Colau: descompuesta y sin AEM

El fracaso de Barcelona en su pugna por acoger la sede de la Agencia Europea del Medicamento (AEM) obliga a dicha ciudad y a Cataluña a poner sobre la mesa algunos hechos incontestables y que dan la medida de nuestra situación actual y futura.

La alcaldesa de Barcelona no ha liderado, ni impulsado, una candidatura que nunca hizo suya de verdad. La muestra más evidente de ese apoyo frío de Colau es que no estuvo defendiendo su ciudad en el acto final y prefirió verlo desde su twitter. Hay que estar a las duras y a las maduras.

Colau ha intentado superponer sus peregrinas ideas a décadas de éxito de la ciudad y esa mezcolanza ya se ha comprobado qué resultados obtiene en el escenario europeo: en la designación de la sede de la AEM, Barcelona ha pasado del segundo lugar por detrás de Londres a un quinto puesto, ahora. Hacerlo todo bien no te asegura la elección, pero los errores se pagan muy caros.

Un temprano síntoma negativo de Colau fue forzar una relectura “izquierdosa” de los Juegos Olímpicos del 92 y llamó a abjurar de la figura de Juan Antonio Samaranch. Luego vinieron las muecas de la alcaldesa frente al despliegue hotelero en la ciudad o la pésima gestión municipal del sector turístico que desembocó en acciones violentas contra ese turismo, situando en primera línea del debate público un término tan poco seductor como el de la “turismofobia”.

La reacción de la alcaldesa frente al devastador atentado yihadista de las Ramblas fue más anímica que política. Con el recuerdo de los atentados todavía golpeando nuestras vidas, una alcaldesa volcada en su ciudad hubiese lanzado un órdago ante el intento de los dirigentes de la Generalitat de estar en cualquier otra cosa que no fuese la salvaguarda de Cataluña y de su capital, pero Ada Colau optó por sumarse inmediatamente al coro independentista, con voz solista, pero en el coro, a fin de cuentas.

En medio de la trifulca de octubre y noviembre, justo en la antesala de la decisión sobre la sede de la AEM, Ada Colau mostró una desesperante torpeza diplomática; su artículo publicado en The Guardian solicitando a las instituciones europeas que tomasen cartas en el asunto de Cataluña demostraba que no conoce nada de las instituciones europeas, que le sobra arrogancia y que la candidatura de Barcelona a la AEM no era tema prioritario para la alcaldesa, pues ese artículo lanzaba un mensaje desconcertante: Soy la alcaldesa y les digo, señoras y señores de la UE, que no se enteran y por eso les escribo.

Huyen de Barcelona miles de sedes sociales y fiscales de empresas y Colau se adhiere a la versión matrix de los dirigentes independentistas. ¿Alguien puede imaginarse la perplejidad de los electores europeos de la AEM frente a esta actitud displicente de la alcaldesa?

En este proceso de la AEM, Colau se ha puesto de perfil y se ha disparado un tiro en el pie varias veces y con vicio. Incluso tuvo a gusto disparar a quien le había gestionado eficazmente el proyecto, su socio de gobierno Jaume Collboni.

Lo peor de este relato es que la AEM se va para siempre y dibujando una estela muy peligrosa para el futuro de Barcelona, pero también para Cataluña y ahí, el drama es compartido.

Mario Rigau Oliveras. Presidente Ejecutivo de la candidatura de Tarragona que ganó la designación de sede de los Juegos Mediterráneos.  

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