La verdad es lo más les molesta a los hispanófobos separatistas que han emprendido una cruzada para erradicar al castellano como lengua de uso social. Su persecución en redes sociales de los dependientes y comerciantes – muchos de ellos de Hispanoamérica – que atienden en español es brutal. Su persecución de los médicos – muchos de ellos también hispanos – que no atienden en español es brutal. Su señalamiento para que los despidan por no hablar en catalán es brutal. Sus ‘campañitas’ de «hable solo veintiún días solo en catalán» para quitarte el «hábito» de hablar en español son directamente supremacistas.
Y cuando a estos aprendices del Ku Klux Klan les señalan el capirote se enfadan mucho. Porque una cosa es actuar a diario como un supremacista, que para eso son los amos de Cataluña y hablan en la ‘llengua pròpia del país’ y otra que muestren públicamente sus vergüenzas. Cuando una compañía de teatro (‘Teatro sin papeles’) formada por actrices migrantes hispanas se atrevió, durante el acto de presentación del Observatorio de las Discriminaciones del 2024 del Ayuntamiento de Barcelona, a representar unos sketches en el que se ve el día a día de muchos trabajadores de origen hispano en Cataluña, se han indignado.
Claro, no les ha gustado que actrices hispanas representaran cómo en las entrevistas de trabajo, cuando se relacionan con las administraciones públicas o cuando van al médico se les discrimina exigiéndoles ‘per collons’ el uso y el conocimiento del catalán. Claro, ellos vienen a España y piensan que con el español lo tienen todo hecho, pero no contaban con que Cataluña se ha constituido, de facto, en una especie de República dictatorial en el que los derechos lingüísticos son solo para los catalanoparlantes.
Por supuesto, el Ayuntamiento de Barcelona se ha disculpado por estos gags a los que la prensa separatista ha tildado de «catalanófobos» en una campaña de linchamiento más de las muchas a las que nos tienen acostumbrados. Si el alcalde socialista Jaume Collboni cuelga carteles informativos para los emigrantes en tagalo, árabe, urdú y catalán, pero no en español, como no va a sentirse solidario con el nuevo Ku Klux Klan lingüístico que decide en qué lengua puedes o no hablar.
Si el Ayuntamiento ha decidido que la gran mayoría de la comunicación con los ciudadanos ha de ser solo en catalán (señales, rótulos, carteles, avisos), en detrimento de la lengua más usada por los barceloneses – el castellano – no le queda otra que apoyar la hispanofobia contra estas actrices. Parecía que en el Matrix hispanófobo del separatismo hubo un fallo cuando encargaron a estas actrices que representaran ese gag. Al final se impusieron los capirotes blancos y ya está todo en orden. Collboni – y Salvador Illa y su consejería de Política Lingüística – ya pueden respirar tranquilos.
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