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Carta abierta a los demócratas catalanes ante el 18-S

"Y no vale mirar para otro lado. Es tan culpable en una democracia quien excluye, que quien a sabiendas, calla"

Por Antonio Robles
miércoles, 7 de septiembre de 2022
en Opinión
10 mins read
 

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«Ningún aula de Catalunya aplicará el 25%», ha sentenciado el consejero de Educación, Josep Gonzàlez-Cambray, en la rueda de prensa del inicio del próximo curso 2022-23.

¡Cómo han cambiado las cosas en Cataluña desde que no es la lengua catalana la agraviada! Ni respeto al bilingüismo, ni derecho a estudiar en lengua materna, ni tolerancia por los derechos lingüísticos de los demás. ¡Quién lo iba a decir de una sociedad catalanista que tan sufrió, que tanto luchó, que tanto lloró por lograr una sociedad tolerante donde nadie fuera excluido en sus derechos lingüísticos!

El domingo, 18 de septiembre “Escuela de Todos” ha convocado una manifestación en Barcelona para reivindicar el derecho a estudiar en lengua materna. En la misma lengua materna que los catalanohablantes reivindicaron en el pasado para sus hijos.

No tiene esta carta abierta el objetivo de señalar los derechos constitucionales y las sentencias judiciales que tienen todos los españoles a estudiar en la lengua común y oficial del Estado. Hay sobrada información diaria, para quien no quiera ser ciego, sordo y mudo,  del filibusterismo jurídico y político que el Gobierno nacionalista de Cataluña despliega una y otra vez atentando contra la separación de poderes y contra la igualdad y libertad que nos garantiza nuestro Estado Social y Democrático de Derecho.

Es mi empeño dirigirme a todos los demócratas catalanes que de buena fe se sintieron en el pasado ninguneados en sus derechos lingüísticos y hoy se inhiben ante el apartheid lingüístico que sufren otros en nombre del supremacismo de su propia lengua. Y lo haré con sus propias palabras, con sus propias reivindicaciones del pasado, y con los mismos argumentos que a tantos castellanohablantes nos convencieron entonces para sumarnos a su lucha.

“ES AXIOMÁTICO QUE EL MEJOR MEDIO PARA ENSEÑAR A UN NIÑO ES LA LENGUA MATERNA”.

Cualquiera que tenga edad para recordar los años sesenta y setenta y haya vivido en Cataluña, sin duda recordará la campaña del catalanismo para defender el derecho a estudiar en lengua materna. Ninguna otra campaña fue tan persistente y extensa en el espacio y el tiempo como la cruzada por estudiar en lengua materna. Es decir, en catalán; porque por entonces, sólo era lengua vehicular el castellano. Nadie fue ajeno a la defensa de ese derecho y los castellanohablantes asumimos esa campaña como si de nuestra lengua materna se tratase. No porque fuera el catalán específicamente, sino porque en ese momento era la lengua excluida y porque su exclusión conculcaba derechos fundamentales del ciudadano.

La defensa de ese derecho por parte del nacionalismo no dio cuartel. Desde el emotivismo más victimista, a la apariencia de la ciencia pedagógica más avanzada, o a la autoridad y legalidad internacional de la UNESCO, el catalanismo nos convenció que impedir estudiar en lengua materna era aberrante y muy perjudicial para la educación del niño. Nadie cuestionó el derecho, ni contradijo el perjuicio causado. El axioma de la UNESCO de 1953 fue utilizado por el catalanismo no sólo como criterio pedagógico indiscutible sino como fundamento humano inalienable: «Es axiomático que el mejor medio para enseñar a un niño es la lengua materna».

A caballo entre esta máxima y las conclusiones de la Conferencia Internacional de Bilingüismo de 1928 en Luxemburgo, que concluye que la lengua materna es el mejor método de aprendizaje para el niño, todos los prebostes del catalanismo de entonces —que son los mismos que nos gobiernan ahora— , defendieron la tesis de la lengua materna con uñas y dientes.

El líder del PSUC, Josep Benet, en Combat per una Catalunya autónoma, recoge aquel espíritu con especial dramatismo: «Se tortura a nuestros niños durante los primeros años de escuela aprendiendo en una lengua que no es la materna». «Los resultados analizados (desde 1928) mostraron que estos alumnos a los que se aplicaba un programa de cambio de lengua “casa-escuela” presentaban en general peores resultados académicos y niveles más bajos de inteligencia que aquellos niños en los cuales la lengua de instrucción y la familiar coincidían. A partir de estos datos, la Oficina Internacional de Educación manifestó públicamente que la Primera Enseñanza en lengua materna había de ser condición sine qua non para un pleno desarrollo académico y psicológico de los niños».

Trías Fargas, de CiU y portavoz de «la Minoría Catalana», insistía con el mismo argumento en 1978 en el Congreso de los Diputados:

«Creo que es justo decir también que el derecho a la lengua materna es un derecho del hombre, un requisito pedagógico de la máxima importancia. Cambiar de lengua en la niñez dificulta extraordinariamente la capacidad del niño. Nosotros nunca vamos a obligar a ningún niño de ambiente familiar castellano a estudiar en catalán». (Ramon Trías Fargas, CiU, Comisión Constitucional, debate sobre el art. 3 CE, 1978). Menos mal que nunca iban a obligar…

Estimado demócrata catalán que aún me sigue leyendo, no hubo ni un solo catalanista, entre los que bien podría estar usted, que no defendiera la lengua materna como lengua de enseñanza, ni día que no se recordase; sin embargo, una vez que el Gobierno de la Generalidad de Jordi Pujol dispuso de los traspasos de Educación, fue desplazando al castellano hasta dejarlo fuera del sistema educativo a través de la inmersión (de momento camuflada), sólo en catalán. A partir de ese momento, «la lengua materna» dejó de ser un derecho de los padres, y sus virtudes educativas pasaron a la «lengua de la tierra». Un tocomocho desvergonzado y obsceno. De víctimas a verdugos, y con buena consciencia.

 Quizás, de las razones más hipócritas argüidas para despojar a la población castellanohablantes de sus derechos a estudiar en lengua materna, sean las del responsable de la inmersión en los veintitrés años de Pujol, Joaquim Arenas i Sampera que, empeñado en buscar razones para impedir la enseñanza en castellano, retuerce el axioma de la UNESCO de 1953 y de las conclusiones de la Conferencia Internacional de Bilingüismo, para hacerles decir lo contrario de lo que dicen: «Los sabios allí reunidos —dice Joaquin Arenas de la Conferencia Internacional de Bilingüismo, de 1928—, no pocos catalanes elaboraron unas conclusiones que llevaron a la condena del bilingüismo como aprendizaje simultáneo de dos lenguas y a proclamar en consecuencia la lengua materna como único vehículo para los aprendizajes escolares». Hasta aquí, respeta la letra, pero como ahora ya no le interesa defender la lengua materna, se pregunta: «¿Correspondía, sin embargo el concepto de lengua materna a la idea de lengua mamada? Este era y es el quid de la cuestión», para concluir cínicamente: «Los sabios allí reunidos se decantaron a favor de la enseñanza en lengua propia, que denominaban materna en un sentido más amplio, no etimológico, que puede ser interpretado como lengua madre de la tierra. Se deduce claramente que defendiendo la lengua materna tal como lo hacían apostaban por la lengua territorial».

Y después de hacer un sinfín de trampas más, concluye: «Se puede afirmar que tanto en la Conferencia de Bilingüismo de 1929 como en la de la UNESCO desde 1951 hasta la actualidad, cuando se nombra el concepto de lengua materna se traduce en el sentido de «lengua maternal de la tierra», es decir, de lengua territorial». (La inmmersió lingüística. Escrits de divulgació. Joaquim Arenas i Sampera. Pags. 16 y 17. Barcelona, 1986). Sus fuentes parecen haber sido citadas a voleo, porque ni siquiera coinciden los años de dichos eventos con los reales. Según este aprendiz de brujo, la «lengua materna» pasa a «lengua territorial» en cuanto son los niños de lengua materna castellana los excluidos de este derecho.

Independientemente de la mezquina grosería de hacer hablar a las piedras y convertir a tu madre y a tu padre en dos alcornoques, lo más insoportable es la manipulación y la indecencia ética y científica que les sigue. Porque no nos olvidemos que estamos hablando del promotor de la inmersión cuyas teorías fueron llevadas a la práctica con todos los Gobiernos de Jordi Pujol y aún hoy se siguen al pie de la letra; además de ser el santo que sacan a pasear cada vez que hay que hablar de ciencia pedagógica para defender la inmersión.

Como el impostor Joaquim Arenas, la ex consejera de Educación, Irene Rigau pasó de defender la lengua materna a considerar que esta era la lengua  territorial,  es  decir,  la  lengua  propia,  es  decir,  «su»  lengua  materna. Y si alguien no lo tiene claro, que le pregunten al ex presidente de la Generalidad, Artur Mas que no se anda con rodeos cuando alguna madre le pidió enseñanza en lengua materna: «Que se monte un colegio privado en castellano para quien lo quiera pagar, exactamente igual que se montó uno de japonés en su momento». (Entrevista en El Mundo, 18/02/2006).

NO VALE MIRAR PARA OTRO LADO

Sería ocioso, estimado demócrata catalán, continuar relatándole más y más referencias del sentido último que le dieron y le dan hoy mismo a la lengua materna

nuestros más ilustres catalanistas. En “Historia de la Resistencia al Nacionalismo en Cataluña”, de donde he extraído esta muestra, da cuenta de estas y otras huellas infames que han sabido silenciar. Prefiero dirigirme a usted como representante imaginario de un tiempo de silencio y sumisión donde la mayoría prefiere obviar, incluso colaborar con el mal.

He dicho bien, con el mal. Porque en Cataluña en nombre del victimismo de una lengua, se han conculcado y se están conculcando los derechos ciudadanos de más de la mitad de su población. Y no vale mirar para otro lado. Es tan culpable en una democracia quien excluye, que quien a sabiendas, calla. No le quiero ofender, solo recordar que si hoy en Cataluña unos ciudadanos no tienen derechos lingüísticos, es porque otros se están aprovechando de ello. De mil formas y muchas con ventajas económicas, políticas, culturales, periodísticas…

¿O es que cuando los nazis vaciaban de judíos barrios enteros y sus negocios y casas quedaban abandonados no había nadie que los okupaba? ¿O es que cuando se impone un arancel lingüístico en Cataluña, el aspirante a una oposición no repara que sus posibilidades aumentan ante la eliminación de cualquier otro opositor del resto de España que no puede inscribirse por cuestiones lingüísticas? ¿O es que en Cataluña ningún periodista ha reparado que en nombre del cuento de la lengua propia de Cataluña tiene asegurada una madriguera donde miles de ciudadanos catalanes tienen vedado el trabajo? (Recorran cualquier sector político, social y económico y llegarán a la misma conclusión). ¿O es que en esos barrios judíos vaciados no había nadie que no se diera cuenta de nada, ni nadie intuía su destino…?

No se ampare en los ejemplos truculentos para desentenderse o sentirse ofendido. No pretendo ofenderle, sólo impedirle que se siga dando coartadas. Y se implique.

“YO NO SABÍA NADA”

Después de tanta disculpa de mal pagador con la sentencia firme del 25%, y puestas las cartas boca arriba con un decreto ley del Parlament de Cataluña con el apoyo explícito del mismísimo PSC para saltarse la separación de poderes, el apartheid lingüístico aparece con toda su miserable crudeza. Usted, demócrata catalán, no puede desentenderse de ese atentado contra el Estado de Derecho y su separación de poderes.

Hubo un tiempo en que negaban la inmersión, en que ocultaban la exclusión del castellano en la escuela y satanizaban a todo el que osara denunciarlo. El monstruo aún no había crecido lo suficiente. Sólo cuando lograron controlar política y mediáticamente  a la sociedad catalana, conseguido anestesiar a dos generaciones de escolares y colonizar la escuela de maestros nacionalistas se han atrevido a salir de sus escondrijos como comadrejas para imponer su modelo totalitario. Ahora sí, ya a las claras, como vulgares matones de discoteca.

Expertos en manipular el lenguaje y la historia, es  hora de hacer coincidir palabras y hechos. En Cataluña estamos más cerca del franquismo lingüístico que de la democracia. Porque si Franco se basó en un modelo totalitario para imponer el estudio exclusivo en y de castellano, el catalanismo impone el estudio exclusivo en catalán e impone una limpieza lingüística del castellano en todos los estamentos sociales por encima de sentencias judiciales y contra el derecho fundamental a estudiar en la lengua común de todos los españoles. Incluso con un agravante, mientras en el franquismo se pudo estudiar catalán y en catalán abriéndose paso poco a poco desde los años sesenta a pesar de no ser oficial, ahora en democracia, cada vez se puede estudiar menos en castellano, pues ni siquiera aquellas familias que habían logrado judicialmente que sus hijos pudieran estudiar un 25 % en castellano, podrán hacerlo el próximo curso según los máximos representantes de la Generalidad. Y con la colaboración del PSC.

No se ofenda querido demócrata catalán por hechos tan incontestables como estos.

Tiempo ha tenido para ofenderse por los niños castellanohablantes que no han podido ni pueden estudiar en su lengua como sus hijos pueden hacerlo en la suya. Tiempo tienen ahora para tomar conciencia de su dejadez cívica y tomar la decisión de asistir a la manifestación del domingo 18 de septiembre en Barcelona, y ayudar con su presencia a que la ciudadanía deje de ser una palabra vacía en Cataluña y pase a ser garantía de derechos. De todos. Independientemente de su lengua preferida.

Que nadie nunca en Cataluña, cuando estos miserables pasen a las cloacas de la historia, pueda decir “yo no sabía nada” sin caérsele la cara de vergüenza.

Antonio Robles. Barcelona, 6 de septiembre de 2022

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Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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