El totalitarismo secesionista ha de ser combatido por el Estado de derecho, por todos los poderes de un país que han de velar por la igualdad y el bienestar de todos los españoles. Por desgracia, no es así, y no solo campan a sus anchas, sino que se saltan las leyes cuándo y cómo les conviene.
Mientras la Generalitat de Cataluña, o el gobierno autonómico vasco, por poner dos ejemplos, trabajan para crear ciudadanos de primera, y ciudadanos de segunda, nadie les planta cara y les responde desde los poderes económicos, o desde el gobierno central.
La presencia del Gobierno de España en estas dos comunidades autónomas es cada vez menor, y los aparatos de propaganda de los partidos separatistas están consiguiendo que todo lo que suene a “España” sea para muchos vascos y catalanes lo mismo que «atrasado» y «antidemocrático»
Al separatismo no hay que contentarlo, hay que combatirlo democráticamente. No hay que intentar atemperarlo, se le ha de exigir que cumpla las leyes. Es la única manera de evitar que sus postulados antidemocráticos, tribales, se impongan a los derechos civiles de todos los ciudadanos españoles, que hemos de ser libres e iguales.
Comentario editorial de elCatalán.es
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