Un grupo de independentistas han sido detenidos en posesión de material explosivo listo para perpetrar atentados. Los jueces valorarán el alcance de esos supuestos propósitos delictivos y si procede, o no, su pase a prisión. Lejos de la prudencia que debe presidir las declaraciones de todo político en activo hemos asistido de nuevo a un cúmulo de despropósitos protagonizado por los mandarines del Procés.
La ceguera sectaria de algunos prohombres del nacionalismo les ha llevado a afirmar que todo es un montaje del estado contra Cataluña. Miriam Nogueras, Elsa Artadi y Laura Borras se manifiestan contra la Guardia Civil; Quim Torra escribe a Sánchez pidiéndole explicaciones improcedentes mientras tv3 blanquea el tema insinuando inconfesables maniobras desde el poder central…
Lamentable, triste prolegómeno de lo que está por llegar de aquí a pocos días. Amigos, esto ya pasa de castaño oscuro. Me duele ver calles y plazas de mi país con gente ‘normal’ manifestándose presta a justificar lo injustificable, dispuesta a hacer la vista gorda ante el fanatismo. El burundanga identitario nubla la razón, borra la memoria, limita la voluntad. Carles Puigdemont, Torra y su peña legitiman con su actitud e insinuaciones mezquinas la violencia.
En más de una ocasión he pensado que estos nacionalistas irracionales serian capaces de dar por buena aquella horrible frase que el poeta Laurent Taihade, en plena epidemia de explosiones dinamiteras, soltó en 1893 en un banquete de la revista francesa ‘La Plume’: “¡Qué importan las víctimas si el gesto es bello!” Frase lamentable fruto de cierta teoría estética de la violencia. Como lamentable es el fanatismo que lleva a la irracionalidad a un buen número de políticos que viven pendientes de Waterloo. Esos que en su fuero interno exclaman: ¡Qué nos importa la gente si seguimos marraneando!
Joan Ferran
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















