Todas las semanas son de auténtico infarto pero ya la desfachatez más perversa se está instalando sin rubor. No se sabe dónde están los fondos europeos… donde están 11.500 millones de euros. Que pasa con ayudas a la familia del presidente del Gobierno o a la ministra anterior de Economía o cargos al frente de empresas como Solaria del marido de la ministra de Vivienda, sin credencial alguna y recibiendo ayuda multimillonaria, como ha preguntado reiteradamente la presidenta de la comisión de control presupuestario del parlamento europeo Monika Hohlmeier.
Y esta semana en la comisión de peticiones del Parlamento Europeo hubo bronca a costa del informe demoledor de la cámara para que el español se pueda hablar en España y en concreto en Cataluña, y la representante socialista y sus socios de gobierno tratar de oponerse por procedimiento para retrasar la resolución.
El Rey defiende el miércoles en Barcelona ante los jueces la independencia judicial y el respeto a sus resoluciones en pleno ataque a los jueces y muy concretamente a quienes dificultan la negociación de la amnistía por investigar las causas del procés, o del golpe de estado dado. El mismo miércoles el ministro de Justicia también en Barcelona dice que no tiene ninguna duda de que habrá acuerdo de la ley de amnistía pues no deja fuera a nadie del procés y cubre a todos los vinculados al golpe de Estado y diciendo que cada línea de la ley ha sido redactada de manera rigurosa por expertos de todas las materias, penal, administrativo, constitucional, europeo.
Este hecho es de tal gravedad, que no puedo encontrar palabras. El Rey apelando a la defensa cerrada del poder judicial y su plena independencia como baluarte esencial del estado de derecho y la democracia y el ministro ni más ni menos que de Justicia y evidentemente su jefe, no solo ya cómplices de los ataques al poder judicial, sino actores principales de ese ataque y teniendo que repetirse en el mismo acto por parte del presidente del CGPJ que les dejen en paz. No hay palabras. Es un auténtico, no sólo perverso comportamiento, sino un ataque visceral y pleno al estado de derecho, a la independencia judicial, a la división de poderes, a la Constitución y al corazón de la democracia. Es de extrema gravedad inenarrable en democracia.
El presidente del Gobierno cómplice y actor principal, quien es, además, adalid de la más abyecta indignidad ante todos los españoles por no haberse dignado otorgar el mínimo respeto a los Guardias Civiles asesinados y no solo ello, sino alardeando de estar de fiesta. La más incalificable inmoralidad y vileza, imposible de entender, aún en la más desaprensiva y peor persona. El lunes y martes viajaremos al Parlamento Europeo para reclamar desde la unión de voces de la sociedad civil, e independientemente de cualquier posición e ideario político, la dimisión de quien no merece el más mínimo aprecio.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda.
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