Quizás mucha gente no lo sepa, pero el emperador Carlos V vivió más de tres años y medio en Barcelona, y en sus memorias Barcelona y Valladolid son las ciudades que más menciona. Además en un reciente estudio publicado en el libro «Carlos V y Cataluña», sostengo que antes que la lengua castellana, el emperador Carlos aprendió a hablar catalán.
Una lengua que hablaba y escribía con soltura, y que dominó casi a la perfección, sin mostrar apenas ningún acento extranjero. Por contra cuando hablaba en castellano, marcaba un destacable acento flamenco, que mantuvo hasta sus últimos días en su retiro en el monasterio de Yuste.
Después de jurar en Lérida los fueros catalanes el 28 de enero de 1519, el emperador Carlos V entró por primera vez en Barcelona el 15 de febrero de ese mismo año, para proceder a inaugurar las Cortes al día siguiente. La Ciudad Condal mostró un júbilo desbordante ante la llegada del joven emperador de tan solo diecinueve años, que era rey de Aragón y de Castilla. Tal era la devoción de los barceloneses hacia su monarca, hasta el punto en que se puso a sus disposición un lujoso carruaje, que en vez de estar tirado por caballos, lo arreaban personajes célebres de la ciudad, como eran los jefes de las cofradías o de la Generalitat.
Las Cortes fueron muy provechosas para el reino en general, y para la ciudad de Barcelona en particular, porque en ellas se aprobaron treinta y cuatro constituciones, la mayoría relativas a legislación jurídica y del funcionamiento de las instituciones de justicia. Así como diecinueve capítulos y medidas proteccionistas, que versaban sobre asuntos como que solo los vasallos de la Corona podían fletar al exterior productos como la sal, la lana, el trigo o el esparto, así como la prohibición de sacar animales de Cataluña,
Todo ello suponía una serie de medidas económicas, para que la Generalidad y el Consell de Cent tuviesen más control económico sobre los productos originarios de Cataluña. En el plano laboral se estableció sobre los funcionarios públicos, la obligatoriedad de asistir al trabajo todos los días laborales, y que se exigiese auditar todas las cuentas de los diputados que cesaban en sus cargos, medidas supervisoras éstas, que serían muy útiles en la actualidad.
Justamente ahora se cumplen quinientos años de esta efeméride, y lo que sería motivo de celebración en un país «normal» con autoridades «normales», aquí en la Comunidad Autónoma Catalana, una fecha tan importante en la historia de Barcelona, se ha querido borrar de la memoria de los barceloneses. Por lo visto hay memoria histórica para unas cosas irrelevantes y hay olvido histórico para acontecimientos auténticamente trascendentales.
Esta desmemoria maliciosamente sobrevenida, no me sorprende entre los políticos independentistas de la Generalitat, que quieren borrar cualquier vestigio de hispanidad en la historia de Cataluña. Por lo que respecta al Ayuntamiento de Barcelona, he de sentir una profunda tristeza por esta alcaldesa que tenemos, que a lo que historia se refiere, solo sabe distinguir entre personas normales -los de izquierdas como ella- y los «fachas», o sea todos aquellos que no son de izquierdas, como el Cid Campeador, Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, el almirante Cervera y por supuesto Carlos V, y todos los reyes de la historia de España.
Pero cuando la iniciativa pública desiste de su obligación, es la iniciativa privada la que recoge el testigo de la actividad abandonada, y ha tenido que ser la asociación cultural HISTORIADORS DE CATALUNYA, que bajo la supervisión de su presidente Oscar Uceda ha desarrollado el pasado sábado día 16 de noviembre una jornada de recordatorio de la primera llegada del emperador Carlos a nuestra ciudad, con una visita cultural al barrio gótico y a la catedral, con la asistencia de un público interesado por su ciudad, y unos figurantes que recreaban a personajes de la época, incluido el propio rey Carlos.
Finalizo este artículo con el firme convencimiento en que llegará el día, en el que los políticos falseadores, los ocultadores de la historia y los analfabetos intelectuales, serán sustituidos por una nueva clase de dirigentes políticos comprometidos con su pueblo y con su pasado.
Juan Carlos Segura Just
Miembro de Historiadors de Catalunya
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