La cafetería de El Corte Inglés de Cataluña tiene unas vistas envidiables de Barcelona, y solo por ello ya vale la pena visitarla.
Pero si uno quiere comer en su bufet se puede encontrar con sorpresas. Los precios no son precisamente económicos, pero si el producto lo merece se podría perdonar. Lo que no se puede perdonar es que lo que comas no sea tan satisfactorio como uno espera.
Las patatas fritas del grill, en dos platos diferentes, estaban poco hechas y duras. Puede ser una casualidad, pero unido a que la butifarra no era nada del otro jueves ya nos hizo sospechar. La hamburguesa con bacon y queso, sabrosa.
Los macarrones con salsa boloñesa tenían mucho mejor pinta que sabor. Se agradece que se hierva en el momento, pero el aderezo tenía un toque dulzón que destroza el plato.
Y los (dos) canelones de una ración de 8,50 euros tampoco pasarán a la historia de este noble alimento con una notable tradición en Cataluña.
Mi pena es no haberme decidido por el arroz, que tenía buen aspecto. Habrá que darle una oportunidad para ver si mejora el balance de mi visita, que fue más que mediocre.
Hace unas semanas tuve una experiencia similar en la cafetería del centro de Puerta del Ángel, con una pechuga de pollo empanada que no era nada del otro jueves. Eso sí, a precio de como si lo fuera.
Lo mejor, el personal. En las cafeterías de El Corte Inglés, al menos en los centros de Barcelona que he visitado (Cornellà, Maria Cristina, Cataluña y Puerta del Ángel) es muy atento y amable.
Es una opción práctica si estás de compras en uno de sus centros, o si se prima la eficacia y el buen trato del personal. Aunque la relación calidad-precio de la comida es más que mejorable.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















