Si esta pandemia nos ha impuesto algo son barreras. Barreras para no poder salir de casa durante 10 semanas, salvo que tuviéramos una razón muy justificada (que cambiaba cada dos por tres debido a la improvisación del Ministerio de Sanidad). Barrearas para abrir nuestros negocios. Para trabajar. Para desplazarnos. Para ir al hospital. Para ver a nuestros seres queridos. Barreras incluso para despedirnos de ellos.
Con los polémicos cambios de fase algunas de estas barreras van cayendo, pero también se crean otras. Increpar a un camarero porque no lleva puesta la mascarilla, sin saber que se la ha quitado momentáneamente para poder respirar, es una barrera. Obligar a tener cerrado el interior de un bar cuando se puede abrir cualquier otro pequeño comercio (con limitaciones) es una barrera. No tener informados a todos los negocios de todos los cambios administrativos que supone cada cambio de fase, es una barrera. Y decir que los centros educativos van a abrir el próximo 1 de junio sin que haya la más mínima directriz de cómo debe hacerse esa apertura es una barrera, especialmente para las familias con menos recursos.
Hay otras barreras que permanecen, pero porque han existido desde el principio. Como la soberbia de ciertos miembros de este tripartito. Una soberbia que supone la mayor barrera para adoptar medidas nuevas y urgentes y superar dogmatismos. Dogmatismos que llevan a dejar sin recursos a Globalleida, que debe ser el motor de la reactivación económica de esta ciudad. Pero no se toca ni un solo euro del Consorci de Normalització Lingüística, el Museu de Lleida o el Consorci de la Seu Vella.
No sé ustedes, pero personalmente prefiero luchar para evitar el cierre de una empresa de Lleida antes que mantener el Museu de Lleida a 25º este verano. Prefiero evitar un despido a que la Seu Vella siga iluminada con la misma intensidad el resto del año. Y sí, vamos a decirlo: prefiero que un negocio pueda seguir abierto antes de ofertar otro curso de catalán. Sin embargo para este tripartito las prioridades están claras: podemos arruinarnos, pero lo haremos en perfecto catalán. Cuestión de prioridades. Para mí, primero la salud y los empleos. El resto puede esperar tiempos mejores.
Dogmatismos que son barreras. Como las que han puesto para peatonalizar ciertas calles. Sin estudios que haya podido ver la oposición. Sin explicaciones previas. Sin información al ciudadano. Solamente una deducción al respecto: lo hace Barcelona, ergo tiene que estar bien. Y eso nos deja la calle Rovira Roure, eje de entrada para la ciudad, cerrado en fin de semana. Sin que los vecinos entiendan nada. Ni los vecinos, ni la oposición. Barreras dogmáticas.
Barreras que nos dejan situaciones como ésta: a un lado de la valla, una calle peatonalizada donde la gente puede tomar algo después de meses de confinamiento. Al otro, la plaza del Depósito, donde se encuentran un montón de personas sin techo que buscan trabajar en la fruta este verano. A unos metros, al principio de la calle Caballeros y aprovechando el porche de la Caseta de Fusta (otro centro que debería estar impulsando el empleo en esta ciudad), otro campamento de temporeros. Sin que el tripartito de la publicidad haya tomado cartas en el asunto.
Pero es lo que tienen las barreras: impiden pasar al otro lado. Las barreras dogmáticas también: nos impiden afrontar los problemas reales de esta ciudad.
Ángeles Ribes. Portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Lleida
(NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















