Barcelona no puede permitirse ser noticia por sucesos que parecen propios de una distopía urbana. Es urgente que el PSC asuma su responsabilidad y deje de mirar hacia otro lado ante el aumento de la violencia y la delincuencia de origen multirreincidente.
Un delincuente de nacionalidad marroquí ha fallecido en el barrio de Bon Pastor tras intentar asaltar a un hombre de 66 años que se desplazaba en silla de ruedas. La vulnerabilidad de la víctima no frenó al asaltante, pero sí desencadenó una respuesta desesperada que terminó en fatalidad a plena luz del día. La víctima apuñaló al delincuente, que resultó herido de muerte.
Si la respuesta del ciudadano es la autodefensa ante la desprotección institucional, el fracaso del alcalde es absoluto. La ciudad necesita orden, firmeza y una seguridad real que no dependa del azar o de la capacidad de resistencia de las víctimas.
La indignación vecinal crece proporcionalmente a la inseguridad en las calles de la capital catalana. Los ciudadanos asisten con estupor a una degradación de la convivencia donde el delincuente se siente dueño del espacio público. La muerte de este individuo tras un intento de robo es la prueba de que la delincuencia está fuera de control y los ciudadanos se han pasado a la autodefensa.
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