Con los Sefarditas en Turquía (I)

José Luis Vergara

“Conversaciones con descendientes de los judíos que fueron expulsados de su nación española hace 500 años”

“Casi todos son sefarditas en Turquía” me responde sonriente Roberto Sadacca a mi pregunta de qué porcentaje de los judíos que actualmente viven en Estambul y en el resto del país son descendientes de aquellos hijos de España que fueron obligados a exiliarse. A continuación, me especifica que realmente los sefarditas son el 95% ya que hay una comunidad de ashkenazis (procedentes del centro y este de Europa) y una minoría romaniotes (de Grecia). Sadacca es administrador de la fundación y el museo dedicado a los 500 años de la llegada a Turquía de los judíos provenientes de España y Portugal cuando su expulsión en 1492 y 1497, respectivamente. Son sefarditas nombre con los que se identifican, ya que Sefarad es sinónimo de España, aunque con mayor precisión, es el topónimo bíblico que en hebreo designaba la península Ibérica.

Charlamos en unas dependencias, de la gran Sinagoga de Estambul (Neve Şalom Sinagogu). “Lugar de paz” es el nombre del templo que desgraciadamente ha sufrido salvajes atentados, con numerosas muertes y cientos de heridos, en los años 1986, 1992 y 2003. (actos terroristas reivindicados por grupos radicales palestinos y A lQaeda).

Roberto a quien conocí el pasado año en una primera y rápida visita, habla un perfecto español y también conoce el “Ladino” que es muy parecido el español que hablaban en el siglo XV en las muchas y dispersas comunidades judeoespañolas en nuestro país y que como una foto fija han conservado y usado en publicaciones diversas, diarios, canciones tradicionales, lengua a la que han incorporado palabras y formas expresivas generadas a lo largo de los siglos. Roberto ha podido comprobar que sus antepasados procedían de Alcalá de Henares. Para ilustrar este “español antiguo”, reproduzco este poema de Margalit Matitiahu:

LAS PALABRAS

Las palabras
devienen madeshas
las vo despiegando
las vo rodeando
hasta que piedren su senso
locas de no ser.
Yo las amaso de muevo
y les do vivenza,
nacen a ser mi pan,
nacen a ser mi vino,
no se arugan
en el tiempo
de la zona eternel.

En este periplo, también tuve la oportunidad de hablar con Nisya Isman Allovi, responsable del Museo y que me comenta que, a diferencia de las generaciones anteriores, entre los más jóvenes ya son pocos los que hablan español o ladino. Debido a diferentes circunstancias, en los relevos generacionales de las últimas décadas se ha interrumpido la transmisión del ladino como lengua familiar. Ya apenas quedan abuelos que puedan conversar en ladino con sus hijos y aún menos con sus nietos. El desarrollo educacional profesional los lleva a usar el turco de forma habitual, también en sus hogares. Mientras me lo comentan, pienso que la tristemente muchas veces anunciada desaparición del ladino, desmentida otras tantas, debería evitarse a toda costa y, como patrimonio cultural español, precisaría de una divulgación más amplia en nuestro país. Es desolador cuando hablas de estos temas, comprobar el enorme desconocimiento de la influencia de la cultura judía en las raíces de la nuestra actual, y así se los expreso a los amigos sefardíes.

José Luis Vergara

A ellos les he llevado algunas fotografías que he hecho en Aragón, fundamentalmente en Uncastillo, SOS del Rey Católico y El Frago, donde se observan las cavidades cinceladas en las piedras de los dinteles de las casas habitadas por judíos en el siglo XV donde incrustaban la “Mezuzá”, una cajita de metal, de forma rectangular, sellada, en el que se alojaba un minúsculo pergamino con versos de la Torá (la Biblia). Los judíos españoles, al igual que sus correligionarios en todo el mundo, tocaban su “Mezuzá” al entrar en sus casas, invocando la bendición divina. También les mostré fotos de cruces rascadas toscamente en las mismas piedras y que significaban la aceptación (real o forzada) de la conversión al cristianismo, condición para no ser expulsados con la pérdida de su vivienda y resto de su patrimonio.

Les explico entonces como en algunos casos al hablar con personas de la localidad o moradores en las casas, se da el caso que ignoran lo que ocupaba la cavidad, aunque algunos saben que tiene relación con viviendas antiguas de judíos. Como cuestiones más positivas, comentamos que, felizmente en la actualidad, tanto en España como en Portugal, existe una creciente búsqueda y recuperación del legado judío, de la hebrea Sefarad, tanto en sus vertientes culturales, como en espacios identificados y rescatados. Hoy existe un gran impulso de reivindicación y reparación histórica que se plasma en diversos ámbitos, desde potenciar los estudios académicos, realizar congresos y seminarios, desarrollar celebraciones históricas como las que se realizan en Rivadavia o Zamora, Toledo, Córdoba, por ejemplo, a rescatar antiguas sinagogas o señalizar barrios, pasando por cambios muy celebrados de la toponimia como el caso de Castrillo de Matajudíos que ha pasado por voluntad de sus habitantes a llamarse oficialmente Castrillo de Mota de los Judíos caso que ha logrado una gran repercusión mundial, con un eco mediático que incluso sorprendió a sus habitantes, que con alta sensibilidad hicieron efectiva esta elogiosa iniciativa.

Mis amigos turcos sefardíes me dicen que actualmente los judíos residentes en Turquía suman aproximadamente sólo unos veinte mil habitantes, mientras que a comienzos del siglo XX la cifra llegaba a más de 150 mil. Las ciudades donde se establecieron a partir del éxodo forzoso en 1492 son, fundamentalmente, Edirne, Esmirna (Izmir) y la propia Estambul (Istanbul). El hecho de que Turquía no participase en la II Guerra Mundial hizo que la población de judíos en el país se pudiese salvar del genocidio perpetrado por la Alemania nazi, y me explican cómo las también importantes comunidades establecidas en Grecia, entonces parte del Imperio Otomano, (también desde la expulsión en 1492) y muy especialmente la grande y próspera comunidad de Salónica (gran parte de su población era sefardí, y se la conocía con el nombre ladino de “la madre de Israel) fueron destruidas y más de 60.000 judíos sefarditas, españoles, fueron asesinados en los campos de concentración y exterminios nazis.(se calculan que sobrevivieron poco más de mil).


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