40 libros para una Barcelona plural. ‘Carles Saldaña i Beüt. Alady, l’últim rei del Paral.lel’, de Miquel Badenas

El Paralelo barcelonés, aunque sigue siendo uno de los ejes nocturnos de la capital catalana gracias, sobre todo, a los teatros Apolo, Victoria y Condal y a la sala Apolo y a El Molino, ya no tiene el esplendor de otras épocas en el que fue conocido como el ‘Broadway catalán’. Durante buena parte del siglo XX fue de los centros de espectáculos más importantes de Europa, pero la decadencia poco a poco se fue apoderando de esta zona.

Entre los grandes triunfadores de la época de oro del ‘Broadway’ barcelonés estuvo el valenciano Carles Saldaña i Beüt, cuyo nombre artístico es Alady. Y Miquel Badenas escribió en 2001 un completo libro sobre su trayectoria artística: ‘Carles Saldaña i Beüt. Alady, l’últim rei del Paral.lel’ [el último rey del Paralelo] (Editorial Mediterrània), una obra imprescindible para conocer su grandeza. De la importancia de este cómico, actor y locutor radiofónico queda aún rastro en Barcelona: cuenta con una placa de homenaje en la fachada del teatro Apolo, en pleno Paralelo.

El libro comienza glosando la historia y la importancia del Paralelo dentro del ocio de los habitantes de la capital catalana, e introduciendo el papel de Alady como un personaje clave a partir de los años 40 en el devenir del ‘Broadway barcelonés’. Y destaca su amistad con uno de los grandes actores de la escena catalana, Joan Capri.

También relata la ingratitud que recibió por parte de uno de los cómicos más importantes de la historia del cine español, Tony Leblanc, que rehusó contactar con Alady en una etapa de crisis profesional a pesar que su primer éxito profesional se lo debía a su generosidad.

Alady destaca, según relata Badenas, como un artista total. Tenía una voz de tenor, era un buen bailarín, contaba con una notable capacidad de improvisación y tenía una dicción perfecta tanto en catalán como en castellano. Se introdujo como adolescente en el circuito de espectáculos barcelonés.

El autor no evita ninguna cuestión sobre Alady, y se adentra en el siempre espinoso tema de la sexualidad de este gran artista. Badenas desmiente su teórica homosexualidad y relata algunas de sus amantes y aventuras, así como el debate moral que Saldaña mantenía consigo mismo sobre su apetito carnal y su querencia por lo familiar: “La debilidad por la carne era una cosa, pero la familia era lo principal. Seguro que era un contrasentido –una doble moral-, pero él lo llevó, a su manera, muy dignamente porque siempre lo ocultó o al menos así procuraba hacerlo”.

La fama de Alady traspasó las fronteras del Paralelo. De hecho, desde los primeros años de su carrera profesional participó en giras por toda España, pues no se marcó limitó como artista. Y triunfó en los escenarios madrileños. Su versatilidad era tal que a veces, según el autor, costaba definirle, por lo que a menudo se le anunciaba como “comediante grotesco” y él mismo se bautizó como “El ganso del hongo”. Su vis humorística se fue imponiendo poco a poco y fue junto con Mary Santpere el cómico más importante en la edad de oro del Paralelo.

La de Santpere no es la única presencia importante en este hilado fino que Badenas hace sobre la vida de Alady y la historia del ‘Broadway barcelonés’. Uno de los mejores amigos de Saldaña era el mítico Torreski, la primera gran figura de la radiodifusión catalana desde los micrófonos de Radio Barcelona. El estudio principal de esta emisora sigue llevando su nombre. También destaca al cómico Luis Esteso y Oh, Gran Gilbert! y al payaso Ramper, entre otros, aunque de Gilbert da una visión crítica.

Este libro, como si fuera un fino trabajo de patchwork, ofrece la vida del cómico, con retazos de la historia del Paralelo y del Barrio chino barcelonés, de personajes de la escena y de críticos de prestigio, como Sebastià Gasch, que según Badenas admiraba la labor de Alady y le dedicó numerosos “elogios” en “las innumerables publicaciones en las que colaboró durante muchos años” como “Mirador”.

El autor no rehúye ni la Guerra Civil, y cómo a pesar de definirse como apolítico Alady tuvo ciertos roces con los anarquistas, que pudo ir sorteando gracias a ir de cara y no esconderse. También como siguió su carrera sin problemas tras el final de la contienda. En los ambientes madrileños hizo amistad con dos grandes personajes de la época, el cantante de copla Miguel de Molina y el autor teatral Jacinto Benavente.

Su muerte temprana a los 65 años, en 1968, evitó que Alady viviera la decadencia de su querido Paralelo, ese ‘Broadway’ a la catalana que tanto quiso y que Badenas reivindica durante toda la obra. Sin duda alguna, un libro ameno y riguroso digno de figurar en la biblioteca de los estudiosos de la Barcelona del siglo XX.

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