas duchándose al lado de un hombre que ahora se siente mujer? ¿se lo imaginan?
Pero en la cúspide del sinsentido de este gobierno, nos encontramos con la Ley del “sólo sí es sí”. Una auténtica chapuza legal que en sólo un año ha dejado en libertad a 120 violadores y pederastas y que ha beneficiado penalmente a más de 1.200 de éstos delincuentes provocando para nosotras un enorme problema de inseguridad.
Sigamos con las violencias sexuales que sufren las mujeres, que no dejan de aumentar y que cuentan con el silencio atronador de este gobierno municipal que todavía no ha dicho el número de agresiones sexuales que se han perpetrado este año en Terrassa y la nacionalidad de los agresores. Tal vez guardan silencio porque el dato puede ser devastador.
Para hablar de ello voy a remontarme al 2016, y ¿por qué a esa fecha? Porque fue en ese año cuando los Mossos de Esquadra dejaron de publicar en la estadística policial, que contiene el balance anual de seguridad, la referencia expresa a la nacionalidad de los autores, una referencia imprescindible, de gran utilidad y valor informativo si lo que realmente se quiere es luchar contra la criminalidad y defender a las mujeres. La estadística arrojaba datos tan sorprendentes como que, en ese año, casi un 60% de los agresores sexuales, fueron extranjeros, y esto sin contar los que se encontraban en situación irregular. Dicho de otra forma: si tomamos la ratio de delitos por grupo de población, la tasa de delincuencia de los extranjeros, en delitos sexuales, era 8 veces superior a la de los españoles. Y esto no es discutible, no es facha, no es racista. Es matemático.
¿Y qué decir del islamismo? Esa ideología que atenta contra los derechos y libertades de las mujeres, principalmente, las de mujeres musulmanas, y que reducen nuestra existencia a la nada. Esta ideología político religiosa penetra en nuestra sociedad con la complicidad del gobierno estatal, regional y municipal que abren las puertas de nuestra casa a la barbarie con la mentira del multiculturalismo.
Mientras vemos que, en países como Irán, la policía de la moral del régimen iraní, detiene e incluso asesina a mujeres que se atreven a quitarse el velo islámico obligatorio, recordemos los crímenes de Masha Amini o Armita Garavand de tan solo 16 años, aquí, en España, en nuesrtra querida Cataluña, tenemos que ver a diputadas de Esquerra Republicana, luciendo el hiyab y promocionando la expansión del islamismo, condenando a las mujeres a la esclavitud, o tenemos que ver también a la consejera que dice ser de igualdad y feminismos, la señora Tània Vergès, abrazando, en la Generalitat, a un salafista con orden de expulsión de España. Esto es sencillamente, repugnante.
Es momento de aportar una visión diferente al feminismo misándrico para evitar la suplantación de nuestro juicio crítico por su ideología. Es momento de fomentar la convivencia dentro de nuestras diferencias para restablecer las relaciones sanas entre ambos sexos.
Alicia Tomás. Portavoz municipal de VOX en el Ayuntamiento de Terrassa
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