Ada Colau es como un jarrón chino que molesta tanto a los Comunes, como al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona. Jaume Collboni y los socialistas están hartos de ella, por los desplantes que sufrieron cuando era alcaldesa de la ciudad y por las campañas con saña contra los socialistas que está promoviendo en los últimos meses.
La última campaña de Colau contra Collboni ha sido en plena Navidad, acusando al actual alcalde de falta de sensibilidad social en materia de vivienda, y de ser una marioneta de los poderes económicos. Los Comunes tienen claro que con Colau enredando va a ser difícil que puedan volver a formar parte del Gobierno municipal de la capital catalana.
Y Yolanda Díaz tiene un triple problema: los Comunes son la facción, junto a Más Madrid, más poderosa de Sumar y ha de tenerles contentos. Además, Ada Colau – aunque a muchos barceloneses le parezca increíble – es un valor importante dentro del campo político de la extrema izquierda y goza de un amplio predicamento. Y, por último, Sumar necesita armar una candidatura potente para las elecciones europeas que pueda aplastar a la lista de Podemos que encabezará Irene Montero.
Ahí aparece el nombre de Ada Colau: de entrada, dejaría de enredar en la política municipal barcelonesa y facilitaría acuerdos con Collboni. Aspecto muy importante, no solo para meter a concejales en el equipo del Gobierno, no hay que desdeñar que todavía quedan en el consistorio centenares de puestos de libre designación (‘a dedo’) ocupados por los Comunes que podrían ser todos cesados en un santiamén si los socialistas se hartan y acaban pactando con Junts.
Además, Colau sería una candidata dura de pelar para Irene Montero, debido al inexplicable, pero sólido, predicamento que sigue teniendo entre el electorado de extrema izquierda. Y tendría a los Comunes contentos y Sumar podría, en el futuro, con la excusa que Colau encabezó dicha lista, entregar futuros cargos en el Gobierno o en la coalición al resto de facciones que integran Sumar. Ahora solo falta que Colau dé el «sí» y acepte el cambiar su calculada venganza contra Jaume Collboni por un cargo de relumbrón en la Eurocámara.
Porque nadie duda que Ada Colau sería una de las voces más destacadas de la extrema izquierda en el próximo Parlamento Europeo, tras sus continuas campañas de autobombo durante los ocho años que fue alcaldesa de Barcelona y que la han convertido en un referente del populismo internacional gracias a la promoción que ha conseguido con las políticas que han destrozado a la capital catalana.
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