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Cataluña: el nombre de las calles, adoctrinamiento y Memoria Histórica

Han ido desapareciendo, progresivamente, buena parte de las referencias a España tanto en lo relativo al componente histórico, como al geográfico o social.

Por Salvador Caamaño Morado
domingo, 18 de febrero de 2024
en Cultura
7 mins read
Imagen: Salvador Caamaño.

Imagen: Salvador Caamaño.

 

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Los nombres de las calles, más allá de ser útiles para ubicarnos, revelan infinidad de cosas, que a veces nos pasan desapercibidas; sobre nuestra historia, sobre la geografía, sobre nosotros. Pero también han tenido históricamente un elevado componente adoctrinador, en especial en los regímenes totalitarios o autoritarios.

En Cataluña, desde 1979 en que el nacionalismo y la izquierda acceden de forma importante al poder municipal y luego en 1980 Jordi Pujol llega a la presidencia de la Generalitat, se decidió por parte de los nuevos políticos en el poder que era imprescindible cambiar buena parte del nomenclátor, pues este ha sido un elemento clave para cualquier nuevo régimen.

Y así, fue cambiado el nombre de multitud de vías públicas y de calles de Cataluña, al considerar este hecho como un instrumento sustancial para la construcción del relato que a ellos les interesaba ir imponiendo. Y como ha ocurrido con la educación y con otros ámbitos de la vida social, han considerado esto también, como algo exclusivo de su propiedad en el que podían hacer lo que les viniera en gana. Esto se tradujo progresivamente, desde finales de los años setenta, en la imposición de nombres: en calles, plazas y espacios públicos, que han sido utilizados, subrepticiamente, como un elemento normalizador y adoctrinador de un discurso y un relato cuasi único, el de nacionalistas e izquierdistas.

El asunto pues, en Cataluña viene de lejos. Y tomó un nuevo impulso después, de la publicación del documento denominado “La estrategia de recatalanización” del que se hizo eco “El Periódico” el 28 de octubre de 1990, hace casi 34 años. En el mismo se planteaba el programa básico para acelerar el avance en el proceso de la “construcción nacional” de Cataluña, en este proyecto el nacionalismo invertiría (y sigue invirtiendo) gran cantidad de recursos públicos. Y posteriormente con la Ley de Memoria Histórica de Zapatero (2007). Y no digamos ahora, el impulso que ha tomado todo esto, con el gobierno social-comunista de Pedro Sánchez, rendido absolutamente al separatismo.

 

En los últimos 47 años, hemos podido constatar por ejemplo, como en la mayoría de poblaciones de Cataluña han ido desapareciendo, de forma progresiva pero implacable, en el nombre de sus calles o espacios públicos todos los nombres puestos durante el franquismo y buena parte de las referencias a España tanto en lo relativo al componente histórico, como al geográfico o social. Y en su lugar se han puesto de forma masiva nombres como: Països Catalans (una inexistente ficción), Onze de Setembre (el relato del 11 de septiembre de 1714 es una gran falacia nacionalista que ha sido debidamente tergiversado) o Generalitat.

Francesc Macià (un singular personaje que de ser un patriota español y teniente coronel del Ejercito, acabaría creando el racista Estat Català y luego ERC; todo ello después de protagonizar, entre otras “boutades” el ridículo intento de invasión de Cataluña por Prats de Molló, lo que le dio cierta fama y sería en 1932 elegido presidente de la Generalitat), pues bien, un total 216 calles (muchas de ellas grandes avenidas) llevan en Cataluña el nombre de este prohombre del separatismo.

A Lluís Companys (un señor que tardó 18 años en acabar su carrera de Derecho al que el nacional-separatismo catalán a base de ocultar buena parte de la verdad y de mucha propaganda, han convertido en un héroe y un mártir; cuando su gran logro, a parte de su fracasado intento de golpe contra la propia República en octubre de 1934, fue que bajo su mandato como presidente de la Generalitat, entre 1936 y 1939, fueron asesinadas casi 9.000 personas, de estas 2.437 religiosos) no hay en Cataluña una ciudad o pueblo donde no se le haya dedicado una calle, una gran avenida, una plaza o un monumento, incluso se ha puesto su nombre al Estadio Olímpico.

También tiene multitud de calles Josep Tarradellas (quien como dirigente de ERC, fue conseller de la Generalitat con Lluís Companys y junto a este cometió múltiples tropelías, aunque su largo exilio y su experiencia política, lo hizo recapacitar y progresivamente se fue alejando del separatismo y el izquierdismo; a su regreso a España en 1977 apostó por la reconciliación y la convivencia, siendo designado por Adolfo Suárez como presidente provisional de la Generalitat). Y también tiene calles Ventura Gassol, uno de los fundadores de ERC, que fue en los años 30 conseller con Companys y que secundó con este en 1934 la proclamación del Estat Català.

Hay también calles y plazas dedicadas a los principales próceres del nacionalismo y declarados racistas como; Valentí Almirall, el doctor Bartomeu Robert, Pompeu Gener, Pere Bosch-Gimpera, Prat de la Riba, Rovira i Virgili, … incluso tiene calle el vasco Sabino Arana, que tras su paso por Cataluña se convirtió en un racistas “de tomo y lomo” y luego fundaría el PNV. Sin embargo, la CUP en el año 2016, llevó al pleno municipal una moción para retirar la estatua de Cristóbal Colón. Y Ada Colau, ese mismo año, consiguió cambiar el nombre de la Plaza Juan Carlos I rebautizándola como “Cinc d’Oros”, y poco después cambió el nombre de Plaza de la Hispanidad por la de Pablo Neruda, con los votos de: En Comú, PSC, PDeCAT, ERC y la CUP.

Y si hablamos de Ley de Memoria Histórica (2007) de Zapatero que habría que llamar de “Desmemoria Histórica” pues, con esta y con la eufemísticamente llamada ahora de Memoria Democrática (2022) de Sánchez, se ha intentado enterrar definitivamente los acuerdos y pactos de la Transición, para volver a agitar de forma sectaria el perverso guerracivilismo.

Así, en Cataluña mientras, por un lado no han dejado ni rastro de todos aquellos elementos considerados franquistas, incluso se han retirado unas pequeñas placas metálicas que había en muchos edificios construidos en los años 50 y 60, donde podía leerse “Ministerio de la Vivienda, edificio construido al amparo del régimen de Viviendas de Protección Oficial”; por otro lado se han dedicado múltiples calles a destacados anarquistas, comunistas o trotskistas como: Salvador Seguí “Noi del Sucre”, Federica Montseny, Dolores Ibarruri “Pasionaria”, Lina Ódena, Rafael Alberti, Joan Comorera, Gregorio López Raimundo o Andreu Nin, este ultimo aunque sería asesinado por agentes estalinistas al ser trotskista, fue durante la Guerra Civil conseller de Justicia de la Generalitat y secretario general del POUM (partido que destacó junto a los anarquistas por su extrema violencia especialmente, antirreligiosa), además de diversas calles, tiene a su nombre un Instituto de Enseñanza y una Biblioteca Pública.

Hay monumentos y plazas dedicadas a las Brigadas Internacionales que vinieron a luchar junto al Front Popular o dedicadas a Karl Marx. En el año 2014 el Ayuntamiento de Reus le dedicó una placa a Joan García Oliver, el principal líder anarquista durante la Guerra Civil, que llamaba “gimnasia revolucionaria” a la quema de iglesias y al asesinato de religiosos. Hay que recordar que en el año 2019 el Parlamento Europeo aprobó una resolución condenando tanto el nazismo y como el comunismo por los asesinatos en masa, genocidios y deportaciones cometidos.

Es curioso constatar como al cardenal Vidal i Barraquer, que tenía un perfil catalanista y estando preso en Montblanch fue liberado por la mediación de Ventura i Gassol que convenció a Companys para que lo hiciera, le han dedicado por ejemplo, en Tarragona una gran avenida; mientras a su obispo auxiliar Manuel Borrás (también preso en Montblanch que sería asesinado en 1936 por milicianos del Front Popular) que tuvo una calle en la ciudad hasta finales de 1979, el nuevo Ayuntamiento se la quitó y la dedicó a Ritort i Faus (nombre actual).

Y más recientemente también le han dedicado alguna calle a Lluís Maria Xirinacs, el mosén separatista que se acabo suicidando en el año 2007, por no querer seguir siendo esclavo de España y de Francia (según dejo escrito en una carta póstuma). En Terrassa hay también una calle que lleva el nombre de “La Terra Lliure”. Por cierto a Terra Lliure se le atribuyen más de 200 atentados, por ejemplo, en 1992 atentó varias veces contra una réplica de la nao Santa María amarrada en el puerto de Barcelona que por los importantes daños sufridos tuvo que ser finalmente hundida.

Y desde el año 2017 en muchas poblaciones se han dedicado calles o plazas al Uno de Octubre de 2017 (por el día en que se votó el referéndum ilegal o “butifarrendum” independentista. El ayuntamiento de Gerona acordó por mayoría absoluta el 12 – 2- 2018 cambiar el nombre de Pl de la Constitución por el de Plaça de l’U d’Octubre de 2017. Y se han colocado, con dinero público, placas y señales, junto a la que corresponde a la población, donde puede leerse: “ Municipi de la República Catalana” (otra vergonzosa falacia) o “Municipi adherit a l’Associació de Municipis per la Independència”.

Por no hablar de la utilización de esteladas, pancartas y otros símbolos separatistas en multitud de espacios públicos. O de como, incumpliendo la Ley, se evita colocar la bandera española en la fachada y en el interior de los Ayuntamientos. Y como en los mismos, la información a los ciudadanos, la señalización y la rotulación de las calles suele estar exclusivamente en catalán. George Orwell expresó muy bien dentro de su novela “1984” , lo que está pasando cuando dijo que «quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro».

Salvador Caamaño Morado (autor del libro ‘Tarragona1936. Terror en la retaguardia’)  

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