Ayer domingo se celebraron en Aragón unas elecciones autonómicas que, teniendo en cuenta los resultados definitivos, muestran tendencias que parecen marcar la senda futura de la gobernabilidad nacional, así como de los diferentes territorios que vayan agendando sus citas con las urnas.
Con el fresco recuerdo de lo sucedido en Extremadura, que derivó en una victoria para el PP que no colmó sus pretensiones, sumando un único diputado a los que tenía y acrecentando la dependencia de VOX, que fue la gran vencedora de aquellos comicios, la verdadera noticia fue ver como se hilvanaba el camino de martirio que perseguirá al PSOE hasta el final del sanchismo.
Mientras el líder de esa mafia no tire la toalla, el agotamiento y la falta de expectativas de futuro con estos mangantes gobernando en España seguirá creciendo, lo que irá penalizando a un PSOE que tocará mínimos allí donde se vaya votando. Los 18 diputados en las Cortes de Aragón suponen su mínimo histórico y da a entender que ya solo le votan los que tienen en nómina, el reducto retrógrado de convencidos, los que viven engañados o los que se sienten cautivos por ser perceptores de sus subvenciones a la carta. Para el resto, que ya les ha visto el plumero, la dinámica de traición a España les marca y eligen votar con mejor criterio. Sin duda, al ir ayer a votar se ha pensado en Aragón y su prosperidad, pero nadie negará que la imagen de España y lo que nos toca vivir a nivel nacional también ha sido un factor vital a la hora de escoger la papeleta.
Ayer la sufridora fue la exportavoz del Gobierno, una política que apostó por la rival de Sánchez en su enfrentamiento por la Secretaría General del partido, pero que tuvo cintura para subirse al carro del maligno a tiempo. Su resultado fue desastroso en Aragón. No verlo de ese modo es una tergiversación, una mentira o pura fantasía. Pero, a pesar del ridículo, que nadie espere una comparecencia de Sánchez reconociendo la derrota, como tampoco sucedió tras el fiasco anterior con el colocador de su hermanito en Badajoz.
Analizando el otro lado de la balanza, el lado ganador, vemos que con 14 diputados VOX duplica su representación y le convierte en el partido con mayor crecimiento y la clave para la gobernabilidad en la comunidad. Un toque importante para un PP que no los supo atraer para aprobar los presupuestos regionales y, con su convocatoria anticipada de elecciones, ha logrado que la dependencia de VOX se multiplique al disminuir la horquilla entre ambos partidos de 21 diputados a 12.
VOX, con más fuerza y una progresión que no le pone techo electoral, tiene ahora la sartén por el mango. De tener hasta ayer una cuarta parte del número de diputados que tenía el PP, ha pasado a disponer de un número que es más de la mitad de los que ahora suma el equipo de Azcón. Se convierte, de ese modo, más que en una mera apuesta en crecimiento fruto del descontento con los políticos tradicionales, en una verdadera alternativa de Gobierno a futuro si saben hacer bien sus equipos y los gestores empiezan a copar sus fundamentos en las listas.
El hundimiento del sanchismo sigue su curso y, como ya dijimos al acabar el anterior capítulo, esperamos con ansia el balance final de la próxima cita cuyo protagonismo recaerá en Castilla y León. Ese largo tránsito hacia el final definitivo, dado que no parece Sánchez una persona con valores y principios que sepa reconocer sus errores e irse dimitiendo, nos llevará, previsiblemente, a otra clara derrota del traidor sanchismo en esa comunidad, apuntalando ese camino hacia un prometedor futuro con la llegada al poder nacional de los que sienten orgullo y compromiso con lo fundamental que nos une a todos los españoles. Lo iremos viendo.
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