Cuando salió la convocatoria de la manifestación del 18S pensé que iba a ser necesario justificar el lema. Incluso recibí alguna petición para hacerlo. Los problemas que iba a haber con el lema estaban claros, no había que ser adivina: la palabra “español” en lugar de castellano y la falta del adverbio “también”. Me puse a ello en diferentes chats, y al cabo de poco ante la falta de respuestas pensé que no era para tanto, que había exagerado las posibles críticas. Por eso, aunque a esas alturas ya había explicado, yo creía que bien, el porque de español, y que no lo había logrado con la falta del adverbio, lo dejé correr. ¿Para qué dar tantas vueltas a las cosas si todo estaba correcto?
Sin embargo, estos últimos días, por las críticas que he leído en algún blog y en chats, ahora sí creo que había que explicar el lema, y que de mis afanes primeros no quedó claro ni el porqué de español ni el porqué de la falta del adverbio también, o no convencí o lo que dije no tuvo difusión. O todo a la vez. Así recordé porqué sí hay que dar tantas vueltas a las cosas.
Leo a muchos que dicen aceptar el lema porque ya está en marcha, hecho, pero que debiera haber sido: “El castellano, lengua vehicular también”, y me pregunto si no estarán seguros de querer añadir al lema el “por favor”, porque me recuerda al de la primera pegatina de protesta que se hizo en los años ochenta, cuando empezó la presión nacionalista con la lengua.
Del organismo en el que Aina Moll decidía la política lingüística, con el total apoyo de Jordi Pujol, salió un primer lema que se repetía en todas partes con pegatinas, carteles, pintadas, anuncios. El lema decía “En català, si us plau”. Era una orden que quería ser suavizada con el si us plau (por favor), que iba dirigida a catalanohablantes para que hablaran siempre en catalán.
A ese lema respondió la única asociación que entonces estaba en condiciones de poder, Concejo Comunero, con lo único a lo que su limitada capacidad económica podía: unas pegatinas blancas, con letras negras en ciclostil, que decía: “En castellano también, por favor”. Era pobre, y no solo en el aspecto de la pegatina en comparación con el colorido de la propaganda de la Generalitat, el lema también era muy flojo. Pero entonces ni yo misma sabía por qué no me gustaba, aunque la llevaba en la carpeta de la universidad. Pinté la pegatina de colores para intentar quitar lo pobre. Estaba mejor, pero seguía sin gustarme.
Tiempo después empecé a pensar que lo que fallaba era el lema, las palabras también y por favor. ¿Qué significante añadía el también al por favor? Aquella pegatina de los primeros años ochenta para tener fuerza debía haber dicho “Y en castellano también”, o “En castellano, por favor”. Esas era las únicas respuestas con fuerza para ponerse al mismo nivel que el lema de Aina Moll, ya que no en recursos públicos, por lo menos con el orgullo de los que no tienen otra cosa. Si añadías el por favor, o el también, sin tener fuerza ni poder para pedirlo, en vez de una reivindicación lo convertías en una súplica. “En castellano también, por favor”, era repetitivo y suplicante, yo llevaba esa pegatina, pintada, pero no había otra.
Hete aquí que llegamos a los años veinte del siglo XXI y aquellos desvelos de Aina Moll y Jordi Pujol se han vistos recompensados, pues se ha dado la vuelta a las tornas. Si buscaban una venganza, el éxito ha sido rotundo. El español hoy está en Cataluña como el catalán lo estaba a principios de los ochenta: se habla, se escribe y lee, pero está marginado, casi prohibido, en la enseñanza, en toda la información pública y toda la administración. Pero hoy, como entonces, y aunque hay miles de emigrantes con otras lenguas, el español es mayoritario entre la población.
¿El lema debería decir el también o hacer como Aina Moll y poner un por favor? Pues hombre, no, no, no estamos en el mismo nivel. Aina Moll se lo decía a los catalanohablantes, desde la administración autonómica, con todos los recursos y todo el poder, con la intención de educar su comportamiento en el uso de la lengua catalana. Una asociación que reivindica unos derechos, que organiza una manifestación. se está dirigiendo al poder, a la Generalitat. El por favor como el también, ya se han usado antes de llegar a los juzgados, sin resultado, y sin resultado también después de haber llegado a los juzgados y haber ganado.
Escuela de Todos es una plataforma de 15 entidades, con recursos limitados, organiza una manifestación, ¿debe suplicar con el lema, perder la fuerza reivindicativa? Los derechos no se suplican, se reivindican. En una manifestación, se reivindica, no se educa, adoctrina, ni se suplica. Si de verdad estamos en democracia, al poder se le exige cumplir las leyes y sentencias judiciales, y desde la calle, el último recurso, se grita exigiendo. Eso fue importante.
Pero otra cosa es si además te diriges a toda la población y lo que pides es bilingüismo, igualdad de derechos para los hablantes de las dos lenguas oficiales de Cataluña, como en el caso de esta manifestación. Entonces sí, incluso lo repites y suplicas: En castellano también, por favor. Cuando Escuela de Todos recibió la sugerencia de añadir el “también” no se puso porque ya estaba en marcha la página web, los carteles, folletos, peticiones… Era tarde, pero lo hubieran hecho, porque si es importante exigir al poder, lo es más concienciar, ¿cómo lo resolvemos si no es con mucha educación, conciencia, información? ¿Cómo conseguimos lo que debió ser siempre, una enseñanza bilingüe en una Cataluña bilingüe?
Es un también, porque no queremos que los hijos de los demás tengan las barreras lingüísticas que hemos tenido, tienen o han tenido los nuestros. Hay que facilitar la enseñanza a los niños, el aprendizaje de los contenidos, las reglas básicas, garantizar sus derechos lingüísticos y en el respeto entre todos aprender las dos lenguas. Tenemos una población que lleva muchos años bajo el influjo de la propaganda nacionalista, no va a ser fácil.
No fue hasta hace pocos cuando pensé que no era castellano si no español la palabra que había que emplear en la Cataluña nacionalista, hay que saber cuál de los dos sinónimos del nombre de la lengua usar, y también hacer caso de lo qué dice la autoridad en materia lingüística en España, la RAE. Pero eso otro día.
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