
La fuerza del separatismo catalán en la izquierda española es tan absoluta, que ha conseguido lo mismo que Jordi Pujol en sus años dorados, cuando convirtió el ‘caso Banca Catalana’ en la prueba de su poder omnímodo: la impunidad total. Lo único que había puesto realmente contra las cuerdas a los golpistas del 1 de octubre fue el Tribunal de Cuentas, cuyas fianzas habían acogotado a los líderes del ‘procés’.
Cuando más arrinconados estamos los responsables del golpe del 1-O, porque sus patrimonios personales estaban en peligro debido a que el Tribunal de Cuentas se había negado a que la Generalitat avalara con dinero público la presunta malversación de fondos públicos, llegó el PSOE y les salvó. Una vez más. Tras los indultos llega el cambio de criterio del Tribunal de Cuentas. Pero no solo es responsabilidad del PSOE, porque el PP fue colaborador necesario.
«La nueva mayoría socialista del organismo fiscalizador acepta que se paguen fianzas con fondos públicos de la Generalitat». Atentos a lo de «nueva mayoría socialista», porque es el elemento clave de la ecuación. Es el subtítulo de una información de ‘El País’, medio poco sospechoso de ser desafecto con el actual Gobierno de coalición. Recordemos que la cantidad exigida cautelarmente por el Tribunal de Cuentas como fianza es de 9,5 millones de euros, 5,4 millones por el dinero público desviado para la promoción en el extranjero del proceso separatista y 4,1 millones por el dinero público gastado a la organización de la consulta ilegal del 1 de octubre de 2017.
Los 34 expedientados podrán recuperar ahora el dinero depositado en el Tribunal de Cuentas a modo de fianza en lo que es la enésima traición del PSOE a la Resistencia constitucionalista al independentismo catalán. Los socialistas han aprovechado el cambio de mayoría del Tribunal de Cuentas para hacer un favor a sus socios separatistas de Esquerra. Y a los socios de gobierno (Junts) de sus socios separatistas. Todo ello con la complicidad del PP, porque este partido aceptó pactar con los socialistas un cambio de mayoría en este organismo, cuando era evidente que esto iba a pasar.
Llevamos más de cuarenta años de cesiones de unos (PSOE) y otros (PP) a un separatismo que se ha adueñado de los principales resortes de poder en Cataluña ante la pasividad de unos y otros. No se salvó ni el muy ‘españolazo’ José María Aznar que, pacto del Majestic mediante, acabó con el mejor intento de desmontar el discurso nacionalista desde Cataluña — Alejo Vidal-Quadras– y cedió dos competencias clave para acabar con la presencia del Estado en Cataluña: la sustitución de los muy poderosos gobiernos civiles por las subdelegaciones del Gobierno — poco más que una gestoría de asuntos oficiales –; y la retirada de la Guardia Civil — con su bandera rojigualda en sus uniformes, vehículos y edificios — de las carreteras catalanas.
Así se construye la desespañolización de Cataluña: alimentando desde el Estado al separatismo con el dinero de todos los españoles. De derrota en derrota, hasta la derrota final. Y los millones de catalanes no separatistas han vuelto a ser abandonados por los que deberían defender sus derechos. ¿Cómo podrá Pedro Sánchez mirar a la cara a los jóvenes de S’ha Acabat! que son agredidos por defender la Constitución? ¿Qué les decimos a los valientes de Escuela de Todos o Ampa Total que cada fin de semana se arriesgan en las carpas que montan a que radicales separatistas les insulten o agredan por prestar atención a los padres que quieren exigir que se cumpla la sentencia del 25%? Nos queda el orgullo que Societat Civil Catalana se haya personado contra los golpistas que malversaron nuestro dinero.
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