Raúl Tamudo es el mejor jugador perico del último medio siglo. Lo que nos ha hecho soñar y disfrutar este hombre no lo ha conseguido nadie más. Durante muchos años fue el gran orgullo de nuestro afición, el futbolista del que nuestros chavales podían presumir, el referente cuando hablábamos con aficionados de otros clubes. Un número indiscutible que poner en la camiseta recién comprada en la tienda, y que ahora compite con la del mítico capitán Dani Jarque, otro gran referente de nuestra afición.
Este mítico delantero tendría que haberse retirado defendiendo la elástica del Espanyol, y no ir dando vueltas por la Real, México o el Rayo Vallecano. Pero así son las cosas. Raúl se equivocó, pero deberíamos haber tenido en cuenta que en la balanza de su paso por el equipo, lo positivo es tanto, que tendríamos que haber intentado arreglarlo a cualquier precio. Pero las ganas de ‘vendetta’ de algunos lo impidieron. Menos mal que la herida se cerró hace tiempo, y el mítico ’23’ perico trabajan en nuestro Mágico.
Comencemos por el principio. 23 de marzo de 1997. Jornada 30. Rico Pérez. El Espanyol visitaba el campo de un rival directo, el del Hércules. Una temporada difícil, otra más en un club que se había acostumbrado en la última década a transitar por el filo de la navaja, con dos descensos en un lustro. Paco Flores decidió que era el momento que Raúl Tamudo, un chaval que sólo tenía diecinueve años, debutara con el primer equipo. Al día siguiente ya salió en la parte superior de la portada en El Mundo Deportivo con este titular: “Tamudo decide con un golazo”. Y es que nuestro primer héroe, el corazón del que con los años sería el Trío maravillas, la armó al marcar el gol de la victoria (1 – 2) en el minuto 89.
No podía ser de otra manera, un jugador que nació para triunfar en el Espanyol tenía que hacer diana el día de su estreno, en el último minuto y en un partido en el que el club de sus amores se jugaba la vida. Era el principio de una historia de pasiones encontradas que justo acaba de terminar. Y la demostración que Tamudo tiene un par…
El mejor 23 de la historia del fútbol catalán debutó en un mágico día 23 con el número 29. En el minuto 58, sustituyendo a Nando, uno de esos defensas que han pasado por el club, todo pundonor, pero que con el tiempo hemos olvidado. Perdíamos uno a cero. El equipo se hundía un poco más y Flores se la jugó. Y le salió bien. Luis Cembranos empató en el minuto 75 … y entonces apareció Raúl.
Faltaba un minuto para el final del encuentro. El de Santa Coloma llegó a un balón de Lardín, con temple vio la alocada salida del guardameta Marí y le pasó el balón por encima, que se alojó en las redes e hizo saltar de alegría a los doscientos espanyolistas que viajaron para apoyar al equipo en este difícil encuentro. Su sangre fría era digna de un veterano, pero sólo llevaba unos días entrenando con la primera plantilla. Madera de triunfador, de jugador con carácter.
Ese lejano 23 de marzo nació un mito. Que se consolidó el 27 de mayo de 2000, cuando abrió una puerta a la esperanza, a un Espanyol mejor, a un club con menos complejos y con más ambiciones. En Mestalla se acabó una maldición. Y el que rompió el cerrojo fue Raúl Tamudo. Luego Sergio remató la faena, pero el de Santa Coloma nos dio el primer motivo para el sufrimiento. Sufrimiento gozoso, porque lo pasamos mal en las gradas para que no nos empataran.
Temíamos la remontada tras tantos años de errores y mala suerte. El miedo de ir por delante cuando siempre has ido a remolque. Pero el gozo no se truncó, y ni el gol de Hasselbaink nos desanimó. Durante un par de minutos pensamos que la historia se podría repetir, pero con Tamudo en el campo no podía pasar. Él simbolizaba un Espanyol más fuerte, sin complejos, y nos llevamos la Copa. Y bailamos La bomba. Y llenamos la Plaça de Sant Jaume. Y las fuentes de Montjuïc fueron una fiesta. Y nunca más volvimos a ser los mismos. Tras su partidazo, el Glasgow Rangers estuvo a punto de arrebatárnoslo, pero un gran médico, el Dr. Gert, dijo que su rodilla estaba ‘ful’, lo que le retrató como galeno, pero que sirvió para que Tamudo nos deleitara durante años y años.
Y el 12 de abril de 2006 repetimos, con un Bernabéu lleno a reventar de pericos y zaragocistas. La caravana de veintisiete mil pericos estaba llena de gente joven que ya había visto a un Espanyol campeón. Ya no éramos aquel equipo que había ido a Mestalla con el estigma del perdedor. El Zaragoza fue la víctima de esa ambición perica, porque llevaron cuatro goles como cuatro soles. Y Tamudo volvió a marcar nada más comenzar el partido. Ganamos una copa que toda la prensa y el mundillo futbolístico le daba a los maños auténtico matagigantes que en esa edición había eliminado, por este orden, al Atlético de Madrid, al Barça y al Real Madrid. Y volvió la fiesta. Sin olvidar el ‘Tamudazo’ del 8 de junio de 2007 en el Camp Nou. Marcó dos goles y eliminó las opciones del Barça de ganar esa Liga.
Raúl Tamudo también ha llevado el orgullo perico a la ‘La roja’. Ha jugado trece partidos con la selección española, y ha marcado cinco goles, todos ellos de cabeza. Debutó el 16 de agosto de 2000, en un amistoso contra Alemania en Hannover tras ser convocado por José Antonio Camacho. Su primer gol lo marcó el 21 de agosto de 2002, en otro amistoso jugado en Budapest contra Hungría, en homenaje al desaparecido Pancho Puskas. Empate a uno con Iñaki Sáez debutando en el banquillo. Sus otras víctimas fueron Venezuela (dos goles en un amistoso disputado el 18 de agosto de 2004), Canadá (amistoso, 3 de septiembre de 2005) y Dinamarca (13-10-2007, en Aarhus).
En este último partido La Roja consiguió ganar por 1 a 3, lo que le sirvió para dejar de sufrir en su lucha para la clasificación para la Eurocopa. Este encuentro abrió el camino a una selección que a partir de ese momento se convirtió en imparable. Tamudo marcó el primer gol en un match en el que también jugaron otros dos integrantes de nuestro Espanyol, Riera (que fue titular) y Luis García, que saltó al césped en el minuto 78.
Raúl también dio la asistencia del segundo, a Sergio Ramos, y un tiro suyo facilitó el tercero, dado que rebotó en un defensa y Riera aprovechó la ocasión para marcar un golazo entrando desde atrás. Fue el gran momento de Tamudo, que recogía el fruto de su gran labor en el Espanyol. Había hecho un partidazo y al fin había marcado con la selección en un partido oficial. La participación perica en la selección también fue importante en el siguiente partido, contra Finlandia (17 de octubre en Helsinki). Un empate a cero que sirvió para seguir sumando, y en el que jugaron Luis García y Riera de titulares, y Raúl como suplente (a partir del minuto 54, sustituyendo a Silva). Y en el encuentro que remachó la clasificación, el tres a cero contra Suecia disputado el 17 de noviembre en el Bernabéu, también jugaron como suplentes Riera (por Silva en el 65) y Tamudo (por Villa en el 51).
Jugó su último encuentro con La Roja el 21 de noviembre de 2007, contra Irlanda del Norte (1-0, gol de Xavi), tras sustituir a Güiza en el minuto 57. Eran aquellos tiempos en que el Espanyol de Valverde maravillaba en la Liga y nuestro héroe parecía imparable, pero una maldita lesión, y la horrible segunda vuelta del Espanyol dinamitaron sus posibilidades, y el ‘23’ perico no volvió a ser convocado por la selección.
El último gran momento de Tamudo, y de sus compañeros del ‘Trío maravillas’, Iván de la Peña y Luis García, vino con la mágica campaña europea que nos llevó a la final de Glasgow. El auténtico protagonista de la gran temporada continental fue Walter Pandiani, que se convirtió con once dianas en el máximo goleador del torneo, pero el tridente Raúl-Luis-Iván fue la columna vertebral que nos llevó a la ciudad escocesa tras una trayectoria increíble, sin perder un solo partido a lo largo de la competición. No conseguimos la copa, pero lavamos en parte la herida de Leverkusen.
Y llegó su final de etapa en el club como jugador. De nada sirvieron sus 129 goles y 340 partidos en Liga – Tamudo tiene ambos récords como jugador del RCDE -, sus tantos decisivos en dos finales de Copa del Rey y el ser el futbolista perico más reconocido por el fútbol español y europeo del último medio siglo. El mejor no colgó las botas en su club de toda la vida, por culpa de los errores de todos, el egoísmo de unos cuantos y la ceguera de algunos dirigentes. Al menos pudimos aplaudirle como se merecía en el último partido de la temporada inaugural del estadio de Cornellà-El Prat. Treinta minutos en un encuentro intranscendente contra Osasuna, que al menos bastaron para que la grada rebosara de cariño.
Por suerte, actualmente está vinculado a nuestro club, y sigue aportando su ejemplo y, sobre todo, su peso histórico como uno de los grandes mitos que han vestido la blanquiazul.
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