En poco menos de una semana, Barcelona ha perdido la oportunidad de volver a brillar internacionalmente acogiendo dos de los eventos deportivos más importantes del mundo: la Copa América de Vela y los Juegos Olímpicos.
La falta de voluntad política del alcalde Jaume Collboni y la continuidad de las políticas que han frenado el crecimiento de la ciudad durante los mandatos de Ada Colau, han provocado que los organizadores de la Copa América hayan decidido buscar otra sede para su próxima edición. Es contradictorio que Collboni manifieste que la Copa América ha sido un éxito para la ciudad pero sin embargo no tenga voluntad de repetir este éxito en unos años.
Cierto es, que cuando los de Colau comenzaron a alzar la voz contra la Copa América de Vela, surgieron los complejos del alcalde y empezó a ponerse de perfil sobre la continuidad de este evento. Aquello del sí pero no, no pero sí; en definitiva, una forma de actuar que comienza a definir su mandato y que genera desconfianza en quienes apuestan por Barcelona.
La ciudad ha recibido dos millones y medio de turistas en 59 días de competición, consolidando la ciudad como destino de mar. La Copa América también ha potenciado la industria de la economía azul y ha vuelto a situar Barcelona en el panorama internacional tras ocho años de oscuridad. Con estos datos, el error de no hacer nada o, peor aun, hacer cosas para que esta competición no se quede en Barcelona, es gravísimo.
Por si esto fuera poco, en el pleno municipal de la pasada semana, Collboni rechazó la propuesta que le hice para formalizar la candidatura de Barcelona como sede de unos Juegos Olímpicos. Tras perder la organización de la Copa América era una nueva oportunidad para conseguir que la ciudad vibrara y recuperase el orgullo de la mejor Barcelona.
Nuevamente, la falta de voluntad política del alcalde socialista truncó esta posibilidad. El gobierno y los grupos municipales debemos entender que Barcelona necesita acuerdos entre los diferentes, pero acuerdos para cambiar las políticas fracasadas y reimpulsar la ciudad. Que aparque la mala ideología y apueste por una mejor gestión.
Reivindico la forma de hacer política del diálogo y el consenso con todos los grupos municipales, con el resto de instituciones y con la sociedad civil. Todos a una mediante la colaboración público-privada. Como conseguimos en la Barcelona olímpica de 1992.
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